Simone Dalmasso

Saltar al vacío y seguir caminando

Una caravana con cientos de centroamericanos atraviesa una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo sin esconderse. Exhaustos y doloridos, están haciendo historia.

Simone Dalmasso

Fotoperiodista

Alberto Pradilla

Desde Centroamérica
25 de Octubre de 2018

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Una joven de gorra calada, piel clara y mochila en la espalda trepa a través de la verja de un costado del puente internacional Rodolfo Robles, que une las ciudades de Tecún Umán (Guatemala) y Ciudad Hidalgo (México). La jalean. Son dos metros y medio para llegar al otro lado y colocarse en posición de salto. Son algo más de 10 metros para zambullirse en el agua del río Suchiate, frontera natural entre ambos países. “¡Salta, güera!”, grita alguien. Echa un vistazo hacia abajo. No se decide. A su lado, otro tipo también con gorra, camiseta negra y una enorme bolsa lleva cinco minutos pensándoselo. En el puente no cabe ni un alfiler. Están cansados, sudorosos, doloridos, decepcionados. La puerta a México está cerrada. Llevan cinco días en ruta. El panorama al frente está claro, portón cerrado, policías formados. Así que todos miran hacia este borde, donde mujer y hombre dudan, con la malla metálica a sus espaldas y el vacío por delante. Desde abajo, les animan, a gritos, a que den el paso. Ella es la primera. Mira a ambos lados. Toma aire. Desaparece.

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