A inicios de agosto de 2026, Donald Trump sonrió desde el estrado en un mitin MAGA de Las Vegas. ¿Venezuela? Le hemos sacado millones de barriles de su petróleo, se ufanó. “Cientos de millones”, siguió. “Como en los viejos tiempos, al vencedor le pertenecen los despojos, ¿verdad?”.
No es la primera vez que Trump se vanagloria de su brutalidad. En 2025, ya había dicho que Estados Unidos tomaría el control de Gaza, nivelaría la tierra bombardeada y crearía “una Riviera”. “Seremos su dueño”, dijo, y puso incómodo hasta a Benjamin Netanyahu, que lo acompañaba ante la prensa en la Casa Blanca. Prometió acabar con “toda una civilización” de la noche a la mañana bombardeando Irán. Aun con resistencias en su propio partido, dijo que asumiría el control de Groenlandia por las buenas o enviando tropas. Y que “luego sigue Cuba”.