‘Axolotl’, la nostalgia de la utopía

El ajolote es un anfibio, pariente de las salamandras, de 25 centímetros de largo y pinta de renacuajo, con cuatro patas de dedos puntiagudos y la típica cola de los reptiles.

Nací en la Ciudad de México y mi ombligo sigue enterrado ahí. Por esa razón, para mí hablar de un ajolote, axolotl en idioma náhuatl, es algo tan natural como hablar de peces, serpientes o algún jabalí. Pero hace unos días, en la presentación del número temático de la revista 5W sobre el agua, pregunté a los presentes si alguien sabía de este animal; una tímida mano se levantó por ahí, y mi axolotl interior decidió que había que escribir esta columna.

El ajolote es un anfibio, pariente de las salamandras, de 25 centímetros de largo y pinta de renacuajo, con cuatro patas de dedos puntiagudos y la típica cola de los reptiles. Tiene tres pares de branquias que salen de la base de su cabeza hacia atrás; ojos pequeñitos sin párpados, y piel lisa marrón —aunque puede haber ejemplares que van desde el gris hasta el albino—. Es endémico del Valle de México, el sistema de cinco lagos sobre el cual se fundó la Ciudad de México, y los relatos aztecas ya le daban un papel protagónico: descrito con las palabras en náhuatl “atl”, agua, y “xolotl”, monstruo, nuestro pequeño monstruo acuático estaría relacionado con Xólotl, hermano del dios Quetzalcóatl, a quien los demás dioses querían matar debido a su fealdad. Xólotl huyó, se metió al agua, y se transformó en este anfibio que hoy está en peligro de extinción, pero que continúa resistiéndose a morir.

Hay dos características del ajolote que me resultan fascinantes.

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Eileen Truax

Eileen Truax es periodista especializada en migración y política. Inició su carrera en México y vivió durante dos décadas en Estados Unidos, donde cubrió cuatro elecciones presidenciales. Su trabajo se ha publicado en medios como The Washington Post, The New York Times, Newsweek, El País, El Faro, y Gatopardo, entre otros. Es autora de Dreamers, la lucha de una generación por su sueño americano (2013); Mexicanos al grito de Trump. Historias de triunfo y resistencia en Estados Unidos (2017); y El muro que ya existe. Las puertas cerradas de Estados Unidos (2019) —los tres traducidos al inglés—, y de la novela Fecha de Caducidad (2015), escrita a seis manos con Beatriz Rivas y Armando Vega-Gil. Sus textos periodísticos se han publicado en otros ocho libros colectivos y es editora de Una Lucha Compartida (2022), un texto biográfico sobre la activista feminista mexicana Lucha Castro. Es doctora en Medios, Comunicación y Cultura por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), donde imparte clases de Periodismo Literario, y es consultora sobre narrativas de migración para la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) en América Central. Formó parte del equipo que recibió el Premio Desalambre de Periodismo Multimedia (2019) y fue finalista del XLV Premio Internacional Afundación de Periodismo Julio Camba (2024). Vive en Barcelona.

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