Más de seis años después de que Estado Islámico perdiera el último reducto de territorio en Siria, miles de combatientes, esposas, viudas e hijos se encuentran en un limbo administrativo. En el noreste del país, los campos de al-Hol y al-Roj albergan a alrededor de 30.000 personas, de las cuales cerca de un tercio son extranjeros. Organizaciones humanitarias denuncian detenciones arbitrarias y condiciones de vida pésimas y reclaman la repatriación urgente de niños y mujeres a sus países de origen. En este contexto, alrededor de 500 yihadistas han sido trasladados a cárceles de Irak aunque el Gobierno ya ha anunciado su negativa a admitir más y amenaza con decapitarlos si se les presiona a aceptarlos. Esto ocurre después de una ofensiva del Gobierno contra las zonas controladas por las Fuerzas Democráticas Sirias, una milicia kurda que durante la última década ha dominado gran parte del noreste del país y que ahora deben integrarse las estructuras del Estado.