La máscara talibán

La apariencia de seguridad y el dominio militar del nuevo Emirato Islámico de Afganistán esconden el dolor de una sociedad rota

La máscara talibán
Talibanes en la colina de Bibi Mahru, con vistas sobre todo Kabul. Anna Surinyach

Cae un mundo. Todo parece igual, pero nada lo es. Los cláxones y los timbres y el bullicio de Kabul son mentira, porque cada vez hay menos gente con trabajo. Son mentira los niños dándose un chapuzón en el arroyo de un desfiladero, porque detrás de su alegría hay familias enteras buscando la manera de escapar del país. Son mentira las tiendas de ropa o de verduras o de frutas o el emblemático mercado de pájaros de Kabul porque cada vez hay menos compradores, son mentira las mujeres que se manifiestan porque no tienen ese derecho, son mentira las promesas de Occidente de que no dejarían a nadie atrás, son mentira las promesas del Emirato Islámico de Afganistán a la comunidad internacional porque ya hay ejecuciones y represión, son mentira las banderitas blancas del Emirato que unos pocos colocan en sus bicicletas y sus coches, son mentira los talibanes…

Contenido solo para socios/as

Otra forma de ver el mundo es posible. Si te haces ahora socio/a recibirás en unos días 'El compromiso de la fotografía'. Además, tendrás acceso ilimitado a la web y en primavera te enviaremos nuestra revista en papel con más de 250 páginas.

Suscríbete ahora
Ir al principio
Esta web, como todas, usa cookies. Si estás de acuerdo, pincha en 'Aceptar'.