Anna Surinyach

Grecia: Después del gran éxodo

¿Qué pasa con los refugiados en Grecia tras el acuerdo con Turquía?

Anna Surinyach

La fotografía
05 de Julio de 2016

Comparte:

El acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, ideado para frenar los flujos de población refugiada que llegaban a Europa, se anunció en marzo. Desató una agria polémica: organizaciones de derechos humanos y humanitarias denunciaron que era un acuerdo ilegal, que solo serviría para desviar el flujo hacia el Mediterráneo Central, que no garantizaba los derechos de los solicitantes de asilo.

Cuando todos los ojos están ya puestos en la ruta Libia-Italia, donde los naufragios, como estaba previsto, se suceden uno tras otro, ¿qué está pasando en Grecia? ¿Qué ocurre meses después de la aplicación del acuerdo? A través de este ensayo fotográfico comentado por Anna Surinyach, recorremos los campos militares y las historias de los refugiados, plagadas de incertidumbre.

1. Cierre de fronteras

Anna Surinyach

Es lo más obvio, pero hay que resaltarlo: el objetivo de cerrar fronteras se está logrando. En enero llegaron a Grecia por mar 67.415 personas, unas 10.000 más que en febrero. En marzo, con el acuerdo ya en marcha, la cifra bajó a 26.971. Desde entonces el descenso ha sido brutal, hasta las 1.488 llegadas de junio. Aunque sigue ocurriendo, la imagen de los refugiados llegando en barcaza a Lesbos, al menos en masa, ya es historia.

2. Campos militares

Anna Surinyach

En Grecia hay más de 57.000 personas refugiadas. Campos como los de Idomeni o Eko  han sido desalojados y la mayoría de los refugiados han sido ubicados en campamentos militares. El objetivo de las autoridades: controlar a los refugiados.

3. Estancados

Anna Surinyach

Este es el campo militar de Vasilika, una antigua granja en la que desde el 13 de junio hay  unas mil personas. Con las fronteras cerradas, sobreviven a la espera de que se resuelva su situación legal. Son campos que ya empiezan a tener aspecto de permanentes, pese a que no deberían tener esa vocación.

4. Hoteles

Anna Surinyach

Los refugiados que se lo pueden permitir se pagan un hotel. O a veces no. Una cooperativa de activistas griegos ocupó el 21 de abril el City Plaza Hotel de Atenas. El hotel, que estaba abandonado desde 2010, aloja ahora a más de 400 refugiados procedentes de países como Afganistán, Pakistán, Siria e Irak. Menores, familias divididas, mujeres solas… Son personas refugiadas en una situación particularmente vulnerable. Tras pocas semanas, este ya es conocido como “el mejor hotel de Europa”. Hay unas 450 personas, 185 de ellas niños.

Anna Surinyach

Mohamed, Aziz, Reza, Ali y Benyamen son un grupo de menores afganos que se han conocido a lo largo de la ruta. De momento viven en el hotel City Plaza, hasta que su situación se regularice. Todos salieron solos de Afganistán.

5. Familias divididas

Anna Surinyach

Esta es una historia de separación familiar. Samia Rasho es de la ciudad siria de Alepo y en febrero llegó a la isla griega de Lesbos junto a sus tres hijos: Rojna, Mohamed y Maolida. Su marido ya está en Alemania, pero el resto de la familia, que quiere reunirse con él, está atrapada en el campo militar de Vasilika, en Grecia. ¿Lograrán reagruparse? Samia se queja de las condiciones del campo, del calor y del trato que reciben. Hace poco se desmayó y, al no haber ni médicos ni ambulancia, la tuvieron que llevar unos voluntarios al hospital.

6. Desinformación

Anna Surinyach

Entre la población refugiada en Grecia son visibles el nerviosismo y el miedo. ¿El motivo? La desinformación. Muchos no saben qué pasos deben seguir, cómo funciona el proceso de registro, qué posibilidades tienen a partir de ahora. En la imagen, un iraquí sujeta su permiso provisional que le permitirá permanecer en Grecia un año. Es el primer paso. A partir de ahora, deben esperar a que se les contacte mediante SMS para hacer la primera entrevista, en la que se les informará sobre si pueden ser reubicados, optar por la reagrupación familiar o el asilo en Grecia, o volver a sus países de origen.

7. Incertidumbre

Anna Surinyach

Si se les pregunta, ninguno sabe dónde estará de aquí a un año. Mientras esperan y esperan —a completar su proceso de registro, a saber si van a ser reubicados—, la vida cotidiana, ahora lejos de las bombas, continúa. En la imagen, un refugiado kurdo levanta unas pesas que han construido los jóvenes del campo militar de Vasilika para ejercitarse.

8. Sin escuela

Anna Surinyach

Los niños no están escolarizados en muchos de los campos militares. Cuando estaban en el campo de Eko, los voluntarios construyeron una escuela para que los propios refugiados, los que eran maestros, impartieran clases a los niños. Ahora que están en el campo militar de Vasilika, no van al colegio, aunque sobre el papel, cuando tengan el permiso de un año, podrán ir a la escuela pública griega.

Anna Surinyach

9. Necesidades humanitarias

Anna Surinyach

No hay médicos las 24 horas del día en muchos de estos campos militares, en los que a veces hay cortes de agua y electricidad. La falta de servicios típica de algunos campamentos en Oriente Medio o África es difícilmente explicable en la Unión Europea. Ante la militarización de los campos, muchas organizaciones humanitarias no quieren trabajar en ellos.

Anna Surinyach

Yussuf, de 83 años, viaja con dos de sus hijos. Su esposa falleció en Alepo. Otros dos de sus hijos ya han llegado a Alemania, pero él se ha quedado atrapado en Grecia. Viajó desde Alepo en silla de ruedas. Hay organizaciones que están intentando sacar a los refugiados con una salud más frágil de los campos para llevarlos a pisos mientras esperan a que se resuelva su caso.

10. Burocracia

Anna Surinyach

La exasperante lentitud del proceso de solicitud de asilo no da demasiadas esperanzas a los refugiados anclados en Grecia. Huyeron del infierno sirio, iraquí o afgano y se jugaron la vida en el mar para llegar aquí. Pueden aguantar un tiempo las pésimas condiciones de algunos de los campos, pero no sobrevivir lejos de sus casas sin una solución a sus problemas.

Comparte:

Las 5W olvidadas sobre la población refugiada

'Fronteras de Europa': una exposición para caminar con los refugiados