Badiucao

El Tíbet bajo China

Vigilancia social, represión y una calculada política demográfica para controlar el techo del mundo

Mónica G. Prieto

En Asia
15 de Agosto de 2019

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A diferencia del grupo de turistas que le sigue como un manso rebaño por la empinada escalinata del Palacio de Potala, epicentro del Lhasa tibetano, Lobsang no parece sufrir la más mínima fatiga. El experimentado guía no exuda ni resuella como los dos alemanes, dos españoles y dos surcoreanos que le acompañan, arrastrando los pies tras un recorrido de horas y un millar de escalones. Tiene años de entrenamiento en los templos más recónditos y también en los estrechos márgenes de conversación que permite la represión china. 

—Bonita vista, ¿verdad? —masculla sin interés en lo alto de Potala, cuyos muros se yerguen sobre la montaña que vislumbra una privilegiada vista de la capital del Tíbet.

—Sí, es sobrecogedora —contesto reparando en los enormes sectores igualados de edificios de viviendas, de construcción reciente, que predominan en el paisaje y en un extrarradio copado por las grúas y los esqueletos de inmuebles en pleno alumbramiento. 

—¿Qué parte corresponde a la Lhasa tradicional?

—¿La Lhasa tibetana? Ah, solo ese pequeño sector de ahí —responde señalando una mínima porción de la vista, caracterizada por viviendas bajas encaladas—. Todo es nueva construcción china. 

—¿Pero es para los tibetanos? 

—No, para los chinos. Nosotros no nos lo podemos permitir —responde.

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