Líbano también contabiliza muertos a diario. Es el otro gran frente de esta guerra. Los ataques se concentran en varias zonas del país, especialmente en el sur y en la capital, Beirut. Tel Aviv lanzó esta semana una nueva oleada de misiles y drones supuestamente dirigidos contra la milicia chií Hezbolá, pero que afectaron a centros urbanos y acabaron con la vida de decenas de personas. En total, los bombardeos israelíes han asesinado a más de 1.000 personas y han desplazado a más de un millón, según las autoridades libanesas. Los ataques también han dejado sin atención médica a miles de personas. Desde el estallido de esta guerra a finales de febrero más de 60 centros sanitarios han sido atacados por Israel, con un saldo de al menos 40 trabajadores médicos muertos y otros 91 heridos, según Médicos Sin Fronteras.
Los constantes ataques facilitan la entrada de tropas israelíes en territorio líbanes y allanan el terreno a una invasión a gran escala en el sur del país. La semana pasada, Israel amenazó con bombardear todos los puentes que conectan las áreas al sur del río Litani con el resto de Líbano. El objetivo de Tel Aviv es construir una “zona de seguridad”, que en la práctica serviría para ampliar sus fronteras por el norte. Se trata de una estrategia similar a la que el Ejército israelí ha llevado a cabo en el pasado en Gaza o Siria. Este martes, el ministro israelí de Defensa admitió que su país quiere “controlar” todo el sur de Líbano. Hezbolá, por su parte, aseguró que tiene intención de seguir luchando. Si quieres saber más, te recomendamos leer esta crónica de Marta Maroto desde Beirut y el Valle de la Bekaa, o escuchar este podcast acerca de las consecuencias de la guerra en todo Oriente Medio.
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