Anna Surinyach

El agravio de una isla

Fuego, política y dinero: demasiado para los 86.000 habitantes de Lesbos, prisión para miles de refugiados desde 2016

Anna Surinyach

La fotografía

Agus Morales

A la fuga
27 de Septiembre de 2020

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Esta cobertura forma parte de un proyecto con Ruido Photo bajo el título de Odio.

 

Ajeno al trajín de afganos y sirios arrastrando en cajas lo único que les queda, de camiones gigantes que llevan suministros al nuevo campo de Lesbos, de policías malhumorados que vigilan la zona, de periodistas en busca de la noticia, Nikos Psomadellis se concentra en la poda del pino de su jardín. Es el final del verano, el momento señalado para hacerlo. Está a unos treinta metros y no nos oye. Nos separa una verja de seguridad, la de su casa. 

Su vida y la de sus vecinos acaba de cambiar. 

Frente a esta carretera que sale del pueblo costero de Panagiouda, en la isla griega de Lesbos, ya no hay un campo de tiro del Ejército, sino miles de lonas instaladas en una lengua de tierra frente al mar: el asentamiento que sustituye, al menos de forma provisional, al que era el mayor campo de refugiados de Europa, el de Moria, a tan solo unos kilómetros de aquí, consumido por el fuego en la madrugada del 8 al 9 de septiembre.

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