Rusia estudia importar combustible por primera vez en años ante el impacto de los ataques ucranianos contra sus refinerías, una posibilidad que el Gobierno analiza junto a otras medidas de emergencia como restringir aún más las exportaciones de diésel. El Kremlin reconoce que la situación es “difícil pero manejable”.
Los bombardeos ucranianos han dañado instalaciones estratégicas, entre ellas la principal refinería de Moscú, que abastece cerca del 40% del combustible de la capital y permanecerá inactiva al menos seis meses. Además, la producción rusa de gasolina cayó un 25% entre el 15 y el 21 de junio respecto al mismo periodo de 2025. Esta escasez ya ha obligado a imponer restricciones a la venta de combustible en al menos 24 regiones, además de afectar al transporte aéreo.
Mientras el Kremlin insiste en que la crisis no alterará el rumbo de la guerra, la ofensiva ucraniana contra las infraestructuras energéticas está aumentando también la presión sobre la economía rusa. El incremento del gasto militar, el deterioro de las cuentas públicas y la desaceleración económica obligan a Moscú a asumir un coste cada vez mayor para sostener la invasión.
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