Pau Coll / RuidoPhoto

Tres proyectos fotográficos de largo recorrido

Guillem Trius, Javier Corso y RUIDO Photo, embajadores de Sigma, presentan sus trabajos

Revista 5W

Crónicas de larga distancia
24 de Noviembre de 2018

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Mucha gente puede hacer una buena fotografía, pero eso no te hace fotoperiodista. El reto está en contar historias a través de imágenes, y en eso consiste el fotoperiodismo.

Los proyectos de largo recorrido son hoy una de las maneras que tienen los fotoperiodistas de diferenciarse, narrar a través de imágenes y romper estereotipos.

La fotografía es un lenguaje universal, y tiene la fuerza de crear vínculos entre el fotografiado y el espectador. Esa obsesión por acercar lo que está lejos define el trabajo de Guillem Trius, Javier Corso (OAK Stories) y el colectivo Ruido PHOTO, embajadores de Sigma que hoy comparten y explican aquí y en primera persona sus proyectos.

Este contenido está patrocinado por Sigma.

 

GUILLEM TRIUS

Dice Guillem Trius (Barcelona, 1991) que “el objetivo 35 mm es una forma de entender la fotografía”. Lleva esta filosofía tatuada en su antebrazo porque, según explica, es una óptica que obliga a acercarse a la persona a la que está fotografiando, a interactuar, a ponerle nombre y apellidos.

“La foto está hecha en Lalibela, una pequeña ciudad de Etiopía a la que llaman la Jerusalén de África. Cuentan que el rey Gebre Mesqel Lalibela, tras peregrinar a Jerusalén en el siglo XII, soñó que Dios le encomendaba construir una réplica en el continente africano. Fruto de aquella revelación se construyeron trece iglesias, de las cuales la de Beta Girorgios (La casa de San Jorge) es la más emblemática por su planta de cruz griega y sus quince metros de profundidad tallados íntegramente en la roca”.

“Lo que pasa en esta foto, la manera en que la luz ilumina las manos en el momento del rezo, ocurre muy pocas veces. Este fue mi primer viaje a Etiopía, en 2015. Había viajado al país africano para hacer un reportaje completamente diferente, pero descubrí este sitio y fue el inicio de mi proyecto de largo recorrido (que aún no he acabado) sobre Etiopía como tierra de creencias y fe. Hay graves disputas étnicas, pero me llamó la atención el respeto que existe entre las diferentes religiones”.

“Esta foto pertenece a un reportaje que hice en 2015 en la depresión del Danakil, una zona entre Etiopía y Eritrea situada 120 metros por debajo del nivel del mar. Es uno de los sitios más calurosos de la tierra (puede alcanzar los 60 grados) y además es terreno volcánico: allí se encuentra el famoso Erta Ale, cuya traducción es montaña humeante”.

“Por aquí caminan durante días los afar y sus caravanas de camellos cargados de sal que viajan desde Yibuti y el sur de Eritrea hasta el altiplano de Etiopía”.

“En aquel momento yo estaba haciendo un reportaje con motivo de los treinta años de la gran hambruna de Etiopía, y un monje me habló de este lugar. Como se ve en la imagen, es una zona muy militarizada porque es la frontera entre ambos países y ha permanecido cerrada hasta este año”.

“Esto es Banjul, Gambia, el día de la investidura del nuevo presidente. Fue el primer país africano al que viajé y quizá al que más veces he regresado. Fue un día muy emotivo. Ya en el aeropuerto la gente saludaba diciendo: ‘Bienvenido a la nueva Gambia’. Era la llegada de la democracia a un país al que tengo mucho cariño y que siempre había conocido como fue durante las últimas dos décadas, es decir, bajo la dictadura de Yahya Jammeh”.

“Aquel día toda la gente estaba muy ilusionada, se sentía liberada. Pero ese sentimiento se ha ido apagando cuando el paso del tiempo ha demostrado que el nuevo Gobierno ha heredado muchos malos hábitos del anterior”.

JAVIER CORSO

El fotoperiodista Javier Corso (Barcelona, 1989), fundador de la productora OAK Stories, comenzó el proyecto Matagi atraído por el misterio que envolvía a esta comunidad cazadora del norte de Honshū, la isla principal del archipiélago japonés. “Lo que nos acabó de convencer fue que apenas encontramos información cuando empezamos a documentarnos”. Tan solo existía el trabajo del fotógrafo japonés Yasuhiro Tanaka, que dedicó 40 años a documentarlo en analógico, y cuyas fotografías nunca trascendieron las fronteras de la región.

La voluntad era retratar a una comunidad que en muchos aspectos resiste el paso del tiempo y logra mantener sus tradiciones. “Nos obsesiona la herencia cultural del Japón tradicional que convive con el presente más tecnológico”.

Estuvieron tres semanas allí y durante la primera semana Corso no sacó ni una foto. Al final, se han convertido en los primeros documentalistas no nipones en acceder a esta comunidad.

“El hombre que aparece en la imagen es Ito Ryoichi, el guardián de un pequeño museo matagi en la región de Yamagata. Es un cazador ya jubilado que ahora se encarga de preservar las armas y objetos que alberga este espacio”.

“Para este retrato, Ito accedió a posar con algunos de los objetos del museo. Todos los objetos tradicionales que lleva tienen unos cien años de antigüedad. Ahora utilizan armas de fuego para cazar, pero hasta la Segunda Guerra Mundial utilizaban lanzas”.

“Esta es la cabaña del capitán Sato, de la comunidad Oguni. Es el hombre que sale a la izquierda. Aunque tiene un poder algo superior al resto en cuanto a la toma de decisiones, son una comunidad muy equitativa por sus orígenes de caza. Cuando esta se hacía con lanzas, era necesaria la participación de toda la comunidad y ahora, aunque sea una sola persona la que efectúe el disparo, siguen manteniendo la tradición: todos tienen el mismo acceso a la pieza cazada, tanto en el reparto de la carne como de la piel”.

“Hice la foto al amanecer, justo antes de salir a uno de sus ascensos de caza. Aquí se ve a cuatro personas, aunque lo habitual es que participen al menos diez. Hasta finales de 2016 la comunidad no aceptaba mujeres. Lo que sí es representativo es su edad. La media está en los 60 años, y soportan jornadas de ocho horas en montaña nevada”.

“Sato empuña el cuchillo de su familia. Es un objeto tradicional con mucho simbolismo que pasa de padres a hijos. Ha cambiado la empuñadura por el desgaste del uso, pero la hoja está exquisitamente forjada y en ella podemos apreciar un grabado donde se lee el apellido o lema familiar. En la montaña usan este tipo de cuchillos para casi todo, desde cortar ramas hasta destripar el animal cazado. Es el arma más polivalente de los matagi. Antiguamente, la empuñadura del cuchillo solía ser hueca para que pudiera colocarse en la punta de una vara y convertirse en lanza”.

“Como parte del proyecto, también visité a Noboru-sama, uno de los pocos herreros que aún siguen forjando este tipo de armas. Tradicionalmente, los jóvenes solían hacerse fabricar su propia arma hasta que heredaban las de sus mayores. Ahora la comunidad se enfrenta a un problema de continuidad: las nuevas generaciones prefieren irse a estudiar fuera y no ven con buenos ojos la caza. La población Matagi está cada vez más envejecida”.

RUIDO PHOTO

Ruido Photo es un colectivo fotográfico que se sitúa al otro extremo de la última hora para hablar de derechos humanos y temas sociales “desde el fenómeno y no desde la contingencia”. Es, como el mismo grupo se define, profundidad contra la actualidad.

EDU PONCES

El Salvador es el primer país en concentración de pandilleros. Tiene además entre 30.000 y 60.000 desplazados internos, de una población que roza los seis millones y medio de habitantes. Allí vivió durante seis años el fotoperiodista Edu Ponces (Barcelona, 1980) trabajando para El Faro como jefe de fotografía primero y como parte del equipo de investigaciones después.

“Esta foto forma parte del proyecto The Central Americans y está hecha en el departamento de Sonsonate en mayo de 2017 durante un operativo policial antipandillas. En ese momento yo estaba trabajando en documentar la violencia en Centroamérica, en el origen del flujo migratorio, para conocer cómo una persona se convierte en refugiada”.

“Lo que había ocurrido en este barrio, como en muchos otros de San Salvador, es que miembros de la mara Salvatrucha habían tomado una comunidad pobre y expulsado a sus habitantes de sus casas para que fueran ocupadas por los propios pandilleros o sus familiares. Estados Unidos considera a la Mara Salvatrucha como la organización criminal más peligrosa del mundo”.

“La policía iba casa por casa sacando a los presuntos pandilleros, como el que aparece arrodillado en esta fotografía. Yo iba con ellos pero no acompañando, porque la policía es hostil a este tipo de acompañamientos de prensa”.

PAU COLL

Esto es uno de los barcos de rescate del Mediterráneo, el Open Arms de Proactiva. La imagen tiene justo un año, es de noviembre de 2017, y está hecha por Pau Coll (Badalona, 1983) tras un rescate especialmente duro de una barca de madera.

“En la barcaza viajaban 319 personas, de las cuales 69 eran mujeres. Todos estaban al límite de sus fuerzas porque habían pasado entre tres y siete meses secuestrados en Libia antes de emprender este viaje por el Mediterráneo”.

“Para las mujeres había sido especialmente duro, porque habían sufrido violencia sexual. Hubo muchos desmayos al subir al barco de rescate. La que aparece en la imagen venía de Eritrea y apenas podía articular palabra. Se sentó en el suelo y rompió a llorar”.

“Esta imagen pertenece al penúltimo capítulo de The Backway, un proyecto en el que llevamos un par de años trabajando para explicar en profundidad los flujos migratorios desde África a Europa frente a las informaciones rápidas que suelen aparecer en prensa, y que solo muestran las últimas horas de un viaje que dura meses o años”.

TONI ARNAU

También pertenece a The Backway esta fotografía hecha por Toni Arnau (Denia, 1976) en Freetown, Sierra Leona, en abril de 2018.

“El hombre que aparece en la fotografía se llama Doudou, tiene 24 años y sostiene en brazos a su hijo. Vive con su mujer en el vertedero que se ve a su espalda. Allí trabajan cada día recogiendo y vendiendo plástico por el que obtienen unos 20 euros al mes. Una miseria para los precios del país”.

“La idea era mostrar cómo es la vida en los países de origen. En Sierra Leona el desempleo afecta sobre todo a los jóvenes, que se siente responsables de sus familias. Por eso hay muchos que se escapan para emprender la ruta. Sus familias no les dejan, tratan de disuadirles, pero ellos planifican el viaje a escondidas, en pequeños grupos, y se escapan. Dejan una nota o avisan cuando ya están de camino”.

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