Anna Surinyach

Robert Ménard, el verso libre de Marine Le Pen

Así es el alcalde de Béziers, uno de los mayores laboratorios del Frente Nacional en Francia

Marta Arias

En movimiento

Anna Surinyach

La fotografía
31 de Marzo de 2017

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Máxima autoridad en el laboratorio del Frente Nacional (FN). Agitador y periodista. Fundador de Reporteros Sin Fronteras. Hombre de derechas, “muy de derechas”. Y europeísta, al contrario que el partido de Marine Le Pen, bajo cuyo paraguas está forjando su carrera política. Robert Ménard es el alcalde de Béziers.

Es un partido de rugby importante para ambos equipos, pero sobre todo para el ASBH, el equipo de Béziers, que se juega caer a los puestos de descenso. Ellos, que llegaron a ser once veces campeones de Francia, ahora se tienen que dejar la piel en el campo —alguno de forma literal— para evitar la humillación de verse en tercera división. En el palco, el alcalde Ménard sigue el partido con curiosidad, como si no acabara de apasionarle, en contraste con su esposa, que se desgañita con cada jugada.

El alcalde, en el palco del Estadio del Mediterráneo junto a su mujer y su concejal de Deportes.Anna Surinyach

El árbitro pita el descanso: el marcador electrónico del Estadio del Mediterráneo se congela en 14-6. Las autoridades en el palco se deslizan hacia el interior entre palmaditas, canapés y copas de champán. En ese paréntesis emocional en el que los guerreros se lamen las heridas, el alcalde de la mayor ciudad francesa gobernada por un partido (Choisir Béziers) apoyado por el Frente Nacional se va con el pueblo. En el coche de camino al estadio, Ménard ya avisaba: “En el descanso, me levantaré y me iré del palco. Me gusta pasar el segundo tiempo sentado al otro lado de la grada y ver el final con los biterrois”, con la gente de aquí.

El paseíllo hacia la grada popular lo hace rodeado de su séquito al más puro estilo Reservoir Dogs, y dejándose ver por el público, que ha aprovechado el descanso para salir a estirar las piernas. Provoca alguna mirada de reojo, pero pocos giros de cabeza y aún menos dedos que lo señalen. Aunque no sea el primero en saltar del asiento para celebrar los tantos —le cuesta reaccionar: llega tarde a las celebraciones y los abucheos, y siempre es el último en sentarse—, Ménard acude al campo de forma habitual, como una hormiguita consciente del valor de la constancia.

Pocos metros antes de llegar a la entrada, se separa del grupo sin avisar. Ha detectado a una patrulla de policía local y se acerca a saludarla. Estrecha manos y se retira arropado por la sonrisa cómplice de otro gremio cuyo apoyo ha sabido granjearse a base de gestos como los llamativos anuncios sobre las nuevas armas de los agentes. “Desde ahora, la policía municipal tiene un nuevo amigo”, decían los carteles con los que trufó la localidad al poco de llegar al poder. En ellos aparecía una gigantesca pistola y el subtítulo “armados veinticuatro horas al día y siete días a la semana”.

Robert Ménard se pasa a la grada en la segunda parte de los partidos de rugby.Anna Surinyach

En cuanto el árbitro pita el final del partido, Ménard sale disparado a su siguiente cita dominical: una corrida de escuelas taurinas de la región. Un coche lo traslada a la plaza de toros de Béziers. El alcalde sabe conducir, pero confiesa que se le da fatal y que no le gusta en exceso, así que, cuando no está su mujer, siempre encuentra algún amigo o compañero que lo lleve.

Con el pasodoble de fondo, Ménard se muestra más cómodo que en el estadio y tarda pocos minutos en pasar de las gradas al burladero. ​Opina que la corrida no es un deporte, sino un arte; algo que no parecen compartir los lugareños, porque las gradas están medio vacías. Con los brazos apoyados sobre la barrera, intercambia distraídas palabras con Didier Bressons, director de la escuela taurina de la ciudad, que se lamenta de la falta de entusiasmo de los jóvenes. El mandatario saluda a los aprendices​, se deja fotografiar por el público​ e incluso, llevado por la pasión, ondea un pañuelo blanco para pedir la oreja al término de la faena de Clemente Jaomes, la estrella de la tarde con solo dieciséis años.

Una de las grandes aficiones del alcalde de Béziers son los toros.Anna Surinyach

Va al rugby pero lo que le gustan son los toros. Ese es Robert Ménard: un independiente recién llegado a la política que en marzo de 2014 logró cosechar, bajo el paraguas del FN, el apoyo de casi el 47 % de los votantes de Béziers en segunda vuelta, y desbancar así a Raymond Couderc, de la derechista UMP y alcalde desde 1995.

“En Francia, que un partido sea populista es un insulto, pero yo creo que es un bonito calificativo —dice Ménard—. Significa preocuparse del pueblo en primer lugar. Todas las medidas que yo tomo aquí son medidas sociales para la gente”.

DE 'PIED-NOIR' A PERIODISTA

En un acto público, un bombero de Béziers le prestó un diario escrito a mano por un soldado francés entre 1914 y 1918, durante la Primera Guerra Mundial. Una joya que Ménard hojea al día siguiente en su despacho. Al alcalde le gusta la historia, pero hay un episodio por el que tiene especial fascinación: la guerra de Argelia.

Lo explica su partida de nacimiento. Robert Ménard es un pied-noir. Esta expresión, que literalmente significa pies negros, se utiliza para hacer referencia a los ciudadanos europeos que residían en Argelia antes de verse obligados a salir de ese país tras la independencia en 1962. Él enarbola la bandera con orgullo. “Ser un pied-noir es, en cierta forma y en un contexto determinado, como ser judío o armenio: es saber que en ciertos momentos lo peor se vuelve probable. La cuestión argelina, como la cuestión colonial, es sobre todo una cuestión de identidad”.

A principios de 2015, el alcalde saltó a la palestra mediática por su decisión de cambiar el nombre de una calle. La hasta entonces conocida como calle del 19 de marzo de 1962, fecha de los acuerdos de Evian que pusieron fin a la guerra de Argelia, pasó a denominarse calle del Comandante Hélie de Saint Marc, un militar francés golpista opuesto a la independencia del país. La calle apenas supera los 200 metros, pero la polémica se encendió y Ménard volvió a aparecer en los diarios nacionales e internacionales.

Manifestación de un colectivo contrario a la decisión del alcalde de dedicar una calle a un militar golpista francés.Anna Surinyach

Su nombre aparece ligado a la prensa desde hace años de una forma u otra. Durante más de tres décadas ejerció de periodista y en 1985 cofundó Reporteros Sin Fronteras (RSF). Fue su director general hasta 2008 y no pierde ocasión de recordar sus años de lucha por los derechos de los periodistas encarcelados y perseguidos cuando alguien le recrimina su actual tendencia política. Pero él considera que no ha cambiado. “Todo el mundo conoce mis compromisos políticos. Estoy muy a la derecha y desde hace mucho tiempo. Ya lo estaba cuando era jefe de RSF, pero los periodistas no querían saberlo”.

Antes de meterse en política, ejerció de tertuliano en distintos platós y emisoras de radio nacionales y regionales. Durante unos meses incluso llegó a tener un espacio propio en el canal informativo iTele titulado Ménard sans interdit, hasta que en 2012 lanzó la revista digital conservadora Boulevard Voltaire junto a su mujer, la jurista reconvertida en periodista Emmanuelle Duverger.

Con su candidatura a la alcadía, Ménard tuvo que dejar de lado su pasión periodística, aunque se resiste a colgar hábitos del todo. Su principal vía de escape ahora es la revista municipal, Le Journal de Béziers. En la redacción, situada convenientemente a pocos metros de su despacho, el Ménard periodista se come al político. “Estas cifras no se entienden”. “Aquí mejor dos fotos”. “A esto habría que darle una vuelta”. Bolígrafo en mano, Ménard es implacable con la edición.

El infografista, el alcalde, el redactor jefe y el jefe de prensa repasan los contenidos del próximo número de la revista municipal.Anna Surinyach

A lo largo de la jornada se escapa varias veces hasta esta pequeña y caótica sala plagada de recortes de periódico que parece tener personalidad propia. La revista sale cada quince días y sus trabajadores dicen con orgullo que es la única publicación local leída en toda Francia. “Tengo amigos en París que me piden que les envíe ejemplares cada vez que hay alguna polémica”, confiesa divertido uno de los redactores.

Ménard es un trabajador incansable. “Aunque la jornada oficial empieza a las ocho, acostumbra a venir antes porque es el rato que tiene de tranquilidad para sacar cosas adelante”, explica su jefe de prensa, Arthur Baches. La pila de documentos ya gestionados que se eleva sobre la silla pasadas las 7:30 de la mañana lo confirma. Con las gafas apoyadas en la punta de la nariz y sentado casi al borde de la silla mientras firma dosieres, el alcalde parece estar siempre en acción.

El alcalde firmando documentos pendientes, antes de empezar la jornada laboral.Anna Surinyach

Su despacho es austero para los estándares decorativos de la política francesa. Las personas que trabajan con él confirman que lo cambió cuando llegó. “Antes era más recargado, y él quería algo moderno y funcional. También retiró el ordenador. Le encanta escribir a mano”, dice su asistente.

La sala amplia y luminosa cede todo el protagonismo a una gran mesa de madera en la que se acumulan papeles con relativo orden. Entre ellos el último número de la revista semanal Valeurs Actuelles, en cuya portada aparece el candidato a la presidencia Emmanuel Macron con buscado gesto.

—Si sale elegido, será como Hollande pero peor. ¿Os enterasteis en España de lo que pasó con los trajes? Es escandaloso. ¿Te imaginas que lo hiciera yo?

Ménard apoya a Marine Le Pen. Considera que la candidata del FN ha ido mejorando a lo largo de la campaña, que es más abierta ahora que hace un año. También le agradece que sea “menos jacobina y más identitaria”.

—Creo que está evolucionando en la buena dirección. No tan rápido como a mí me gustaría, pero constato que está cambiando.

—¿Sería una buena presidenta para Francia?

—Eso espero. Yo la votaré y pediré el voto para ella pese a mis desacuerdos.

Ménard se presentó en Béziers con el apoyo del FN. Pero no se casa con nadie. Comparte el rechazo a la inmigración con la cúpula del partido de Le Pen, pero, a diferencia de esta, se declara europeísta convencido. Aunque crítico con las políticas comunitarias, Ménard no cree que un hipotético frexit sea bueno para el país.

“No estoy a favor de la salida de Francia ni de la UE ni del euro —dice el alcalde—. Hay que cambiar algunas cosas porque hay una tecnocracia desde Bruselas que se ocupa de cosas que no le corresponden. Alguien tiene que explicarme por qué Bruselas se tiene que ocupar de la calidad del foie gras o del queso francés. Honestamente, hay cosas más importantes que esa. Pero yo estoy profundamente ligado a Europa”.

EL LABORATORIO DEL FRENTE NACIONAL

Reunión del alcalde con su equipo de Gobierno.Anna Surinyach

Unos minutos después de las ocho de la mañana, su equipo de confianza entra en la sala contigua y se despliega en la mesa ovalada. Ménard empieza la reunión haciendo referencia a un problema de mobiliario urbano del que se ha percatado durante sus paseos por la ciudad, y se lo hace saber a la directora general de servicios, Séverine Chopin, para que tome medidas. Es la única mujer del gabinete y el alcalde escucha con atención todos sus comentarios. Ha sabido ganarse su respeto pese a no formar parte de su lista electoral: su llegada al cargo se produjo cuando el antiguo director abandonó el ayuntamiento hace apenas un año. No es el primer miembro de su equipo que deja el consistorio. Decepción política y desavenencias personales suelen ser los motivos. Y no solo en Béziers: el FN se enfrenta al mismo problema a nivel nacional. Según publicaba recientemente la revista Society, el 28 % de sus elegidos municipales ya han abandonado el barco, decepcionados por lo que el partido prometía ser y no fue.

La agenda del lunes 27 de marzo de Robert Ménard.Anna Surinyach

Aunque Robert Ménard no está afiliado al FN, Béziers está considerada por muchos como el laboratorio en Francia del partido de Le Pen. El propio Ménard hace referencia al término en su último libro, Abecedario de la Francia que no quiere morir, publicado en noviembre de 2016. Según el alcalde, laboratorio es “una expresión acuñada por la prensa de izquierdas para referirse a un ayuntamiento patriótico y especialmente al de Béziers. Una manera de dar a entender que no somos un ayuntamiento como los demás. Algo que no es del todo falso”.

Autobús número 8 de Béziers, que va del centro al barrio de La Devèze.Anna Surinyach

El alcalde cultiva su imagen rebelde y anti-establishment. “Yo no rindo cuentas ante nadie, no recibo órdenes de nadie. Pienso como quiero y digo lo que quiero”. Esta fue su tarjeta de presentación durante la primera entrevista mantenida para elaborar este perfil.

Durante los días en los que lo acompañamos, su frenética agenda solo se vio interrumpida cuando un grupo de niños rusos que estudian francés vinieron al consistorio de visita. Carismático, el alcalde improvisó un discurso en el que aprovechó para mencionar la tradición cristiana, “inseparable” de la historia de Francia. Los niños se hicieron fotos con él.

—¡En Rusia también hacéis selfies! —dijo el alcalde.

Se le acercaron varios niños para hacerle regalos, entre ellos chocolatinas de un fabricante de la época soviética.

—¡Anda! Una chocolatina comunista. Se la voy a dar a estas periodistas de extrema izquierda.

El alcalde se hace una fotografía tras su charla con niños rusos que están de visita en la ciudad.Anna Surinyach

ALCALDE POLÉMICO

“Ahora la gente solo conoce la ciudad por su culpa, por sus comentarios racistas”. Brahim trabaja en un bar de La Devèze, un barrio residencial en la periferia de Béziers. La zona tiene fama de conflictiva, de gueto de inmigrantes. “Este es un barrio olvidado desde que Ménard es alcalde de Béziers. Los jóvenes se han ido; la situación es muy difícil para ellos”, opina el camarero.

Como en muchos barrios periféricos de Europa, las mañanas de fin de semana son propiedad de los niños, que durante unas horas cambian deberes por botas de fútbol. Este sábado además el sol acompaña, así que los campos municipales están especialmente revolucionados. Es necesario más de un grito del entrenador para lograr que los niños se sienten a escuchar las indicaciones previas al amistoso que están a punto de jugar.

Sobre el césped se extiende una hilera de niños con sudaderas azules y sus nombres grabados en letras blancas a la espalda: Rowan, Samir, Houssame, Mehmet. Con ese arma, los apellidos, Robert Ménard lanzó en mayo de 2015 una de sus campañas. “El 64,6 % de los alumnos de Béziers son de confesión musulmana”, dijo en un programa del canal de la televisión pública France 2. De inmediato, la opinión pública se le echó encima. En Francia, las estadísticas étnicas o religiosas están prohibidas, tal y como recoge la ley del 6 de enero de 1978. El alcalde admitió que la elaboración del censo se basó en las connotaciones religiosas que podían tener los apellidos y los medios nacionales aprovecharon para volver a poner el debate sobre la mesa. ¿Es racista recolectar datos de ese tipo? ¿O pueden ayudar en la lucha contra la discriminación?

La iniciativa censal lo llevó a ser juzgado por incitación al odio, y Ménard aprovechó para utilizar el ataque a su favor y alzarse como mártir de la causa identitaria francesa. “Tras toda una vida combatiendo el racismo, considero infame que ahora se me acuse a mí de ello”.

La inmigración como factor clave en el declive nacional es lo que genera más consenso en ese espacio político: la creencia de que la inmigración es una amenaza. El alcalde no tiene pelos en la lengua.

Plaza en obras en la avenida Paul Riquet, la principal de Béziers. Anna Surinyach

“Por supuesto que es una amenaza. Por supuesto que no deseo que mi país, que este continente, cambie radicalmente. Le voy a decir una cosa y seguramente le sorprenda, pero no me importa: a mí me encanta pasear por Francia y ver que en cada ciudad hay una iglesia con su campanario. Escuchamos poco sonar las campanas. No me apetece tener minaretes en todas las ciudades de la región. Aquí hay cinco mezquitas, y todas me preocupan, pero no es una ciudad de tradición musulmana. Estamos en un país de tradición cristiana. Puede parecerle que es desagradable, pero estamos en Francia. He pasado parte de mi vida en países islámicos y me encantan, pero Francia no lo es. C’est tout”.

¿Qué hizo una vez en el poder? Prohibió la apertura de más restaurantes de tradición islámica para evitar que “Béziers se convierta en la capital del kebab”. Dedicó una portada de su revista municipal para hacer sonar la alarma: mostraba a varios refugiados a punto de subir a un tren en cuyas ventanas colgaban dos carteles, uno que indicaba que el destino era Béziers, y otro que añadía que allí recibirían escolarización gratuita y alojamiento. Al pie, en grandes letras amarillas y entre exclamaciones, un aviso de su inminente llegada.

Portada de 'Le Journal de Béziers' de septiembre de 2015.Anna Surinyach

El alcalde tampoco tuvo ningún reparo en ir casa por casa haciendo saber a un grupo de sirios que no eran bien recibidos. Ataviado con una banda con los colores franceses y acompañado de policías armados, la puesta en escena incluyó el tono paternalista de quien abronca a un niño que ha hecho algo malo. “Cuando os comportéis correctamente, podréis venir, pero por ahora no sois bienvenidos en esta ciudad”. Después colgó el vídeo en el canal del Ayuntamiento. Ménard no se esconde.

Cuando el Estado decretó el reparto de refugiados por todo el país, el alcalde propuso hacer un referéndum para preguntar a la ciudadanía si aprobaría “la acogida de refugiados impuesta por el Estado, sin la consulta del ayuntamiento”. La justicia declaró ilegal la iniciativa y Ménard lo utilizó para colocarse de nuevo el sombrero de mártir de la causa y defensor único de los intereses de Béziers.

“Considero inadmisible que el Estado imponga a un alcalde decisiones así de importantes —dice Ménard—. Por eso quería hacer un referéndum, para preguntar a la gente de mi ciudad, a los biterrois, qué piensan ellos. Fui condenado por la justicia porque solicité un referéndum, ¿y soy yo el que no es democrático? Creo que la esencia de la democracia es preguntar a la gente qué piensa”.

Ménard defiende que la imagen extendida sobre el votante de FN no es más que un cliché. “La gente me vota porque la izquierda ha abandonado a la clase obrera. Porque la izquierda ha abandonado al pueblo, igual que la derecha ha abandonado la patria y la nación. Hay gente abandonada. Y Marine Le Pen marcará una verdadera ruptura. Francia necesita un gran cambio y ella es la única que puede hacerlo”.

Un domingo cualquiera, Ménard pasea con su mujer por el centro de la ciudad. Vienen del mercado y se cruzan con dos mujeres —madre e hija— que lo paran para estrechar su mano y agradecerle el trabajo que está haciendo en la ciudad. Ambas se reconocen votantes de Marine Le Pen.

—Hay muchos magrebíes en relación a nosotros, los franceses —dice Christine, la madre—. El problema es la integración. Los magrebíes en sí no me molestan, yo no soy racista, pero harán que sea racista.

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