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África
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Benín, el mercado de los niños

En el epicentro de la trata de menores de África Occidental
Zona África

Benín, el mercado de los niños

En el epicentro de la trata de menores de África Occidental

Trinidad Deiros

Periodista en África

Eduardo Soteras Jalil

Fotoperiodista

What

La trata de mujeres y niños es un floreciente negocio en África Occidental, donde, según Unicef, unos 200.000 menores podrían haber caído en el entramado de redes que compran y trafican con seres humanos entre Gabón, Benín, Togo, Burkina Faso y Nigeria. Esas mafias se mueven sin muchas trabas policiales a través de las fronteras de esos países, en taxis en los que transportan a niños robados a sus familias con la promesa de darles una educación, o vendidos por unos padres ahogados por la miseria.

Un país ocupa un lugar central en este comercio: Benín, el pequeño Estado africano en el que es posible comprar un niño a partir de 30 euros y que no solo recibe menores traficados de otros países, sino en el que también se explota y se exporta a sus propios niños como mano de obra barata. Convertidos en esclavos domésticos, vendedores ambulantes en el mayor mercado de África Occidental —el de Dankopta, en Cotonú—  o enviados a Nigeria para picar piedra en canteras, algunos de estos niños llegan a olvidar su lengua y cultura de origen; quiénes son y de dónde vienen. La trata les priva así incluso de su identidad.

Esta cobertura tiene un presupuesto de 6.693 euros.

WHO

Trinidad Deiros Bronte es una periodista freelance especializada en información internacional. Durante más de siete años fue corresponsal para el norte de África, con sede en Marruecos, para la Cadena Cope, la Agencia Efe y el diario El Mundo. En 2007 volvió a España para integrarse en la sección de internacional del desaparecido diario Público. Desde 2014, vive y trabaja en África Subsahariana: primero en la República Centroafricana y ahora en la República Democrática del Congo.

Eduardo Soteras Jalil nació en Córdoba, Argentina, en 1975. Fue dirigente estudiantil, contador público, docente universitario, postulante en finanzas en Naciones Unidas, vagabundo, contrabandista cubano, mozo, ayudante de albañil, pintor de brocha gorda, marinero sahariano, restaurador de muebles y artesano. En ese orden. Ahora es fotógrafo y actualmente vive en la República Democrática del Congo.

WHEN

Benín es un país citado a menudo por instituciones internacionales como Naciones Unidas como un modelo en el contexto de África Subsahariana gracias a un “funcionamiento relativamente satisfactorio” de la democracia desde 1990 y a una transición sin derramamiento de sangre. Sin embargo, el espejismo de este “país modelo” se ve disipado en parte por la persistencia de altos niveles de corrupción, nepotismo y, sobre todo, por el enorme desafío que representan la pobreza y las desigualdades, fenómenos que tienen mucho que ver con el tráfico de niños y la vulnerabilidad de las familias y de muchos menores que son presa fácil para las redes de trata infantil. En 2015, el 63,5% de la población estaba sumido en la pobreza extrema, mientras que los altos índice de crecimiento de la economía beninesa (6,5% aquel año) no han beneficiado a los más desfavorecidos de este pequeño Estado africano.

WHERE

 

Queremos visitar el mercado de Dankotpa, en la ciudad de Cotonou, donde las organizaciones humanitarias calculan que unos 14.000 niños trabajan en condiciones similares a la esclavitud, y recoger testimonios de niños traficados en esa ciudad. También nos gustaría viajar a la cercana frontera con Nigeria, coladero de niños destinados a trabajar en condiciones atroces en las canteras de ese país.

WHY

Benín no es solo un país en el que se trafica con niños, sino una auténtica plataforma de exportación, tránsito e importación de menores para unas redes de trata que actúan en toda África Occidental y que roban su infancia a cientos de miles de menores africanos. Estos niños terminan trabajando como esclavos no solo en las canteras o como criados, sino en los campos de algodón, en la construcción o en las minas, tareas que la Organización Mundial del Trabajo incluye en las llamadas “peores formas de trabajo infantil”. Muchos de ellos, sobre todo las niñas, son además sometidos a explotación sexual. Esta cobertura es necesaria para crear conciencia y ejercer el deber de denuncia que tenemos los periodistas sobre cómo, en un lugar no tan lejano, los derechos de la infancia se violan de forma atroz y los niños se ven convertidos en una mercancía destinada a convertirlos en mano de obra barata o incluso esclava.

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Este pequeño país africano es el lugar de origen de niños destinados a convertirse en esclavos domésticos o a picar piedra en las canteras de Nigeria.
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América
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El aceite de palma y la Amazonía

De cómo la industria del aceite de palma está matando millones de árboles en la Amazonía.
Zona América

El aceite de palma y la Amazonía

De cómo la industria del aceite de palma está matando millones de árboles en la Amazonía.

Joseph Zárate

Cronista

Omar Lucas

Fotógrafo

What

Después del aceite de soja, el aceite de palma es el más usado en el mundo. Sirve para fabricar biodiesel (el combustible en teoría menos agresivo con el medio ambiente), pero sobre todo como ingrediente en productos con los que solemos llenar nuestros carritos del supermercado: aceite vegetal, helados, natillas, salsas, margarinas, galletas, bollería, pizza, sopas, chocolates, confitería en general, aperitivos dulces y salados, palitos de pan y demás. Podríamos decir que, respecto a los alimentos procesados, el aceite de palma tiene el don de la ubicuidad.

La expansión de la palma aceitera es un fenómeno mundial. Hay quienes le llaman "oro verde". El problema es que su cultivo sigue una paradoja: por un lado crea empleos e inyecta dinero en los Estados; y, por el otro, provoca la desposesión de comunidades enteras y la muerte de millones de árboles y ecosistemas. La demanda global por el aceite de palma aumenta y las tierras disponibles en el sudeste asiático —zona tradicional para este cultivo— escasean. En Malasia, el segundo productor de aceite de palma del mundo, la disponibilidad de tierras terminaría el 2020 debido a las “plantaciones agresivas” que hay en su territorio. Esto hace que los grandes productores busquen agresivamente nuevas zonas. Perú es una de ellas.

Esta cobertura tiene un presupuesto 7.820 euros.

WHO

Joseph Zárate es periodista y editor. Fue subeditor de las revistas Etiqueta Negra y Etiqueta Verde. Recibió el Premio Ortega y Gasset 2016 a Mejor Historia o Investigación Periodística. Ha publicado crónicas y perfiles para revistas y medios como The New York Times en Español, Ballena Blanca (España), Mundo Dinners (Ecuador), Buensalvaje (Colombia), Internazionale (Italia), y en portales de periodismo como Ojo Público, Convoca, Gkillcity (Ecuador), Pointzine (Chile), International Boulevard y Univisión (Estados Unidos).

Omar Lucas es un fotógrafo documental que trabaja en proyectos a largo plazo en su país natal, Perú, donde explora temas como los derechos humanos, el medio ambiente y la identidad. Ha publicado en la revista Somos, El Comercio, BBC, El País, Vice, California Sunday Magazine y Etiqueta Verde, entre otros.

When

Después de Brasil, Perú es el segundo país con mayor cobertura forestal en América Latina: casi dos tercios de su superficie están cubiertos de bosques. En medio de este patrimonio natural, se han levantado proyectos de producción de palma aceitera por parte de inversionistas extranjeros interesados en producir esta planta a gran escala para exportarla a países como Holanda, Brasil, Chile y España. Hoy más de 150.000 hectáreas de bosques primarios de la Amazonia peruana están en peligro ante el aumento de plantaciones de palma aceitera. 

Where

 

El objetivo es seguir el rastro de la producción de aceite de palma en todos sus niveles: desde un bosque de Ucayali, cerca de la frontera con Brasil, donde se cultiva, pasando por los intermediarios, la procesadoras, los exportadores, hasta la góndola del supermercado.

Why

Queremos contar esta historia para revelar el impacto que tienen nuestras decisiones como consumidores en la vida de los demás, sobre todo de las poblaciones vulnerables. El aceite de palma permite que el negocio de la comida procesada exista; sin embargo, debido a sus pocas barreras para la adjudicación de tierras, mano de obra barata y facilidades legales a los inversionistas, hay comunidades nativas que están pagando el precio del supuesto “desarrollo” que ofrece esta industria. Un negocio que, en realidad, está llenando los bolsillos de unas cuantas empresas y mafias. 

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Con el aceite de palma se fabrican todos los alimentos procesados que compramos en el súper. Queremos investigar cómo las comunidades y los árboles están pagando el precio del supuesto desarrollo.
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Asia
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Hijos del genocidio

¿Qué pasa con los niños rohinyás que nacen en el exilio de Bangladesh?
Zona Asia

Hijos del genocidio

¿Qué pasa con los niños rohinyás que nacen en el exilio de Bangladesh?

Mónica G. Prieto

En Asia

Olmo Calvo

Fotoperiodista

What

Las oenegés estiman que unos 50.000 bebés rohinyás nacerán este año en los abigarrados campos de refugiados en Bangladesh, sumándose a un ejército de niños expuestos a los abusos, a la trata, al trabajo infantil y a los matrimonios forzosos. Nuestra intención es explicar los múltiples escenarios a los que se enfrenta toda una generación perdida, víctima del trauma mental y expuesta a la radicalización religiosa.

El presupuesto de esta cobertura es de 6.325 euros.

WHO

Mónica G. Prieto es reportera internacional desde hace más de dos décadas, en las que se ha especializado en la denuncia de abusos contra Derechos Humanos en zonas de guerra. Excorresponsal en Roma, Moscú, Jerusalén, Beirut y Bangkok, gran parte de su actividad profesional se produjo en Oriente Próximo (2002-2014), donde tuvo oportunidad de cubrir de forma profusa la invasión de Irak, el apartheid palestino y las revoluciones árabes. De su experiencia salieron dos libros: Irak, la semilla del odio, y Siria, el país de las almas rotas. Desde 2014 es corresponsal en Asia, actualmente basada en Shanghái. Premio Internacional de Periodismo Dario D'Angelo 2005, Premio José María Porquet de Periodismo Digital 2011, Premio José Couso de Libertad de Prensa 2013, Premio Internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado 2016 y Premio Cirilo Rodríguez de Corresponsales en 2017.

Olmo Calvo es uno de los fotógrafos españoles más sensibles a  la hora de retratar las tragedias, obteniendo una visión casi artística de las situaciones más desgarradoras. Desde el año 2005 ha realizado reportajes en diferentes países de América Latina, Europa, Oriente Próximo y África relacionados con los derechos humanos. Durante los últimos años ha documentado la crisis económica y social en España y la tragedia de los refugiados en su camino hacia Europa. Algunas de sus trabajos han sido reconocidos con diversos premios a lo largo de los años: Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, Premio Internacional de Periodismo ABC, Pictures of the Year, Pictures of the Year Latam, Premio Nacional de Fotoperiodismo de la ANIGP.

WHEN

Tras seis meses de limpieza étnica y crímenes que, según la ONU, podrían incurrir en genocidio, el Ejército  birmano ha logrado expulsar a más del 80% de la comunidad rohinyá, una minoría musulmana repudiada en el país asiático. Más de la mitad de los 700.000 expulsados son menores de edad. Muchos de ellos llegaron solos al exilio, tras el asesinato de sus padres o después de perderse durante la huida, lo que les expone a todo tipo de abusos.

WHERE

 

En un contexto tan insalubre que resurgen enfermedades desaparecidas como la difteria, las oenegés estiman que unos 50.000 bebés rohinyás nacerán este año en los abigarrados campos de refugiados, sumándose a un ejército de niños expuestos a los abusos, a la trata, al trabajo infantil y a los matrimonios forzosos. Nuestra intención es explicar los múltiples escenarios a los que se enfrenta toda una generación perdida, víctima del trauma mental y expuesta a la radicalización religiosa.

WHY

El éxodo de rohinyás a Bangladesh es uno de los grandes movimientos de población del siglo XXI. Aunque el conflicto hunde sus raíces mucho más atrás, desde septiembre de 2017 centenares de miles de rohinyás llegaron a Bangladesh huyendo de los ataques del Ejército de Birmania. Una nueva generación nace ahora en el exilio, y su historia debe ser contada.

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Unos 50.000 bebés rohinyás verán la luz en Bangladesh este año, sin nacionalidad ni hogar, tras la limpieza étnica padecida por sus padres. Se sumarán a los casi 300.000 menores de edad refugiados, carne de la trata y del extremismo.
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Europa
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Resistencia

Viaje a la Europa que se opone al avance de la ultraderecha
Zona Europa

Resistencia

Viaje a la Europa que se opone al avance de la ultraderecha

Mariangela Paone

Reportera

Manu Brabo

Fotoperiodista

What

El periodista italiano Indro Montanelli dijo un día que “el mejor antídoto contra Berlusconi era él mismo”. Venía a decir que un poco de Berlusconi haría Italia inmune. No fue así y el berlusconismo duró veinte años, alargando su sombra más allá del control real del Gobierno, tras haber obrado una profunda mutación del tejido social italiano, desgastado y carcomido por un individualismo paternalista. Es ingenuo desdramatizar el auge de la ultraderecha: los efectos del regreso del nacionalismo más rancio, xenófobo y radical dejará profunda huellas en Europa.

Resistencia es la historia de quienes defienden a diario los valores de una Europa que durante mucho tiempo se creyó inmune y donde el ‘nunca más’ ya no es suficiente para alejar viejos fantasmas. Historias de personas normales, que solo una coyuntura alocada convierte en héroes involuntarios por no rendirse ante la normalización de la avanzada ultraderechista.

El presupuesto de esta cobertura es de 7.475 euros.

WHO

Mariangela Paone (Roma, 1980) es reportera. Empezó su carrera en Italia, donde trabajó para varios medios y se especializó en información internacional. Se mudó a España en 2008 y trabajó hasta 2015 en El País. Entre 2015 y 2016 fue reportera y enviada especial para El Español. Desde octubre de 2017 colabora con el programa Hoy por Hoy de la Cadena Ser. Es autora del libro-reportaje Las cuatro estaciones de Atenas (2014). Es profesora de redacción y reporterismo en la Escuela de periodismo UAM/El País, de la que también fue alumna.

Manu Brabo (Gijón, 1981) es fotoperiodista freelance. Desde 2007 ha cubierto conflictos sociales y guerras en países como Haití, Honduras, Kosovo, Libia, Egipto, Siria o Ucrania, entre otros. Durante los últimos años ha colaborado con agencias de noticias como EPA y AP, y sus historias han sido publicadas en las revistas y los periódicos más prestigiosos y han recibido varios premios, entre ellos el Pulitzer en 2013 por la cobertura para Associated Press de la guerra civil en Siria.

WHEN

Cuando el partido ultra FPO entró en 2000 en el Gobierno de Austria, Europa respondió con sanciones. Cuando el pasado diciembre el FPO volvió a entrar en el Gobierno y se hizo con ministerios tan importantes como Interior o Defensa, desde Bruselas se destacó el "compromiso europeísta" del nuevo Ejecutivo.

Cuando en lo peor de la crisis la formación neonazi griega Amanecer Dorado se convirtió en el tercer partido en el Parlamento, pasando del 0,5% de votos obtenidos en las elecciones europeas de 2009 a ganar 18 diputados en 2012, parecía una excepción. Ya no lo es.

Cuando en Holanda el conservador Mark Rutte ganó las elecciones el año pasado, se celebró que su victoria alejaba del poder al ultraderechista Geert Wilders. Pero Wilders quedó segundo y Rutte hizo campaña asimilando parte del discurso de su rival.

Son solo tres de los muchos síntomas de lo que ha ocurrido en los últimos años: la normalización de partidos que ponen en discusión los valores de la convivencia en una Europa desorientada.

WHERE

Queremos viajar a Grecia, donde desde hace casi cinco años la familia y los amigos de Pavlos Fyssas, el rapero asesinado por un militante de Amanecer Dorado, buscan justicia; a Suecia, donde Tess Asplund se plantó, puño en alto, ante una marcha de unos 300 ultraderechistas en Borlange, en el norte del país, y donde desde hace años una organización ayuda a jóvenes a salir de los grupos neofascistas; o a Alemania, donde también opera esta organización, y donde hay quienes, ante la llegada de refugiados, han decidido abrir sus casas…

WHY

Queremos contar el auge de la ultraderecha desde la perspectiva de los que resisten; investigar las razones profundas del despertar del alma más negra de Europa, pero desde la perspectiva de los antagonistas, porque creemos que dejar el protagonismo a los ultras es ya concederles una ventaja. No se trata de hacer alarmismo: se trata de buscar los anticuerpos que existen en la sociedad europea.

Estadísticas Cobertura
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Buscamos contar la historia de los que defienden los valores de una Europa que durante demasiado tiempo se creyó inmune a la xenofobia.
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Oriente Medio
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Siria después de Estado Islámico

Vuelta a la vida en los barrios muertos de Siria
Zona Oriente Medio

Siria después de Estado Islámico

Vuelta a la vida en los barrios muertos de Siria

Mikel Ayestaran

Cubriendo conflictos

Guillem Trius

Fotoperiodista

What

La guerra en Siria tiene diferentes actores mundiales y regionales, pero las mismas víctimas: los civiles. En nombre de “la guerra contra el terror” se han arrasado partes enteras de ciudades como Alepo, Homs, Deir Ezzor o Palmira. El conflicto que estalló en 2011 deja miles de muertos y millones de refugiados y desplazados. Cuando callan las armas, vuelve la vida. Una nueva vida en condiciones extremas en barrios machacados. A partir de las historias de quienes retornan, de las escuelas y comercios que reabren sus puertas, se puede intentar hacer el retrato de la vida en estos barrios muertos. Siria se ha convertido en una especie de parque temático del terror en el que el califato establecido por Estado Islámico llegó a ocupar la mitad del país, y son sus ruinas las que van a ser el eje central de esta cobertura.

Esta cobertura tiene un presupuesto de 6.900 euros.

WHO

Mikel Ayestaran (Beasain, 1975) es periodista freelance (www.mikelayestaran.com). Especializado en zonas de conflicto, desde 2006 ha trabajado en países como Líbano, Irak, Irán, Siria, Afganistán, Pakistán, Yemen, Egipto, Túnez, Libia, Georgia, Israel y los Territorios Palestinos combinando siempre prensa, televisión y radio. Tras ocho años de paracaidista, con la mochila a vueltas de movida en movida, en enero de 2015 situó su nuevo campo base en Jerusalén. Colabora de forma regular con los medios impresos del grupo Vocento y con la radio televisión pública vasca (EiTB). Autor de Oriente Medio, Oriente roto y Gaza, cuna de mártires.

Guillem Trius es fotoperiodista. Ha trabajado en países como Etiopía, Senegal, Gambia, Grecia o Níger y ha publicado artículos y fotografías en medios internacionales. Es licenciado en Periodismo y tiene un máster en Fotografía Documental y en Fotoperiodismo por la London College of Communication.

WHEN

A finales de la primavera de 2013 Estado Islámico de Irak cruzó la frontera siria, extendió sus operaciones al país vecino y pasó a llamarse Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL o Daesh, por sus siglas en árabe). Su líder, Abu Bakr al Bagdadi, se enfrentó a Al Qaeda y acabó rompiendo sus lazos con este grupo para disputarle el primer puesto como “amenaza global”. EI creció hasta controlar la mitad de Siria, estableció su capital en Raqqa, pero como le ocurrió en Irak, poco a poco fue perdiendo terreno hasta que el califato colapsó en diciembre, incapaz de defender todos los frentes abiertos.

WHERE

 

En Siria no visitas lo que quieres, sino lo que puedes. Esta cobertura está planeada para viajar a las ciudades que formaban parte del califato y que han sido liberadas por el ejército sirio y sus fuerzas aliadas. Entraremos al país con visado del gobierno y para poder tener acceso a las ruinas del califato necesitaremos antes el permiso del ministerio de Defensa. La lista de lugares a visitar arranca en Yarmouk, el campo de refugiados palestinos al sur de Damasco, y nos llevará a Akerbat, Palmira, Qariaten o Deir Ezzor, en la frontera con Irak. No podremos ir a Raqqa o Kobane porque fueron liberadas por Estados Unidos y las fuerzas kurdas, y son zonas donde no hay presencia del Gobierno sirio.

Visitaremos también Guta oriental y Homs, zonas que no eran del califato, pero que también han quedado destrozadas por una guerra sin líneas rojas como la de Siria.

WHY

El califato es historia, pero las heridas que deja abiertas son muy importantes. La guerra contra Estado Islámico, en Siria e Irak, no ha tenido líneas rojas y zonas enteras han quedado arrasadas. El regreso de los civiles es complicado, a veces imposible. Este grupo entra y sale de las agendas informativas cuando golpea en Occidente, pero en Siria ha gobernado y sus víctimas se enfrentan ahora a una posguerra muy dura. Daremos atención especial a los niños y al efecto que las ideas del califato han podido tener en su formación.

Estadísticas Cobertura
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¿Qué queda en las ciudades sirias que antes estaban bajo control de Estado Islámico?
Este proyecto ha sido realizado con el apoyo del Digital News Innovation Fund.