Y mientras todos los focos están puestos en el caso Epstein, se intensifica una de las mayores crisis humanitarias y de desplazados del mundo. La rápida expansión de los combates entre Ejército y milicias en Sudán del Sur han dejado esta semana a miles de civiles atrapados en mitad del conflicto en el estado de Jonglei, en el este del país. El martes, el Ejército sursudanés bombardeó un hospital en la localidad de Lankien. La rápida intervención del personal, que consiguió desalojar el centro horas antes del ataque, logró que no se reportaran víctimas mortales, aunque según MSF, la ofensiva destruyó el almacén principal y los “suministros críticos”. Horas antes, varios asaltantes saquearon un centro de salud de MSF en la localidad de Pieri, también en Jonglei, que daba asistencia a más de 250.000 personas.
Los ataques se producen en un momento crítico. Con más de 200.000 desplazados en el último mes por la violencia y un aumento de los casos de cólera, los centros de salud no pueden sostener las necesidades básicas de la población. Pero la ayuda humanitaria sigue sin llegar. A pesar de los esfuerzos de agencias y organizaciones, el acceso sigue siendo muy difícil debido a los intensos bombardeos y las restricciones de movimiento en el terreno. En un comunicado reciente, la ONU declaró que el país cumple “todas las condiciones para una catástrofe humana”. En la actualidad, más de 4 millones de personas han huido de sus hogares y alrededor del 75% de la población necesita ayuda humanitaria.
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