Ricard G. Vilanova

Siria: Una herida de guerra entre Oriente Medio y Europa

La guerra entra en su sexto año con las delegaciones del régimen y de la oposición en Ginebra. Hablan y hablan, pero no hay diálogo posible.

Mikel Ayestaran

Cubriendo conflictos
15 de Marzo de 2016

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Hace tiempo que la guerra siria se decide en los despachos de Moscú, Teherán, Washington o Riad, y no en Damasco. Los sirios ponen los muertos (más de 250.000), la destrucción, los desplazados (más de 6 millones) y los refugiados (más de 4,5 millones).

Es una guerra opaca, un agujero negro informativo custodiado por órganos de propaganda de las diferentes partes en conflicto y envuelto por el desconocimiento general que rodea a este país y a su particular sistema político. “Nadie, ni los propio sirios, sabíamos lo que pasaba antes de 2011, ni sabemos lo que pasa desde entonces”, confiesa un periodista de Damasco que pide mantener el anonimato por razones de seguridad.

Después de cuatro años, los civiles regresan al barrio de Qadam, a las afueras de Damasco, gracias al acuerdo entre régimen y opositores armados. 2016.Mikel Ayestaran

Es imposible saber lo que ocurrirá mañana, sobre todo a partir de la retirada parcial de las tropas rusas, que desde septiembre han sido una pieza clave para el avance del Ejército. Cada vez que Bashar al Asad ha estado al borde del precipicio, Moscú ha acudido a rescatarle. Lo hizo en 2013, cuando Estados Unidos estaba a punto de lanzar una guerra a causa del empleo de las armas químicas, una línea roja marcada por el presidente Barack Obama, y lo volvió a hacer en septiembre de 2015, cuando el régimen perdió la provincia norteña de Idlib.

El Kremlin obligó a Asad a poner su arsenal químico en manos de la ONU y esto evitó el ataque estadounidense. Tras la caída de Idlib, Vladimir Putin ordenó el inicio de bombardeos para reforzar a las tropas de Asad y estas avanzaron hasta lograr cercar Alepo y asegurar toda la zona que controla el Gobierno. Unos movimientos en el campo de batalla que han reforzado su imagen de cara a la negociación.

Esta es la evolución, año a año, que ha experimentado Siria desde el inicio de la guerra.

2011: Levantamiento y entrada de prensa

Manifestación en Binnish, en el noroeste de Siria. Solo asistieron unas 1.000 personas; la del día anterior, con 6.000 participantes, había sido atacada. La población civil, asustada, abandonó la ciudad. Marzo de 2012.Ricard G. Vilanova

Analistas, expertos y todólogos fracasan una y otra vez a la hora de hablar de Siria. Echando la vista atrás, podemos repasar momentos claves como las dos intervenciones rusas para salvar a un presidente cuyos problemas serios empezaron en marzo de 2011.  Las calles de Siria se contagiaron de la Primavera Árabe, que recorrió también Túnez, Libia, Egipto, Baréin y Yemen. A partir de marzo, las protestas comenzaron a tomar las calles después de cada viernes de oración.

No había visados para prensa extranjera, el Gobierno cerró las puertas al mismo tiempo que sofocaba con brutalidad las concentraciones que se extendían por todo el país y de las que llegaban noticias a través de las redes sociales y de las informaciones que poco a poco empezaron a enviar los reporteros internacionales que optaron por cruzar la frontera de forma ilegal. En el lado del régimen la situación era la contraria y se produjo una política de cierre de puertas. Apenas se concedieron visados hasta pasado un año, cuando la Liga Árabe mandó su primera misión de observadores.

Todo iba muy rápido al comienzo y el colapso del régimen parecía cuestión de semanas

“La población siria se levantó contra la dictadura exigiendo democracia, el régimen respondió masacrándoles y Occidente ignoró su penuria; entonces llegó Al Qaeda”, escribía Javier Espinosa, entonces corresponsal del diario El Mundo en Beirut, tras su primera cobertura en la zona opositora en el norte del país. En un artículo publicado en Jot Down, Espinosa narraba cómo en el lugar en el que se encontraba “el retrato de Bashar al Asad había sido colocado en el baño a ras de suelo. Justo frente al agujero que utilizaban los rebeldes para defecar. ‘Así tendrá unas buenas vistas’, aseguró uno los alzados con un sentido del humor ciertamente escatológico”.

Se me quedó grabada la fotografía que colgó Espinosa en las redes sociales en noviembre de 2011 con Asad en la letrina, una imagen que recordaba a Libia, donde las alfombras y cuadros de Gadafi acabaron en las carreteras bajo las ruedas de los coches. Todo iba muy rápido al comienzo y el colapso del régimen parecía cuestión de semanas.

2012: Matanzas y avance opositor

Las dos Sirias comenzaban a dibujar sus fronteras con sangre y, además de las muertes en manifestaciones y de detenciones masivas, comenzaron las primeras denuncias de masacres como la de Houla, aldea de Homs en la que la oposición acusó a milicianos del régimen de matar a más de un centenar de civiles.

 

Después de cinco años de guerra y un importante número de bajas, el Ejército realiza una gran campaña para llamar a los jóvenes a filas. Damasco, 2016.Mikel Ayestaran

En verano de 2012, el Gobierno sufrió un doble golpe con el atentado contra la cúpula de la seguridad en Damasco y la pérdida de la mitad de Alepo. Una explosión en la sede de la Seguridad Nacional acabó con la vida del cuñado del presidente y número dos oficioso del régimen, el comandante Assef Shawkat; el ministro de Defensa, el general Abdela Rajha, y el general Hassan Turkmani, exministro de Defensa y antiguo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Sin tiempo a recuperarse de este atentado, el Ejército perdía el control de la mitad de Alepo, la segunda ciudad y el principal motor económico del país. Fueron los momentos de mayor auge de una oposición política y armada que gozaba del apoyo de Occidente y de los países del Golfo.

2013: Triunfo del islamismo radical

Alepo, en el norte de Siria, es una de las ciudades estratégicas de Siria y pronto fue castigada por la guerra. Soldados del Ejército Libre Sirio (ELS) luchan contra las tropas de Asad en el casco antiguo de Alepo. Agosto de 2012.Ricard G. Vilanova

El aumento progresivo de la influencia del Golfo y la desconfianza occidental contribuyeron a radicalizar a unos opositores entre cuyas filas emergieron con fuerza el Frente Al Nusra, que en 2013 fue reconocido por Al Qaeda como su brazo en Siria, y el grupo yihadista Estado Islámico (EI), escisión de Al Qaeda nacida en Irak con el plan de instaurar un califato en el corazón del mundo árabe.

El régimen sufría para no perder terreno, castigaba desde el aire las zonas fuera de su control y alertaba del creciente peso de estos grupos, que poco a poco llenaron el vacío dejado por la caída del Gobierno en amplias zonas del país. Llegaron con la sharía como programa político y no tardaron en cerrar su territorio a la prensa internacional y local: los periodistas se convirtieron en espías potenciales, en elementos de chantaje político y mediático a las grandes potencias. Fue el final de las coberturas en esa parte de Siria.

"Los sirios vivimos en un ambiente de quiebra emocional y de fatiga"

El auge de estos grupos, sin embargo, quedó eclipsado por el terror de las armas químicas. El mundo quedó marcado por las dramáticas escenas vividas en Moadamia, Jobar, Zamalka y Duma, en la periferia de Damasco, el 21 de agosto. Según la inteligencia de Estados Unidos, 1.429 personas, 426 de ellas niños, murieron a causa del uso de armas químicas en los ataques de esa mañana a las afueras de la capital, y Barack Obama estuvo a punto de ordenar un ataque contra Asad. El régimen siempre ha negado este ataque, del que acusa a los opositores, pero solo la intervención diplomática in extremis de Rusia evitó que los primeros Tomahawk castigaran las posiciones del Ejército sirio.

Después de más de dos años de guerra, masacres y ejecuciones de todo tipo grabadas y difundidas por Internet, “se ha perdido la noción de la realidad y la población se siente víctima de las dos partes. Los sirios vivimos en un ambiente de quiebra emocional y de fatiga”, diagnosticaba la doctora Hanadi Nwelati, psiquiatra del hospital Avicena de la ciudad de Adra, situada treinta kilómetros al noreste de Damasco, en plena zona de combate.

Nwelati confesó a este enviado especial que la población vivía por entonces “bajo un estado de terror extremo” ante el posible uso de estas armas prohibidas, un sentimiento basado en “más de dos años de guerra en los que se ha empleado de todo y, por lo tanto, a nadie le resultaría extraño que las usaran cualquiera de las partes en conflicto. No podemos hablar de paranoia porque no se trata de una creencia improbable, es real”.

2014: El Califato

Con la oposición política y militar rota y los islamistas radicales cada vez más fuertes, las atrocidades de uno y otro lado comenzaron a equilibrarse y  ya nadie ponía la mano en el fuego por la oposición. Decapitaciones, azotes en plazas, amputaciones de manos, fosas comunes… Las banderas negras del Frente Al Nusra y de Estado Islámico (EI), su agenda sectaria y su intenso trabajo en las redes cambiaron del todo la imagen de la oposición.

Así se llegó a la primera cumbre de Ginebra, que acabó en un rotundo fracaso. En junio de 2014, EI instauró un califato en Siria e Irak y en septiembre Estados Unidos lanzó sus primeros bombardeos. Una decisión motivada por la persecución a la minoría yazidí en el norte de Irak y por el impacto del asesinato ante las cámaras de James Foley, el primero de una larga lista de rehenes que los seguidores del califa Ibrahim decapitaron antes las cámaras haciendo rodajes al más puro estilo Hollywood para aterrorizar a Occidente y enviar un mensaje de fuerza a sus potenciales seguidores en todo el mundo.

2015: La guerra llega a Europa

Consiguieron las dos cosas: aterrorizar y ganar adeptos. Pero el terror no se quedó en el califato y, en noviembre de 2015, se instaló en el corazón de Francia con una operación de yihad urbana en la que 137 personas perdieron la vida. Fue la tarjeta de presentación de EI, una tarjeta que los sirios y los iraquíes conocían desde hace tiempo y que obligó a la comunidad internacional a mover ficha.

El cambio de visión no se produjo hasta la llegada a Europa de cientos de miles de refugiados

Se empezó a ver la situación de Siria con otros ojos, aunque el verdadero cambio de visión no se produjo hasta la llegada a Europa ese mismo verano de cientos de miles de sirios que huían de la guerra. Solo entonces el horror de los cinco años de bombardeos del régimen, la limpieza sectaria de EI, la miseria y la destrucción se instalaron en nuestro hogares para no irse.

Desde Siria a Turquía, de allí a Grecia, Macedonia, Serbia, Austria, hasta llegar en la mayoría de casos a Alemania, la herida de la guerra en Siria recorre ahora esta parte del mundo. Una herida abierta, sangrante como vemos estos días en Idomeni, que necesitará tiempo para cicatrizar.  

Si quieres saber más sobre Siria, lee esta entrevista con Ricard G. Vilanova y nuestro especial sobre Estado Islámico

Refugiados bloqueados en la frontera entre Serbia y Croacia. Octubre de 2015.Anna Surinyach

 

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