Angelo Carconi /AP

Salvini primero

La xenofobia y el personalismo se mezclan en la figura del ministro del Interior italiano

Santi Palacios

Fotoperiodista

Maribel Izcue

Letra oriental
16 de Mayo de 2019

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Hacia la misma hora a la que Francis trepa al interior de una patera en una playa cercana a Trípoli, el AC Milán sale al terreno de juego en el norte de Italia para enfrentarse al Chievo Verona

Los tifosi ocupan sus asientos en el estadio de San Siro. Francis, unos 1.400 kilómetros al sur, se apretuja entre más de un centenar de hombres y mujeres, varias de ellas embarazadas. También hay algunos niños. Una lancha motora ha sondeado las aguas antes para asegurarse de que no hay guardacostas a la vista: el bote se adentra en el mar y se aleja despacio de la costa libia, rumbo a Italia. 

En la lejana grada del Milán estalla la alegría: el colombiano Carlos Bacca ha entrado en el área por la izquierda y ha inaugurado el marcador para el equipo local. Unos minutos después el árbitro pita penalti para el Chievo y el holandés De Guzmán lo transforma en gol. Termina en tablas la primera mitad del partido. 

En las aguas del Mediterráneo, cada vez más agitadas, la patera no ha recorrido ni la mitad de su trayecto. El hombre al mando mira su brújula e intenta llamar por el móvil al traficante que se ha quedado en tierra. No hay cobertura. Las olas son muy altas, el bote baila enloquecido y trece personas caen en cadena al agua. Gritos, miedo. Solo consiguen rescatar a dos: el resto desaparece bajo un mar que sigue golpeando la barca. No pueden hacer nada. 

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