Santi Palacios

Sobre las cenizas de Moria

El incendio que devoró el mayor campo de refugiados de Europa ha acelerado la aplicación de la restrictiva política migratoria de Grecia

Vania Turner

Videoperiodista

Maribel Izcue

Letra oriental
12 de Noviembre de 2020

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Son las 5 de la mañana, noche cerrada en la isla griega de Lesbos. En medio de la oscuridad, un helicóptero sin luces sobrevuela el brazo de mar que separa Lesbos de Turquía. Es la patrulla de Frontex (la agencia europea de protección de fronteras), que controla la frontera marítima para evitar el cruce de pateras desde las costas turcas a la isla griega.

A pocos kilómetros, en la carretera que bordea la costa norte de Lesbos, hay policías apostados cerca de un pequeño campamento de refugiados que parece abandonado. Es la misma carretera en la que la presencia policial brillaba por su ausencia en 2015, el año en que se produjeron más llegadas de solicitantes de asilo desde Turquía. 

Más al sur, en una zona interior de la isla, otra patrulla restringe el paso a lo que queda del campo de refugiados Moria, el que fuera el mayor de Europa, arrasado por un incendio en la noche del 8 de septiembre. A pocos kilómetros de allí, en el litoral, la entrada al nuevo campo de emergencia al que han sido trasladadas más de 7.200 personas que malvivían en Moria está fuertemente custodiada por la policía y cerrada a los periodistas. Estamos a finales de octubre y en las afueras de la capital, Mitilini, otro pequeño campamento gestionado por una oenegé para los refugiados más vulnerables está a punto de ser desalojado por las autoridades.

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