Hanna Jarzabek

Transnistria, un pedazo olvidado de la era soviética

Un recorrido por el enclave exsoviético entre el río Dniéster y Ucrania a través de fotografías de Hanna Jarzabek

Hanna Jarzabek

Fotógrafa
21 de Marzo de 2019

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Una estatua de Lenin preside el Parlamento de Transnistria en su capital, Tiráspol, ante una bandera que muestra la hoz y el martillo. La huella del pasado soviético sigue grabada a fuego en la memoria de una población cada vez más envejecida que vive en este rincón olvidado de Europa del Este.

La autoproclamada República de Transnistria —en ruso, Pridnestriova—, que no tiene reconocimiento internacional, es una de las repúblicas de facto que surgió como consecuencia de la caída de la URSS y que todavía hoy continúa bajo influencia rusa. El territorio, cuya principal lengua vehicular es el ruso, declaró su independencia en 1990 para evitar formar parte de Moldavia (que proclamaría por su parte su independencia en 1991 en el contexto de la disolución de la Unión Soviética).

Instituciones, moneda, pasaporte y Fuerzas Armadas propias crean entre sus casi 500.000 habitantes un sentimiento de independencia; sin embargo, para la comunidad internacional Transnistria no existe como Estado, sino como parte de Moldavia.

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