Kaveh Kazemi

Los primeros años de la República Islámica de Irán

Un recorrido por el Irán posrevolucionario —guerra, revueltas, luchas internas— a través de las fotografías de Kaveh Kazemi

Kaveh Kazemi

Fotógrafo

Catalina Gómez Ángel

Periodista
20 de Julio de 2017

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La victoria de la Revolución Islámica en 1979 transformó el futuro de Irán y Oriente Medio.

Durante los diez primeros años de Revolución, marcados por el secuestro de 52 diplomáticos estadounidenses y ocho años de guerra contra Irak, la vida cambió radicalmente para los iraníes. No solo fueron testigos de la lucha interna entre los diferentes grupos que hicieron la Revolución liderada por el ayatolá Jomeini, sino también de las nuevas reglas que empezaron a marcar sus vidas, como la imposición del uso del velo para las mujeres.

Durante aquellos años, el fotógrafo iraní Kaveh Kazemi estuvo documentando lo que sucedía en su país. “Mi intención era registrar lo que tuvo que vivir la gente”, dice Kazemi, que ha recopilado el trabajo de estos años en Revolucionarios, un libro que se ha publicado recientemente en Irán y que recorre desde las grandes manifestaciones contra el sah de Persia hasta el funeral del ayatolá Jomeini.

“Yo era joven. No miraba a esos eventos solo como noticias. Muchas de las fotos que aparecen en el libro eran solo momentos de esos acontecimientos”, dice Kazemi, cuyo trabajo ha aparecido en publicaciones como Stern, Paris Match, The New York Times, Newsweek y Time, entre otros. “Para muchos jóvenes estas fotos son impactantes, pues les dan una idea de lo que pasaba entonces en Irán. Y para la gente mayor es un viaje al pasado que normalmente es terrible. Desafortunadamente, no hay diversión en estas fotos”, dice el fotógrafo.

1. Protestas multitudinarias contra la monarquía de Mohamed Reza Pahleví en la avenida que llevaba su nombre en Teherán

Kaveh Kazemi

Esta foto es del 4 de noviembre de 1978, cuando cientos de miles de personas —de todas las tendencias políticas— salieron a la calle para protestar contra el régimen del sah Reza Pahleví. Yo había empezado a trabajar como asistente en un estudio de publicidad. En aquella época la fotografía documental y social no tenía difusión en Irán. Aquella tarde, mientras estábamos en el estudio, oímos disparos y mi jefe nos dijo que fuéramos. A mitad de camino me bajé del taxi, mi jefe me dijo que estaba loco, y empecé a andar en medio de la avenida Reza Sah, hoy conocida como Enqelab o Revolución. Esta foto encierra muchos detalles: la decisión de los revolucionarios de llevar la lucha hasta las más altas instancias, lo frágil que podía llega a ser el régimen frente a una multitud alborotada —el edificio en llamas es del Gobierno— y la confusión del ejército del sah. Era todavía temprano para concluir que la Revolución iba a ganar, pero sí quedaba demostrado que la gente estaba extremadamente descontenta con el régimen y que estaba dispuesta a luchar.

2. Ataque contra una tienda de licores en una protesta multitudinaria de noviembre de 1978

Kaveh Kazemi

Aquel día hubo ataques contra cabarets, bares… y tiendas de licores. Hubo un momento en que se me acabó el carrete y tuve que buscar una tienda de fotografía, algo que fue bastante difícil, porque casi todo estaba cerrado. Cuando salí de allí me encontré con un grupo de gente que atacaba una tienda de bebidas alcohólicas. De repente me di cuenta de que muchos no destruían las botellas, sino que se las llevaban, como el señor con bigote y traje. Ya había detalles que hablaban de la tendencia islamista de las protestas, pero aún no era obvio para nosotros. Era un alzamiento popular en el que participaban diferentes clases sociales. Tampoco se veían barbas. El aspecto encajaba con la estética que reinaba en aquella época.

3. Día de la victoria de la Revolución Islámica. 11 de febrero de 1979

Kaveh Kazemi

En ese momento hacía el servicio militar y nos habían encerrado en las barracas del cuartel de la policía. El resto de las fuerzas militares estaban en alerta, pero a nosotros nos aislaron, porque no confiaban en nosotros, sabían que posiblemente no atacaríamos a la población. A las dos de la tarde, de forma abrupta, nos dejaron ir. Al llegar a casa vi que en el telediario anunciaban que el Ejército se había unido a la Revolución. Tomé mi cámara y me fui a la calle, donde miles de personas, algunas armadas con rifles viejos y pistolas, celebraban el triunfo. Al caer la tarde, cuando la celebración ya había terminado y la gente había regresado a casa, me encontré con esta caja en medio de la avenida Pahleví, hoy Valiasr, que atraviesa Teherán de norte a sur. “La nación ha vencido”, decía. Al leerlo sentí un extraño alivio. ¿Había llegado el caos a su fin?

4. Primera celebración tras la Revolución Islámica del 8 de marzo, Día de la Mujer.

Kaveh Kazemi

Había pasado solo un mes desde la victoria de la Revolución, pero ya se hablaba de imponer el uso obligatorio del hiyab. Por aquel entonces se había empezado a alejar a algunas mujeres de puestos de responsabilidad, por ejemplo en el sistema judicial, y todas las empleadas gubernamentales tenían que cubrirse. Aquel 8 de marzo varios miles de mujeres se reunieron frente a la oficina del primer ministro y empezaron a agitar pañuelos en señal de protesta. La Policía las miraba desde la distancia. Ese día quedó en evidencia lo que iba a ser este sistema islámico. Gradualmente la situación fue cambiando: llegó la imposición del velo, el uso del roupush —o gabardina— con el que tenían que cubrirse, la prohibición de usar esmalte de uñas para ellas o camisas de manga corta para ellos. Si se bebía alcohol se recibían latigazos. Era muy difícil no posicionarse, pero yo intentaba quedarme detrás de la cámara y hacer fotografías.

5. Quema de la bandera norteamericana frente a la embajada de Estados Unidos

Kaveh Kazemi

Las sorpresas no paraban de llegar. El 4 de noviembre de 1979 un grupo de estudiantes revolucionarios entró en la embajada estadounidense y tomó como rehenes a 52 personas durante 444 días. En Irán, aquel momento se convirtió en el símbolo de la resistencia contra Estados Unidos. Cientos de personas se empezaron a reunir diariamente frente a la embajada y así empezó la tradición de quemar banderas estadounidenses. Vi la quema de muchas de ellas. Una revista alemana me había contratado para que fuera a la embajada cada día y siguiera lo que pasaba. La toma de rehenes marcó el rumbo de la Revolución Islámica, para bien desde la perspectiva de Irán y para mal desde la perspectiva de Occidente. Pese al acuerdo nuclear que se alcanzó bajo la presidencia de Obama, tras la llegada de Trump al poder la sensación vuelve a ser que la rivalidad con Estados Unidos es una batalla que no termina nunca.

6. Un soldado llora la muerte de su hermano. Primera visita al frente de batalla en la guerra contra Irak. Octubre de 1980.

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Aquel día la unidad a la que me habían asignado como fotógrafo tenía que ir a una colina. En el grupo había un hombre especialmente ansioso. Insistía en que teníamos que ir, a pesar de que los iraquíes no paraban de atacarnos. La mayoría de ellos eran jóvenes sin experiencia militar que libraban una guerra que había empezado pocas semanas atrás, cuando Sadam Husein atacó Irán. Aunque estaban entrenados para una guerra tradicional, estos jóvenes milicianos estaban dispuestos a tomar riesgos y morir si era necesario. Cuando habíamos recorrido parte del camino, me enteré de que su hermano había muerto allí y él quería recuperar su cadáver. Al llegar, se sentó a su lado, le destapó el rostro para comprobar que se trataba de él, y empezó a llorar; nada podía consolarlo. Por eso siempre he llamado a esta foto “el soldado que llora”. Años después, cuando fui a Irak a cubrir la guerra del Golfo de 1991, me di cuenta de la gran capacidad militar que tenía Irak y de la desigualdad que había entre ambas fuerzas militares. Entonces valoré mucho más lo que estos jóvenes habían hecho.

7. Cementerio de Beheshte Zahra durante el primer Nowruz, año nuevo persa, en tiempos de guerra

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Era el Nowruz o año nuevo persa. Las familias suelen visitar a sus muertos en estas fechas, y yo decidí ir al cementerio de Behesht-e Zahra, donde estaban enterrados los muertos de la Revolución y los “mártires de la guerra”, que aumentaban con el paso de los meses. Se volvió casi normal que cada familia tuviera un muerto, y el cementerio de Behesht-e Zahra —el más grande de Irán— se había convertido en un lugar de peregrinaje. Era un símbolo de la guerra. En el cementerio me encontré con este padre que tomaba el té sin importarle las personas que había a su alrededor, en cuyos rostros se podía leer que lo acompañaban en el dolor. El hombre había instalado un gran altar para su hijo, donde se mezclaban los símbolos de la Revolución Islámica y del Nowruz, que es una festividad persa que se remonta a antes de la llegada del islam. Había retratos del imán Jomeini, del imán Alí y de Husein, símbolos del chiísmo, y un reproductor de casetes del que salían cánticos religiosos que reconstruyen la tragedia de Kerbala. Y, por supuesto, también estaban las flores y los dulces tradicionales del Nowruz.

8. Postales de los líderes revolucionarios vendidas en las calles de Teherán

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Fotos a cinco centavos, dice el pequeño letrero. Era el año 1982 e ir a la Universidad de Teherán a la oración de los viernes se había convertido en todo un acontecimiento social. Cientos de vendedores ambulantes se apoderaban de las aceras. Este me llamó la atención porque tenía una gran colección de postales de líderes revolucionarios, algunos de los cuales ya habían sido asesinados por entonces, como Chamran, Beheshti o Rajai. En ese momento los que hicieron la Revolución ya se habían dividido. Intelectuales o tecnócratas se habían quedado al margen o se habían ido del país. Otros grupos se habían convertido en enemigos del sistema. Así que cada vez más se podía ver la nueva clase social que lideraba el país. Lo irónico es que hoy ya conocemos el destino de algunos de estos líderes, que la Historia puso, en ocasiones, en lados opuestos. Entre ellos estaba el ex primer ministro Mir Hussein Musavi —en una de las fotos—, que en 2009 se convertiría en líder de las protestas por presunto fraude electoral, que fueron duramente reprimidas. Hoy está bajo arresto domiciliario.

9. Mujeres aprenden a ponerse máscaras para protegerse de un ataque químico

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Eran los últimos años de la guerra con Irak y la amenaza de un ataque químico era cada vez mayor. En todas partes se formaba a la gente para que supiera cómo reaccionar ante esa situación. Un día alguien me contó que iban a hacer una sesión de formación para mujeres en una escuela, donde además de prepararlas para un ataque también les enseñaban a manejar armas. Hubo un momento en que el instructor pidió a las alumnas que se pusieran la máscara y para mí fue surrealista verlas envueltas en el chador negro y con la cara cubierta por esas máscaras. A sus espaldas, en una pizarra, se lee: “En el nombre de Dios”.

10. La madre y el adiós (1988)

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Cada vez más jóvenes milicianos se ofrecían como voluntarios para ir a la guerra. Antes de partir hacían grandes asambleas, ya fuera en estadios o mezquitas, donde cantaban eslóganes. Después se montaban en autobuses y se iban. Esa tarde vi a esta madre que despedía a su hijo con un Corán en la mano. Ella estaba triste, pero los jóvenes estaban felices. Para ellos era un honor ir a la guerra. Hubo un momento en que, si alguien moría en la guerra, primero se felicitaba a la familia y luego se le daba el pésame.

11. Matrimonio de un veterano de guerra

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Durante el último año de la guerra, en 1988, me dediqué a seguir a los basijis o milicianos que se inscribían como voluntarios. Encontré una Fundación de Mártires que conseguía mujeres “voluntarias” para casarse con los jóvenes ya convertidos en veteranos de guerra, muchos de ellos con problemas de salud. El hecho de que una mujer decida casarse con alguien ciego, con algún tipo de discapacidad o desfigurado a quien no conoce es algo que considero un gran acto de coraje. Esta boda en particular se llevó a cabo en un hotel de Teherán. Me llamó la atención que durante casi toda la ceremonia ella estuvo cubierta con un chador negro. Me conmovió. Era un día supuestamente feliz para ella, pero nunca dejó que se viera su rostro, como si estuviera de luto.

12. Entrenamiento de milicianos antes de ir a la guerra

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Después de la oración, este grupo de milicianos unía sus manos en alto, en un acto que pretendía demostrar su poder. Estaba anocheciendo y la luz daba más dramatismo a la escena. Estaban entrenándose en una base militar cerca de Teherán y era un momento de incertidumbre, porque a pesar de que Sadam Husein parecía estar listo para un alto el fuego, Jomeini se negaba. Su gran objetivo era derrocar a Sadam. Todos estos milicianos estaban listos para ir a la guerra, pero muchos no fueron, porque el derribo por parte de los estadounidenses de un avión iraní llevó a que Jomeini aceptara el alto el fuego y pronunciara aquella famosa frase: “Tomar aquella decisión fue más mortífero que el veneno”.

13. El funeral (1989)

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Era la noche antes del entierro. El cadáver de Jomeini estaba en un ataúd de cristal que hacía las veces de cámara frigorífica. Yo intentaba transmitir lo que allí se respiraba cuando me encontré con esto: el escenario iluminado por los focos de las torres de energía, el ayatolá acostado y un póster ensombrecido con su retrato. Pero lo que me despertó mayor interés fueron los dos guardias revolucionarios que conversaban en la parte izquierda, como si estuvieran coordinando algo importante. Se cerraba un capítulo de la Revolución, pero su presencia seguía allí. Como siempre.

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