Dos líderes de la comunidad gay, asesinados en Bangladesh

Es el primer ataque con víctimas mortales contra el colectivo homosexual en el país

Revista 5W

Crónicas de larga distancia
25 de Abril de 2016

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Dos activistas defensores de los derechos de la comunidad homosexual de Bangladesh han sido asesinados a machetazos en la casa de uno de ellos en Dacca, aparentemente por radicales islamistas. Es el último de una serie de atentados selectivos con patrón similar contra más de una quincena de pensadores laicos, ciudadanos extranjeros y representantes de minorías religiosas desde 2015.

Algunos de estos ataques han sido reivindicados por Estado Islámico y la rama de Al Qaeda en el subcontinente indio, aunque las autoridades los han atribuido a organizaciones extremistas locales.

El ataque contra los activistas homosexuales sucedió a última hora de la tarde del lunes. Varios agresores entraron en el edificio, acuchillaron al guardia de seguridad tras hacerse pasar por funcionarios de correos y después accedieron al primer piso, donde se encontraba la vivienda.

Se trata del primer ataque con víctimas mortales contra la comunidad gay del país, cuyos miembros estaban amenazados de muerte desde hacía tiempo. Revista 5W lo contó en un reportaje reciente en el cual aparecían las dos personas asesinadas hoy. En el texto, se usaron pseudónimos y no se mostró su identidad por motivos de seguridad.

Tonoi, a la izquierda, y Xulhaz, en el centro. Igor G. Barbero

Jehangir se llamaba en realidad Xulhaz, y Tahir, Tonoi. Tenían unos cuarenta y veinte años. Xulhaz trabajaba para USAID y antes había trabajado como oficial de protocolo de la embajada de EEUU. Tonoi había hecho sus pinitos en el mundillo de la interpretación y estudiaba en la Universidad. Ambos estaban en el comité ejecutivo de Roopbaan, la primera revista del colectivo de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT) de Bangladesh. Roopbaan, mucho más que una simple revista, nació en 2014 con el objetivo de reivindicar la identidad de la comunidad LGBT en un país donde ser homosexual está castigado por el código penal hasta con la cadena perpetua y donde la religión mayoritaria, el islam, lo considera pecado.

En 2014 y 2015, Roopbaan organizó unos improvisados desfiles del arcoíris con motivo del año nuevo bengalí, que tiene lugar a mediados de abril. Este año también lo tenían previsto e incluso anunciaron el evento en Facebook con semanas de antelación. El día antes, la Policía les denegó el permiso después de que su página en esa red social se llenara de mensajes con amenazas de muerte. La comunidad gay dejó sus estandartes con flores de papel con los colores del arcoíris en un garaje, pero cuatro miembros del colectivo desfilaron con el pasacalles general de año nuevo portando trajes y adornos de diferentes tonalidades y fueron arrestados por las fuerzas de seguridad con el pretexto de que sus actividades eran sospechosas. Pasaron más de diez horas en comisaría con el apoyo permanente de Xulhaz y Tonoi, hasta que fueron liberados sin cargos.

Tonoi abogaba desde hace tiempo por que el colectivo homosexual se dejara ver más. Xulhaz era algo más cauto. Sabía que cuando se apretaba el acelerador, eso molestaba al Gobierno y a aquellos que estaban deseando quitárselos de encima. Sin embargo, estaba abatido después del arresto de los cuatro activistas homosexuales por el mero hecho de desfilar. Sentía que casi nadie, ni siquiera desde otros sectores del colectivo LGBT, les había apoyado en ese momento. “Mucha gente de la comunidad piensa que armamos mucho revuelo. Son partidarios de tener un perfil bajo para no llamar la atención”, lamentó.

Xulhaz y Tonoi eran una voz tímida que se ha apagado. Es difícil pensar que los responsables puedan ser arrestados: todavía se esperan acciones contundentes en relación con los atentados anteriores. El día de las detenciones por la manifestación, decepcionado con la actitud de las autoridades y el paso atrás que se estaba dando tras unos años conquistando pequeños espacios de libertad tolerada, Tonoi me dijo: “No tengo miedo a la muerte, pero sé que mi muerte no suscitará grandes lamentos. Nada cambiará”.

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