Diego Ibarra Sánchez / MeMo

El secuestro de la educación

El proyecto de larga distancia del fotoperiodista Diego Ibarra Sánchez se adentra en aulas de medio mundo vaciadas por la guerra y la violencia

Diego Ibarra Sánchez / MeMo

Fotoperiodista
20 de Noviembre de 2017

Comparte:

“La guerra no acaba con la última bala”.

El fotoperiodista Diego Ibarra Sánchez (Zaragoza, 1982), cofundador de la cooperativa de fotógrafos MeMo, ha estado en muchas guerras, pero no se considera un fotógrafo de guerra. Ha cubierto un sinfín de acontecimientos históricos en Oriente Medio y Asia, pero no persigue la noticia de última hora. Alejado de la adrenalina mediática, su sensibilidad empuja su fotografía a otra dimensión: la de la poesía y la textura, la piel y su reflejo, la sombra y la luz que baña y da forma a la materia.

Educación secuestrada, uno de los proyectos fotográficos más importantes de su carrera profesional, es una muestra de ello. Ibarra ha trabajado en países como Pakistán, Líbano, Siria, Irak, Afganistán, Nigeria o Colombia. Allí se fijó en las bombas, pero sobre todo en las aulas vacías y los pupitres volcados. Esa es su personalidad periodística y estética: pintar con luz qué pasa después de la guerra.

En Guerras de ayer y de hoy, libro editado por 5W, el periodista Mikel Ayestaran dice que la educación es “un arma de construcción masiva”. La educación es uno de los temas fundamentales del siglo XXI: cuesta entender que haya que reivindicar su importancia. ¿Quizá solo la valoramos cuando está en juego de verdad, como en una guerra? Ibarra explora esta pregunta en su trabajo fotográfico.

“La violencia está destruyendo y enterrando a una generación que debería tener el derecho a la educación y ser el motor de Pakistán, Siria, Irak o Afganistán”, dice el fotoperiodista. “La guerra está rompiendo esos sueños. La educación es una herramienta que nos hace ser libres”.

Viajamos con Ibarra a los países en guerra que han marcado su vida. Como otros reporteros, él vio sangre, pero prefirió retratar un escenario de melancolía y destrucción de la cultura. Aquí lo cuenta en primera persona.

Escuela de secundaria de Hag Alí, norte de Irak, 2016

Estado Islámico destrozó el sistema educativo allá por donde pasó. Trajo sus propios libros y sus propios profesores —o amenazaba a los que estaban con pegarles un tiro. Ocupó las escuelas para enseñar su ideología. Era dogmatismo puro y duro. Esta es la imagen de un kaláshnikov inscrita sobre un pupitre. Es un dibujo hecho por un niño en Irak, a las afueras de Mosul, antes de que se iniciara la operación contra Estado Islámico. Las balas salen del arma. La guerra cambia los corazones tallados en los pupitres por violencia y destrucción, los nombres por las balas y el dolor...

Samaniego, Colombia, 2016

Con complicidad e intimidad, Hernando desempolva en su casa el retrato de su hermano desaparecido: hace dos años que lo está buscando. Richard era profesor y fue asesinado por la guerrilla de las FARC. Durante muchos años han secuestrado a profesores para conseguir dinero o imponer una ideología. Pese a que Hernando sigue buscando el cadáver, sabe que no aparecerá. Las FARC pidieron perdón a Hernando, pero nadie sabe dónde están quienes enterraron a su hermano: la selva guardará el secreto.

Escuela en Zahle, Líbano, 2015

Este es uno de los miles de asentamientos informales de refugiados de Zahle, en el valle de la Becá. Tras la sangrienta experiencia de Sabra y Chatila en 1982, y a diferencia de otros países como Irak, Turquía o Jordania, Líbano se negó a crear campamentos de refugiados. Es el país que acoge a más refugiados per cápita (hay cuatro millones de habitantes y más de un millón de refugiados según la ONU, aunque el Ministerio de Interior dice que la cifra supera los 2,5 millones) y, tras seis años de guerra, las ayudas se están acabando.

El invierno es duro, áspero, no tiene clemencia. Este tipo de tormentas son habituales en Líbano. De repente, el país se bloquea, todo se paraliza, las carreteras se cortan. Las crisis humanitarias son más duras aún en invierno. Esta es una fotografía icónica que muestra cómo es esa educación en el exilio para una generación joven que tiene pocas esperanzas de volver —o que ni siquiera se acuerda de cómo es su país.

Swabi, noroeste de Pakistán, 2013

Esta escuela fue atacada por los talibanes en agosto de 2012. Esto es Swabi, a las puertas de las áreas tribales de Pakistán fronterizas con Afganistán. Los pequeños estaban dando clases en un aula sin luz. Había niños y niñas mezclados, algo no habitual allí, porque las aulas habían sido destruidas. Con esta foto buscaba mostrar los sueños rotos de la infancia. A veces es necesario otro tipo de imágenes: no que veas y olvides, sino que te hagan pensar. Cada día se difunden millones de imágenes. O buscamos sugerir algo diferente o al final no hay nada: la gente no va a acordarse de esa realidad. Vivimos en una era donde la galaxia Gutenberg no nos permite ni el más pequeño atisbo de reflexión: fast food mediático e impersonal, avalancha descontrolada de información no digerida y vomitada, paracaidistas convertidos en turistas del dolor de los demás… Tenemos que reflexionar, pensar en las consecuencias y ser críticos. La fotografía debe convertirse en esa ventana que nos enseñe la crudeza del mundo y que despierte en nosotros la curiosidad y el pensamiento crítico.

SRO, noroeste de Pakistán, 2013

Esta fotografía la saqué en las zonas tribales de Pakistán. Es una escuela de secundaria pública solo para chicos. La puerta principal estaba completamente destruida. Llegué de noche para evitar los controles de las fuerzas de seguridad y estar allí con el primer rayo de luz. Iba con un conductor y un guía local. Los talibanes habían destrozado la escuela en abril de 2013. La imagen la tomé unos meses más tarde. Los niños estaban dando clase fuera de la escuela. Estuve 45 minutos, el tiempo que me pude permitir para no levantar sospechas de que había un fotógrafo occidental en el pueblo.

Setyh, Irak, 2016

Las milicias kurdas (peshmergas) lanzaron una operación en Irak y recuperaron varias localidades de manos de Estado Islámico. Se hablaba entonces de las nuevas fronteras del Kurdistán en el norte de Irak: esos territorios que han tenido que devolver después del referéndum. Esta escuela abandonada me impactó mucho porque, cuando entré, había cadáveres de combatientes de Estado Islámico. Un miliciano salió del edificio nada más entrar. El olor a muerte se te metía hasta en los huesos. Una cabeza rodaba por allí, ante los militares. Era una escena apocalíptica. El reto era mostrarla sin caer en una repetición del museo de los horrores, y hacer que esa realidad perdure e incomode.

Maiduguri, norte de Nigeria, 2014

Esto es Maiduguri, capital del estado de Borno, en el norte de Nigeria, donde tiene más presencia el grupo yihadista Boko Haram, que significa “la educación occidental es pecado”. El tema de la educación es peliagudo en Maiduguri. Boko Haram ha sido acusado de muchos ataques contra escuelas. Recuerdo que justo antes de llegar a Maiduguri pasé por dos poblados que habían sido atacados. El olor a carne quemada y el humo impregnaban aún la carretera. Esta foto es de 2014, justo antes del secuestro de las niñas de Chibok, que conmocionó al mundo.

Este de Mosul, irak, 2017

En esta imagen se ve una escuela abandonada, completamente destruida. Ilustra cómo la educación se ve afectada en los países en guerra: los pupitres y las sillas habían sido guardados ahí. Es curioso: Mosul me recordaba mucho a las áreas tribales de Pakistán.

Nowshera, noroeste de Pakistán, 2013

Le hice un retrato a Wahid Ullah porque su hermano, que era profesor, había sido asesinado. Meses después, mi traductor me dijo que Wahid Ullah también había sido asesinado, creía que a manos de los talibanes. Por aquel entonces yo trabajaba en Pakistán pero no quería centrarme solo en Malala Yousufzai, la joven pakistaní que acabaría ganando el Premio Nobel de la Paz. La educación en Pakistán siempre ha estado en riesgo. En tan solo cuatro años, más de 900 centros educativos fueron atacados.

Escuela de Hani Hakuf en Shaddadi, Siria, 2016

Estado Islámico quemó libros y trajo los suyos. Esta ciudad, Shaddadi, era bastante conocida, porque la estaban usando como centro de venta de esclavas sexuales, la mayoría yazidíes de Sinjar. Había un par de escuelas en las afueras. Devastadas. Cuando llegaba Estado Islámico a cualquier sitio, hacía retroceder el sistema educativo. ¿Recuerdan la quema de libros por parte de los seguidores del Führer? Es difícil evitar que la memoria no te evoque eso.

Valle de la Becá, Líbano, 2017

Esta es una generación que está creciendo en el exilio. Imagínate que tienes que dejar Siria, que no tienes documentos y que, como no hay campos oficiales, te envían lejos. Las distancias impiden que puedas ir a la escuela. Y además, siendo sirio, tienes que ir al segundo turno, después de que salgan los niños libaneses. Este pequeño autobús estaba recogiendo a los niños sirios para llevarlos de vuelta a casa, ya por la noche. La mayoría de los niños sirios apenas pueden ir al colegio: se han convertido en el motor de sus familias, ya que muchos de sus padres, al no tener visado, no pueden trabajar.

Nowshera, noroeste de Pakistán, 2013

Esta escuela había sido atacada dos veces por los talibanes. Al Igual que en muchos centros educativos, estudiaban sin luz por la crisis energética que azotaba el país: no había electricidad. Desde siempre he visto esta imagen como un ejemplo de resiliencia. Pasara lo que pasara, las niñas querían ir allí a educarse y aprender. Es una de las fotos que recuerdo con más cariño. Como hombre occidental, el acceso no fue fácil. Estuve varios meses negociándolo.

Tel Ruman, provincia de Hassakah, Siria, 2015

Es un agujero a causa de metralla, o de una explosión. Puedes ver un aula a través de la otra. Es una escuela abandonada, destruida por la guerra, en un contexto de desolación. Esta era una zona controlada por las milicias kurdas y que se había visto afectada por los combates.

Samaniego, Colombia, 2016

Nora Nancy tiene 46 años. Es una profesora colombiana. En 2008 cuatro profesores fueron secuestrados, torturados y asesinados por las FARC en Guachaves. Las FARC pensaban que eran colaboradores del Ejército. Ella fue amenazada de muerte y se vio forzada a abandonar su casa. Intentó obtener el estatus de desplazada, pero no lo consiguió.

Tumaco, Colombia, 2016

Esta fotografía nos traslada de forma metafórica y onírica a ese descenso a los infiernos que supone la privación de la educación... Es el precipicio: vagar a la deriva, arrastrado por la marea y la oscuridad en esas aguas sucias, que son las de la guerra, la pobreza, la injusticia… alimentadas por nuestra indiferencia. Es un futuro oscuro para millones de niños que aspiran a la educación, que aspiran a algo más que trabajar de 12 a 14 horas por un mísero salario, que aspiran a tener derecho a la infancia. Saqué la fotografía en una de las ciudades más violentas de Colombia, en el barrio Nuevo Milenio.

Comparte:

Los indígenas expulsados por los paramilitares en Colombia

¿Quiénes son las víctimas del terrorismo yihadista?

Podcast: Terrorismo yihadista