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¿La evolución lógica del califato?

Estado Islámico en Asia

Igor G. Barbero

Asia de cerca
17 de Septiembre de 2015

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Estado Islámico no ha nombrado todavía representantes oficiales en Asia y este continente, cuna tradicional de importantes movimientos yihadistas, no parece de momento una prioridad estratégica. Pero la presencia de grandes comunidades musulmanas y la inestabilidad crónica de algunos países, unidas a la atracción que despiertan los avances y la sofisticación del califato en Oriente Medio en secciones de las sociedades asiáticas, han hecho sonar las alarmas hace tiempo en gobiernos y observadores, que ven factible que los integristas de la bandera negra decidan en un futuro no lejano extender sus aspiraciones a esta parte del mundo.

Sería una evolución lógica pues en Asia se encuentran los cuatro países con mayor población musulmana del planeta (Indonesia, Pakistán, la India y Bangladesh), con más de 150 millones de seguidores de la fe de Mahoma cada uno, y el integrismo islamista está representado por decenas de grupos, algunos operativos desde hace décadas y con ambiciones que pueden sintonizar con el ideario de EI.

Varios expertos han comparado de hecho a EI con los talibanes afganos, que detentaron el poder con puño de hierro en Afganistán entre 1996 y 2001 tras una sangrienta guerra civil de la que salieron victoriosos. Antes de ello, algunos combatientes foráneos se unieron a los muyahidines que lucharon en Afganistán durante la década de 1980 para forzar la retirada de la Unión Soviética. El patrón se repitió cuando el régimen talibán fue derrocado con la invasión estadounidense tras los atentados del 11-S. Con las áreas tribales de Pakistán como retaguardia, miles de combatientes uzbecos, chechenos, paquistaníes y de diversos países árabes se sumaron a la yihad contra EEUU o engrosaron los cuadros de Al Qaeda, cuyo difunto líder Osama bin Laden fue protegido por los talibanes, eminentemente pastunes. Esa zona inhóspita, de áridos cañones y valles inaccesibles, fue considerada durante años el principal laboratorio del terrorismo internacional.

ESTADO ISLÁMICO EN AFGANISTÁN Y PAKISTÁN

Es precisamente en esta región de Afganistán y Pakistán, simplificada como AfPak por la diplomacia estadounidense a finales de la década pasada, donde EI se ha hecho notar especialmente en Asia, aunque más por el efecto llamada, pues no ha habido anuncios específicos del califa Abu Baker al Bagdadi. Antiguos talibanes han cambiado la bandera blanca del movimiento insurgente por la negra de EI y se han producido numerosas muestras de apoyo. Los simpatizantes de EI se han enzarzado en combates con los talibanes, que atraviesan un periodo de transición, con mucha disensión interna, tras el anuncio hace dos meses de la muerte de su icónico líder, el mulá Omar, y las sombras surgidas en torno a su sucesión.

Muchos analistas se muestran escépticos ante la envergadura real de estos apoyos a EI y creen que es complicado que un movimiento "árabe" y "foráneo" acabe asumiendo el liderazgo en una región no árabe donde varios grupos autóctonos están muy consolidados.

"El sectarismo de EI en Pakistán ya lo protagonizan organizaciones como Lashkar-e-Jhangvi (autora de sonadas matanzas de chiíes)", dice un analista del International Crisis Group bajo anonimato. Sin embargo, para el reputado escritor paquistaní Ahmed Rashid la decepción con la gestión de la muerte del mulá Omar, escondida durante dos años, y la capacidad de financiación de EI podrían hacer cambiar las cosas, sobre todo entre los segmentos más jóvenes, si es que el califato acaba nombrando un representante en la zona.

La India, en medio de estos movimientos tectónicos en el mundo musulmán, respira aún tranquila, pero no se fía de su volátil entorno y presta atención a las banderas negras que han aparecido sobre todo en la disputada región de Cachemira. Ante la pujanza en el universo yihadista de EI, Al Qaeda creó el año pasado una rama para el subcontinente indio, aunque desde entonces no ha habido muchas más noticias.

Preocupa la explotación que organizaciones yihadistas podrían hacer de colectivos vulnerables como la perseguida minoría musulmana rohinyá, a la que Birmania niega la ciudadanía y que cuenta con cientos de miles de refugiados sin estatuto en precarias condiciones en el sureste de Bangladesh. También están atentos en el Sureste Asiático. Cientos de simpatizantes de EI de Indonesia, Malasia y Filipinas han ido a combatir a Siria e Irak en los últimos meses y su vuelta del frente está considerada una amenaza.

El caldo de cultivo existe, pero de momento EI es poco más que una inspiración para los yihadistas de Asia.

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