Oliver de Ros

El club de la lucha de Chivarreto

Decenas de guatemaltecos participan una vez al año en las peleas que se organizan en “la pequeña Hollywood”, un municipio marcado por la migración a Estados Unidos

Oliver de Ros

Fotoperiodista

Alberto Pradilla

Desde Centroamérica
19 de Abril de 2018

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“La primera regla del club de la lucha es que no se aceptan menores de edad. La segunda regla del club de la lucha es que no se acepta a nadie en estado de ebriedad o bajo efecto de otras sustancias. La tercera regla del club de la lucha es que no se permiten joyas o alhajas”.

“Hay que respetar el orden. Nadie está obligado a boxear. No se permiten golpes bajos, patadas ni agarrarse. No se permite tirar objetos al ring, ni se puede ingresar sin permiso de los árbitros. Hay que respetar al oponente. Hay que respetar a los árbitros. Hay que dejar espacio libre en la tarima. Los boxeadores serán del mismo tamaño”.

“Estas son las reglas del combate en Chivarreto”.

Quien proclama la normativa del combate no es Tyler Durden, uno de los protagonistas de El club de la lucha, la novela de Chuck Palahniuk llevada al cine por David Fincher en 1999. Se trata de Toribio Alberto, secretario de las autoridades ancestrales de la aldea de Chivarreto, en el municipio San Francisco El Alto, departamento de Totonicapán, al noroeste de la capital de Guatemala. Junto a él, Alberasturi Hernández, de 46 años, maestro desde hace 25 y speaker de la velada por octavo año consecutivo. En medio, rompe la uniformidad indígena un californiano de 33 años. Se llama Jared Hippler, lleva un año en Guatemala y ha venido a pelear, aunque por el momento se ha enfundado el peto naranja que identifica a los árbitros.

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