—¡El centro ya está lleno, no puede entrar nadie más!
A gritos, un agente informa a centenares de migrantes de que hoy no será el día que esperaban. Ya hace días que se rumoreaba que el traslado de los migrantes que malvivían en la playa del Trampolín y en la playa Benítez era inminente. Se produjo este viernes 18 de septiembre: 1.700 personas fueron reubicadas en un centro de acogida en el puerto de Ceuta. Pero, en medio del caos, centenares de ellas se quedaron fuera por muy poco, pese a haber hecho cola durante horas.
Los días previos al traslado hablan de la descoordinación y la incertidumbre que no solo sufre Ceuta, sino los miles de migrantes que cada día intentan adaptarse a una nueva realidad.
Antes del traslado
Cada día, Mohamed se despierta a las cuatro y media de la mañana. Deja su tienda de campaña en la playa del Trampolín para dirigirse hasta el puerto de Ceuta, donde están levantando el nuevo campamento. Corren rumores sobre este nuevo centro y un eventual traslado, pero aún no se sabe cuándo se hará.
Ha dormido poco. Siempre con miedo de que le roben o de que pase algo. Aun así cada pocos días se levanta antes del amanecer para dirigirse al nuevo centro con la esperanza de ser de los primeros.
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