Una de cada cinco personas en Líbano ha tenido que desplazarse desde el inicio de esta guerra, según Naciones Unidas. La cifra es demoledora incluso para un país que en el último lustro ha encadenado una profunda crisis económica y humanitaria y varias guerras. Junto a los más de tres millones de desplazados en Irán, estas tres semanas de guerra comienzan a perfilar una de las mayores crisis de desplazados de los últimos años. Líbano se vacía por sus flancos sur y este a medida que las fuerzas israelíes se internan en su territorio. Esta semana, Israel anunció la muerte de más de una veintena de combatientes de Hezbolá y advirtió de que destruirá todos los puentes que conectan el sur con el resto del país para acorralar a la milicia chií. En la práctica, esta estrategia amenaza con dejar a miles de personas aisladas bajo una de las campañas militares más intensas en décadas.
Para el millón de desplazados que huyen de sus casas resulta difícil encontrar refugio en un país que no llega a los seis millones de habitantes. La mayoría se ha trasladado a Beirut, pero la capital está lejos de ser un lugar seguro. Los constantes bombardeos israelíes han golpeado el centro urbano durante toda la semana. El miércoles tuvo lugar la jornada más intensa. Los ataques estuvieron dirigidos contra edificios residenciales y dejaron más de 20 personas muertas y decenas heridas. Este nuevo capítulo en la guerra entre Hezbolá e Israel ha dejado más de un millar de muertos. Naciones Unidas advirtió esta semana de que los ataques aéreos contra zonas residenciales, personas desplazadas y personal sanitario podrían constituir crímenes de guerra.
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