Diego Ibarra Sánchez

Atentado en Afganistán: la guerra que no se oye

El ataque de un camión bomba en Kabul deja 150 muertos y recuerda que el conflicto afgano sigue pese a la retirada de las tropas internacionales

Agus Morales

A la fuga

Mikel Ayestaran

Cubriendo conflictos
31 de Mayo de 2017

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* Actualizado el 6 de junio



Al menos 150 personas murieron por la explosión de un camión bomba en el corazón diplomático de Kabul. Es uno de los peores atentados en Afganistán en los últimos años (el verano pasado, Estado Islámico mató a 80 personas en una manifestación hazara) y un recordatorio de que, pese a la retirada del grueso de las tropas internacionales hace más de dos años, la guerra afgana no solo continúa, sino que cada vez mata a más civiles.

WHO

El portavoz talibán que a menudo reivindica los atentados negó a la prensa que el movimiento integrista esté detrás de este ataque. En los últimos años, los talibanes y Estado Islámico, que está intentando ganar terreno e influencia en una región donde no tiene arraigo, han entrado en una competición por la hegemonía islamista en Afganistán, que sufre más de tres décadas ininterrumpidas de caos y guerra. En el pasado, Estado Islámico ha reivindicado otros atentados en el país centroasiático.

WHAT

Un camión cisterna repleto de explosivos estalló a la entrada de la Zona Verde, considerada una de las áreas más seguras de Kabul, a las 8.20 de la mañana (hora local). La enorme carga explosiva explica el estruendo y la escala de destrucción del atentado, que ha matado sobre todo a esa parte de la población que está pagando un precio más alto en esta guerra: los civiles. Solo el año pasado, los ataques y enfrentamientos armados acabaron con la vida de 3.498 civiles e hirieron a otros 7.920, según cifras de la ONU.

WHEN

El atentado llega en pleno mes de Ramadán, el mes sagrado del ayuno para los musulmanes. Este tipo de operaciones suicidas también tienen un halo sagrado para los yihadistas, por lo que las operaciones en este tiempo son doblemente sagradas desde el punto de vista de sus responsables, que las suelen intensificar. El ataque también se produce justo cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se está planteando volver a enviar más tropas a Afganistán, algo que ha pasado desapercibido en medio de las turbulencias de su mandato, de la más apremiante guerra de Siria y de las complejas relaciones con Rusia.

La mayor parte de las tropas internacionales —llegó a haber desplegados más de 150.000 militares— se retiró a finales de 2014, tal y como había prometido el anterior presidente norteamericano, Barack Obama. Desde entonces, los talibanes han ido ganando territorio y ya controlan, según algunas estimaciones, más del 40% del país. Estado Islámico concentra su presencia en el sureste afgano e intenta ganar la guerra de la propaganda reivindicando atentados. 

Estados Unidos mantiene a 8.400 hombres junto a 5.000 militares de los países aliados, cuya principal misión consiste en formar y asesorar a las Fuerzas Armadas afganas. El presidente Trump parece dispuesto a reforzar su presencia con 3.000 ó 5.000 hombres más, tal y como le solicitaron sus mandos militares. Este cambio de estrategia respecto a la era de Obama, que, como en Irak, apostó por la retirada de sus tropas y la cesión de la seguridad a las fuerzas locales, sería consecuencia de la revisión de la política en Afganistán llevada a cabo por el secretario de Defensa, James Mattis, que a finales de abril realizó un viaje sorpresa a Kabul. Además de incrementar la capacidad de preparar a las fuerzas afganas, principal objetivo de las tropas internacionales desde 2014, el Pentágono buscaría enviar a más efectivos de las fuerzas especiales para llevar a cabo operaciones antiterroristas selectivas, como la que recientemente realizó para acabar con uno de los cabecillas locales de Estado Islámico.

WHERE

La explosión se produjo a la entrada de la Zona Verde de Kabul, cerca de la embajada alemana y también sede del cuartel general de Naciones Unidas y del palacio presidencial. El modus operandi recuerda al de otros ataques que en el pasado ha reinvindicado Estado Islámico y que han golpeado con crudeza a la población civil, como el que sufrió la minoría hazara (chií) hace un año.

WHY

Quizá la última noticia sobre Afganistán que llegó a los hogares occidentales fue el lanzamiento de la llamada “madre de todas las bombas”; una noticia llena de fascinación tecnológica por el misil dirigido contra Estado Islámico y con poca atención a las consecuencias que tuvo sobre el terreno. Pero por el medio pasó algo que explica mucho mejor la situación de fragilidad absoluta en la que está sumida Afganistán: el asalto talibán a una base del Ejército afgano, que dejó más de 140 muertos. Un golpe a la moral de un país que sigue su particular descenso al caos.

El informe anual que la ONU lleva a cabo desde 2009 deja claro que la violencia contra los civiles no ha parado de aumentar: de los casi 6.000 muertos y heridos en 2009 se pasó a rozar los 11.500 en 2016.

 

Evolución de la violencia contra civiles en Afganistán | ONU

En el prólogo del número 2 de 5W, Las reglas del mundo, Javier Espinosa cita las palabras de un habitante de Beirut que soportó la guerra civil libanesa. “Lo peor de pasar una noche sometido a un terrible bombardeo no es el bombardeo, sino poner la BBC por la mañana y darte cuenta de que ni siquiera eres noticia, de que no existes”. Eso le pasa a Afganistán: sangra tanto o más que hace unos años, pero ya ni siquiera hay focos que alumbren su sufrimiento.

 

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