Federico Ríos

Una orquesta guerrillera silenciada en tiempos de paz

La fragilidad del proceso de paz en Colombia, contada a través de una banda que dejó la música después de la guerra

Federico Ríos

Fotoperiodista

Sinar Alvarado

Periodista
05 de Septiembre de 2019

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Los Rebeldes del Sur hacían música de trinchera. No es metáfora: para evitar al ejército que los acechaba, 18 músicos y combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ensayaban sus canciones bajo el suelo en plena selva.

—Hacíamos un hueco ancho y profundo, le poníamos palos y hojas y le echábamos tierra encima. Adentro prendíamos una vela, cantábamos a todo pulmón y afuera no se escuchaba nada.

Luis Alberto Mendoza, alias “Emilio” durante los veinte años que hizo la guerra, contaba esto a fines de 2017 en La Carmelita, un caserío ubicado muy cerca del río Putumayo, sobre la frontera entre Colombia y Ecuador. Allí vivía Mendoza junto a 473 excompañeros de armas, en un Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR); uno de los 24 asentamientos donde 6.804 miembros de las FARC, entre un total de 13.202 que entregaron los fusiles, se fueron a vivir después de firmar la paz en 2016 con el Gobierno del expresidente Juan Manuel Santos.

El espacio de La Carmelita es un amplio parche deforestado, con hileras de barracas nuevas donde los excombatientes, algunos con sus parejas e hijos recién nacidos, empezaron la difícil transición a la vida civil. Al fondo del terreno, con tablas de madera, Los Rebeldes construyeron entre la maleza una cabina de grabación dotada de micrófonos, una consola y un computador.

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