Un extracto gratuito de ‘Exilio y palabra’

Un vistazo a las historias de Khadija Amin y Andrea Aldana

Un extracto gratuito de ‘Exilio y palabra’
Ilustración de Cinta Fosch

Hace unos días publicamos Exilio y palabra, nuestro nuevo número de la colección Voces. Un libro cortito, pero en el que sus protagonistas cuentan mucho. Ha sido un libro que nos ha encantado hacer. También una oportunidad para conocer un poco más de cerca a dos mujeres cuyas voces queríamos compartir: Khadija Amin y Andrea Aldana.  

Te dejamos aquí un extracto de lo que puedes encontrar en estas 146 páginas, un extracto para asomarte a sus vidas y a su exilio. 

Si quieres seguir leyendo, puedes conseguir tu ejemplar de Exilio y palabra: 

  • Hazte socio. Recibirás el libro en casa pronto, disfrutarás de todo nuestro contenido digital y recibirás nuestra revista anual en primavera. 
  • Compra tu ejemplar en nuestra tienda. 

***

A.: ¿Cómo y cuándo saliste de tu país?

K.: Los talibanes volvieron al poder el 15 de agosto de 2021 y yo salí de Afganistán el 22 de agosto, una semana después. Recuerdo que Canadá había anunciado un mes antes que iba a conceder asilo a unos 2.000 activistas y periodistas. Aquella información llegó a algunos de nosotros: podíamos solicitar asilo para ir a Canadá.

A: ¿Tú ya tenías problemas allá?

K.: Sí. Yo trabajaba como periodista en la televisión pública de Afganistán, la RTA. Tuve muchos problemas a causa de mi profesión: no es fácil hacer periodismo allí e informar, por ejemplo, sobre atentados. Recuerdo una ocasión en la que un grupo de periodistas cubría las consecuencias de un atentado cuando allí mismo estalló otra bomba. Muchos murieron o resultaron heridos. Era mi vida cotidiana. No sabía si iba a volver viva de una cobertura o no. Algunas amigas activistas fueron asesinadas. Por eso se había creado un grupo de WhatsApp en el que se planteaba escribir a Canadá para salir de Afganistán. A mí también me incluyeron en este grupo, y yo dije: “Pero si nos vamos todas, ¿quién se va a quedar aquí?”. Habíamos estudiado y trabajado durante años. Dije en el grupo que no quería irme. Me contestaron que podía salir del grupo, que ellas iban a seguir adelante con su petición. Ahora todas están en Canadá. Casi un mes después, yo también tuve que salir de Afganistán… Nunca imaginé que tendría que dejar mi país. Pero cuando ves que ya no tienes otra opción para sobrevivir, tienes que salir. Me fui con una bandera de Afganistán. Nada más.

A.: ¿No pudiste tomar más cosas?

K.: Fue una decisión que tomé en segundos. No tuve tiempo para pensar bien si debía quedarme o salir. En aquel momento solo pensaba en salir para sobrevivir y no se me ocurrió nada más que llevarme la bandera. La colgué en una pared de mi casa, y con ella me da la sensación de tener cerca mi país. Por eso la cogí. No fue fácil, al salir no sabía cuándo iba a volver, o si iba a volver. Había recibido amenazas de asesinato, pero seguía trabajando. Mi profesión era importante para mí. Y, de repente, se acabó todo.

A.: Fíjate que tú cogiste la bandera de Afganistán. Yo, en los cinco años que llevo acá, desde 2021, nunca he sido capaz de comprar una bandera de Colombia. Porque para mí es como aceptar el destierro. Yo tengo en la cabeza que voy a volver, que en cualquier momento voy a volver. No quiero tener nada que signifique una despedida de Colombia. Mi estado mental es que esto es temporal. Llevo cinco años, pero es temporal. Es como que la maleta todavía está empacada en la cabeza, la del viaje. Aunque sé que estoy en el exilio, no me he hecho a la idea del exilio. Es como un destierro permanente, y por eso no genero

apego con nada. No sé cómo explicar la sensación: es como una ausencia, y no soy capaz de tener cosas, como una bandera de Colombia, que signifiquen que ya no estoy en mi país.

K.: ¿Tú cuándo te fuiste, y por qué?

A.: Uf, porque ya no podía acumular más amenazas. Yo también salí en 2021. A mí me sacó RSF. Mi gran amenaza eran el Ejército y la Fiscalía, porque había denunciado los vínculos del narcotráfico con la Fiscalía. A mí me sentaron con el sicario: tenía fuentes en la policía judicial de la Fiscalía, y un policía judicial me llevó a un sicario, que me dijo que habían dado la orden de silenciarme. Silenciarte es callarte: era el mismo sicario diciéndome que me iban a matar. Estaba investigando al Ejército, que vendía armas a la mafia, a los narcotraficantes y a la guerrilla. Entonces me empecé a meter con la Fiscalía, me empecé a meter con el Ejército. A meter no, a hacer mi trabajo. Y me amenazaron. 

[Silencio].

A.: RSF me sacó dos veces. Me querían meter en la cárcel y hacerme pasar como guerrillera. Entonces me pusieron en contacto con RSF y salí el 10 de enero de 2021. Pero me pasó lo que a ti: no me hacía a la idea del exilio, era muy duro. De repente es dejarlo todo y empezar de cero. Así que me volví a mi país. Y entonces ocurrió un estallido social en Colombia donde la policía empezó a matar gente, y en el equipo de investigación con el que trabajaba encontramos las pruebas de que la policía estaba matando gente, entonces ya se me sumó la amenaza de la Policía. Ya era Ejército, Fiscalía, Policía… Tenía a todo el mundo detrás. Recuerdo que me llamaron Alfonso Armada y Edith Rodríguez Cachera [de RSF] y me regañaron, me dijeron que estaba en horas extras, que estaban a punto de matarme, que si estaba viva era de milagro. En aquel momento habían matado a un amigo español, David Beriain [asesinado en Burkina Faso mientras rodaba un documental], y yo entro en un shock postraumático. Por salud mental y por seguridad me sacan. Llegué un mes antes que tú. Lo recuerdo porque Edith me llamó y me dijo que había llegado una periodista de Afganistán, que si yo la podía ayudar con el español. Y yo le dije que no podía, porque estaba a punto de quitarme la vida en mi casa…

K.: Es duro salir de tu país. ¿Cómo está tu familia?

A.: Bien, pero tengo mucho tiempo sin verlos, cinco años.

K.: ¿No estás en contacto con ellos?

A.: Por teléfono. Mi mamá es muy importante para mí. Tengo cinco años sin verla.

K.: Nos hemos quedado como en tierra de nadie, ¿no? No podemos volver a nuestro país, porque es peligroso. Y si te quedas aquí, eres una refugiada. A veces tengo la sensación de que esto no cambiará nunca.

***

Dos voces. Dos exilio. Un libro necesario. 

Hazte socio/a y consigue los números anteriores a mitad de precio.

Otra forma de ver el mundo es posible. Si te haces ahora socio/a, tendrás acceso ilimitado a la web, y recibirás cada año nuestra revista en papel con más de 250 páginas y un libro de la colección Voces.

Suscríbete ahora
Ir al principio