Miles de libaneses también huyen de una nueva guerra contra Israel, aunque la violencia nunca se había marchado del todo: a pesar del alto el fuego entre Hezbolá e Israel a finales de 2024, el Ejército israelí había seguido atacando posiciones libanesas en el sur del país. La reactivación de la guerra tras los ataques contra Irán —a los que Hezbolá respondió lanzando cohetes contra Israel— ha ampliado los bombardeos sobre tres puntos críticos del territorio: la capital, Beirut; el Valle de la Beká, cercano a la frontera con Siria; y el sur del Líbano, en una franja de 30 kilómetros que marca la frontera con Israel y donde el Ejército está aplicando una estrategia de tierra quemada. Al igual que hace en Gaza o Siria, Tel Aviv utiliza los bombardeos para extender las llamadas zonas de contención, franjas de tierra quemada que separan Israel y Líbano, bajo el pretexto de proteger a sus poblaciones del norte de los cohetes de la milicia chií.
En doce días, los bombardeos han acabado con la vida de más de 600 personas y han desplazado a cerca de 800.000, cifras que previsiblemente aumentarán mientras no cese la violencia. Durante la madrugada del jueves, Hezbolá, milicia respaldada por el régimen de los ayatolás, lanzó una operación coordinada con Irán contra Israel. La ofensiva se prolongó durante cinco horas, en las que se lanzaron alrededor de 200 misiles y drones contra más de 50 objetivos, según la agencia de noticias iraní Tasnim. Los ataques no reportaron víctimas mortales. Israel, por su parte, respondió con nuevos bombardeos sobre la capital, donde viven más de 2 millones de personas. Si quieres saber más sobre el conflicto en Líbano, te recomendamos esta crónica de la periodista Marta Maroto desde Beirut y Beká.
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