Yahya Ahmed / AP

¿Quién paga por los muertos?

Una demanda presentada en Irak reabre el debate sobre las empresas que se enriquecen con la venta de armas químicas en Oriente Medio

Andrés Mourenza

En Grecia y Turquía
02 de Mayo de 2018

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Algunos dicen que olía a ajo, otros a huevos podridos, pero la mayoría coincide en que, aquel 16 de marzo de 1988, la muerte llegó a Halabja (Irak) con olor a manzanas frescas.

La mañana había empezado con un bombardeo ordinario: el Ejército atacaba la ciudad kurdo-iraquí como castigo al apoyo que los peshmerga, las milicias locales, prestaban al enemigo iraní, en guerra con Irak desde 1980. Los 80.000 habitantes de Halabja estaban acostumbrados a ello y, como llevaban haciendo desde hacía años, buscaron refugio en los sótanos y las partes más resguardadas de sus viviendas.

Pasado el mediodía, cuando el estruendo de las explosiones remitió, muchos salieron de sus guaridas a inspeccionar los desperfectos. Comenzaba entonces la segunda fase. Los sonidos cambiaron: el único ruido que hacían las bombas al caer era metálico, como si los proyectiles tuviesen algún desperfecto que les impidiese detonar. Fue en ese momento cuando, desde aquellas cápsulas, se extendió la muerte silenciosa.

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