Nuria López Torres

Identidades trans en construcción

Viaje a la vida de la comunidad transgénero en cuatro países a través de la fotografía de Nuria López Torres

Nuria López Torres

Fotógrafa documentalista
06 de Octubre de 2017

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Cuba. Brasil. Turquía, México.

La cámara de Nuria López Torres ha hecho un recorrido por la vida cotidiana de personas transgénero en estos países para entender cómo se construyen sus vidas. El resultado es una serie de  ensayos fotográficos ('Sex and Revolution in Cuba', 'The girl from Ipanema', 'Princesas' o 'Muxes', entre otros) que ahondan en el lado íntimo de comunidades que, a menudo, comparten problemas y retos en distintos rincones del mundo.

"Hay aspectos que se repiten entre la mayoría de personas transgénero en todos los países, como la salida prematura del ámbito familiar o de la escuela, el rechazo social, la falta de salidas laborales y la prostitución", dice la fotógrafa.

Empezó a interesarse por las personas trans más allá de los estereotipos hace quince años en Barcelona, empujada por sus vínculos con la antropología y su curiosidad por las cuestiones de género. Su mirada se volvió luego a Cuba para explorar los cambios que se producían justo cuando Raúl Castro llegó al poder. De ahí a Brasil, uno de los mayores 'exportadores' de trabajadoras sexuales transgénero del mundo. Luego a Turquía, donde las agresiones contra la comunidad LGBTI son constantes. Y finalmente a México, donde retrató la situación de las muxes (un tercer género reconocido y aceptado dentro de la sociedad) en el istmo de Tehuantepec (Oaxaca).

"Quedan muchos sitios por explorar: la India, Tailandia...", dice López, cuyo trabajo visual tiene como ejes temáticos la violencia y las identidades.

En esta selección de imágenes comentadas por la fotógrafa, recorremos la vida cotidiana y las cicatrices, físicas o simbólicas, de quienes nacieron con género masculino pero han adoptado un papel femenino dentro de la sociedad.

Kasandra. La Habana, Cuba

Nuria López Torres

Viajé a Cuba porque quería ver si la llegada de Raúl Castro al poder iba a traer cambios. Por entonces Mariela Castro —hija del presidente y activista por los derechos de la comunidad LGBTI— empezaba a tener más visibilidad como directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (Cenesex).
Kasandra tenía 21 años y unas ganas locas de aprender. La expulsaron de la escuela de informática cuando empezó a asistir vestida de chica. También tuvo problemas con la Policía, que la acusaba de prostitución: fue golpeada y pasó diez días en un calabozo.

Aquel día de 2011 veníamos de casa de sus padres. Emocionaba el amor que sentían por Kasandra y el maravilloso sentido del humor que tenían. Pese a sus dificultades económicas habían cedido su casa en el centro de La Habana a Kasandra para que tuviera una vida más independiente, y ahora ellos vivían en otro barrio alejado del centro, en peores condiciones. Kasandra les ayudaba económicamente.

 

Kiriam. La Habana, Cuba

Nuria López Torres

Cuba puede ser agotadora: todo cuesta mucho. Si no estás anímicamente fuerte, te hace mella. En la foto aparece Kiriam, de 35 años, una persona muy conocida y querida dentro de la comunidad transexual en La Habana. Trabaja en espectáculos de transformismo y es conocida por su aparición en la película Los Dioses Rotos, del director Ernesto Daranas.

Ese día estaba con el ánimo por los suelos. Me decía que debía hacerse la fuerte, pero que había días en que las fuerzas no le llegaban. Kiriam es seropositiva. Quería salir de Cuba, pero cuando estaba planeando irse, a su madre le dio un ictus y tuvo que quedarse. Ella fue una de las primeras personas transgénero formadas por el Cenesex como promotora de salud.

 

Nuria López Torres

Aquí Kiriam celebraba el cumpleaños de su líder espiritual, que es cubano pero vive en México. Organizó un espectáculo con varias transexuales e invitó a vecinos y amigos. Ella practica la santería; viste de amarillo porque es el color de Oshun, una de las divinidades de esta religión afrocubana.

"Me siento una persona sumamente afortunada en este momento, y una de las cosas que me da fuerza a diario es la comunidad gay en Cuba. Me siento respetada, valorada y querida. La gente llama a mi casa, acude a mí por todo, tal vez por el conocimiento que tengo en cuanto al tema de VIH y sida, y los consejos que puedo dar", decía.

 

Malú. La Habana, Cuba

Nuria López Torres

Malú, de 33 años, es la coordinadora del grupo transgénero del Cenesex. La conocí en mi primera visita a Cuba y me ayudó mucho en mis posteriores viajes. La he visto evolucionar en su formación como experta en temas de identidad de género y de enfermedades de transmisión sexual. La foto es de 2009; desde entonces ha estado en Miami, Nueva York, Tailandia... La Malú de ahora ha salido del ámbito marginal.

En esta foto ella llevaba toda la noche sin dormir: había estado trabajando. Su hermano, Joelbis, apoyado en la puerta, se hallaba en situación irregular en La Habana (la gente de provincias debe obtener un permiso especial para residir en la capital), y trabajaba por las noches en el mundo de la prostitución vestido de trans.

 

Bea. Río de Janeiro, Brasil

Nuria López Torres

Muchas personas transgénero no tienen recursos económicos cuando inician su transformación física y se ven obligadas a recurrir a las infiltraciones de silicona líquida, no apta para el consumo humano. Esto conlleva graves problemas de salud, y a veces la muerte. La silicona se endurece y produce deformidades físicas. Se desplaza hacia otras partes del cuerpo, donde aparecen grandes bultos. En Río de Janeiro, son las llamadas “bombardeiras” —ellas mismas trans— quienes en muchas ocasiones hacen estas operaciones, sin control médico y sanitario.

Este es un retrato de Bea, brasileña de 55 años, tras someterse a una cirugía plástica en Río. Quería arreglarse los párpados e intentar eliminar parte de la silicona industrial que se puso cuando era joven para tener unos pómulos prominentes. Se vio en la calle con 14 años, sobreviviendo entre la prostitución y la delincuencia. Con 17 años fue detenida y encerrada durante 45 días. Allí fue torturada con descargas eléctricas en los testículos. Actualmente vive entre Barcelona y Alemania, aunque cada año va a Río de Janeiro durante dos meses.

 

Mel. Río de Janeiro, Brasil

Nuria López Torres

La mayoría de las travestis en Brasil se inician en la prostitución entre los 14 y 15 años, cuando todavía son niños. Salen de forma prematura del sistema escolar, y el rechazo familiar y social hace que entren en un complejo círculo vicioso de marginalidad. Se acercan a las travestis adultas para saber qué tienen que hacer para cambiar su aspecto, y fascinadas por un "glamour" falso, toman a estas como sus referentes y consejeras.

La imagen es de 2013. Por aquel entonces, Mel hacía lo que se llama 'plaza': iba de barrio en barrio y se quedaba allí solo veinte días o un mes para no 'quemar' el mercado. En ese momento compartía casa con otras personas transgénero. Estaba empezando a introducirse en ese ambiente, estaba muy 'fresca'. Con el paso del tiempo ese tipo de vida desgasta: la itinerancia, la soledad... Hay mucha soledad, rara vez establecen vínculos con alguien.

 

Asia. Estambul, Turquía

Nuria López Torres

En Turquía los problemas que viven las trans en el ámbito de la prostitución son similares a los de Brasil. La diferencia que encontré fue la opacidad: las turcas son más cerradas, es más difícil acceder a ellas. Se esconden más. Y, por supuesto, tienen menos visibilidad que las brasileñas. En Río de Janeiro las trans se muestran abiertamente.

Asia ejercía la prostitución en el barrio de Fatih, en Estambul. Sufría un doble estigma: por ser trans y por ser kurda. Era activista de un partido kurdo de izquierdas. Participó en las protestas de 2013 contra el Gobierno de Erdogan. De hecho, la conocí en la sede del partido y luego fui con ella a una manifestación. Aunque se dedicaba al trabajo sexual, era una persona que no vivía en la marginalidad.

 

Melissa. Estambul, Turquía

Nuria López Torres

Melissa, de 33 años, es libanesa de padre militar, pero está en Estambul como solicitante de asilo por causas políticas. Vino de Túnez —estaba vinculada a la familia del expresidente Zine el Abidine Ben Alí. Cuando llegó la Primavera Árabe y cayó Ben Alí, Melisa estuvo cuatro meses detenida y otros cuatro en el hospital. Finalmente la dejaron salir del país.

Su familia no la aceptaba. De hecho, en Líbano siempre vivió como un hombre. Allí sentía mucha presión por ser afeminado, por eso se fue del país. Venía de un entorno de palacios y lujo, y era muy extraño verla en un ambiente como en el que yo la conocí: sin recursos, conviviendo con gente marginal con problemas psicológicos o de alcoholismo. Su situación como refugiada en Turquía es delicada y extraña.

 

Atech. Estambul, Turquía

Nuria López Torres

El número de agresiones y muertes de personas transgénero en Turquía es muy alto. Muchas de las que trabajan en el ámbito sexual han sufrido algún tipo de agresión.

En la foto, Atech, de 37 años, me enseña la cicatriz que le hizo un cliente con una botella de cerveza rota. Después de pagarle y recibir el servicio, el cliente le pidió que le devolviera el dinero. Como ella se negó, él rompió una botella de cerveza y le rajó el vientre y parte de la cara. Salió de la casa, se llevó las llaves y la dejó encerrada. Atech cobraba dinero de otras trans por permitirles usar su casa para atender a los clientes. Aquella foto la saqué en su casa, durante la celebración de un cumpleaños de una compañera trans; fue una celebración sencilla pero agradable. Al terminar, se fueron a trabajar.

 

Kazandra, María Sol y Estrella. Juchitán, MéxicO

 

Viajé a México porque sabía de las muxes y tenía muchísimas ganas de ir a documentar su historia. Son un tercer género y tienen una aceptación mayoritaria en la sociedad. Trabajan como dependientas, empleadas domésticas... Pero esto solo sucede aquí, es como una isla: no tiene nada que ver con la situación en el resto de México.


KAZANDRA. JUCHITÁN, MÉXICO

Nuria López Torres

Algunas madres, cuando ven que uno de sus hijos varones tienen una actitud afeminada, lo educan en roles tradicionales femeninos. Un hijo muxe supone un apoyo económico y afectivo para la mujer, y cuida de los progenitores en la vejez.

En la imagen aparece Kazandra, de 20 años, con su madre. Ella dejó la escuela porque no quería estudiar más. Andaba un poco despistada: con esa edad pensaba en pasárselo bien, salir... Acababa de ser tía. Trabajaba en el colmado de un familiar, donde servían comidas y bebidas. Además, había improvisado una pequeña peluquería en casa de su madre.


FERNANDA. JUCHITÁN, MÉXICO

Nuria López Torres

Las muxes no se emparejan oficialmente. La sociedad las acepta porque prestan un servicio, pero no está bien visto que se vayan a vivir con una pareja.

Fernanda,  de 32 años, tiene una relación desde hace 16 con un hombre que está casado y con hijos. Aunque llevan muchos años de relación, el marido nunca va a dejar a su esposa: no está aceptado. Mantienen su relación de forma discreta, pero después de tantos años es muy posible que la mujer de él lo sepa. En la foto aparece con su madre, de 76 años, que es viuda pero no cobra ninguna pensión. Viven gracias al salario de Fernanda, que trabaja como empleada doméstica en la casa de un empresario. Solo tiene libre el domingo por la tarde, pero dice estar contenta con su trabajo.


ESTRELLA. JUCHITÁN, MÉXICO

Nuria López Torres

Estrella abandonó pronto la escuela porque quería ayudar a su madre, que tenía otros tres hijos. Su padre, alcohólico, nunca se encargó de la familia. Tuvo problemas para aceptar a Estrella como muxe. Ahora es ella quien se encarga de mantener a sus padres. Es diseñadora de los bordados que llevan los vestidos tradicionales y profesora de baile.

En la imagen, Estrella y su madre se preparan para ir a la fiesta de cumpleaños de otra muxe. Estrella no va a ninguna parte sin su madre: tienen una relación muy estrecha.

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