De hablar de la destrucción total de Irán a acordar una frágil tregua: tras amenazar el lunes con “erradicar una civilización”, Donald Trump aceptó un alto el fuego de dos semanas con Teherán. El acuerdo entró en vigor la madrugada del miércoles, a escasos minutos de que expirara el último de los sucesivos ultimátums lanzados por el presidente estadounidense, que llegó a amenazar con devolver a Irán a la “Edad de Piedra”. Las negociaciones para el cese del fuego estuvieron abanderadas por un protagonista inesperado: Pakistán. Las conversaciones se han trasladado a su capital, Islamabad, donde se deben decidir los puntos para una futura paz. El contexto es el de una tregua que se tambalea, con Líbano en el centro de la disputa. Pakistán indicó desde el inicio que este país estaba incluido en el alto el fuego, pero Estados Unidos e Israel —que lleva a cabo una intensa campaña de bombardeos sobre territorio libanés— sostienen lo contrario. Teherán exige el cese total de los bombardeos contra el país y sus aliados, y considera que los ataques israelíes contra Líbano son una clara violación de la tregua, por lo que ha intensificado el bloqueo de Ormuz, por el que circula una quinta parte del gas y el petróleo mundial. La reapertura de Ormuz era una de las condiciones impuestas por Estados Unidos para aceptar una tregua que tiene un futuro incierto.
El transcurso del conflicto sigue marcando el precio del crudo. La corrección de los mercados ha dejado caídas de casi el 20% en los precios del barril de petróleo que, por primera vez en semanas, ha bajado del umbral de los 100 dólares en las principales referencias globales.
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