Cuba se enfrenta a su peor crisis económica en décadas. A finales de enero, Donald Trump volvió a recurrir a su política arancelaria para asfixiar al gobierno de Miguel Díaz-Canel y bloquear el suministro de petróleo a Cuba. Dos semanas después, el país —que ya estaba sumido en una profunda crisis social y económica— se encuentra al borde del colapso energético. En mitad del desconcierto, miles de civiles llevan semanas comprando provisiones, mientras capean los constantes apagones, que afectan a más de 3 millones de personas. El desabastecimiento también tiene consecuencias cruciales en el turismo, un sector clave en la maltrecha economía cubana. Varias aerolíneas han suspendido temporalmente sus vuelos en el país. En paralelo, Rusia —la segunda mayor fuente de turistas de Cuba después de Canadá— anunció esta semana la repatriación de 4.000 viajeros.
Más allá de sus fronteras, la vida se complica también para miles de cubanos que pretenden llegar a Estados Unidos. A inicios de esta semana, el Gobierno de Nicaragua anunció la eliminación del libre visado para los ciudadanos cubanos. Se trata de una nueva concesión a Washington, ya que Nicaragua es la principal escala de los cubanos que migran a Estados Unidos. Tanto dentro como fuera de los límites de Cuba, la presión de Washington se cierne sobre la mayor de las Antillas. Con Maduro fuera de escena y el resto de aliados atenazados por los aranceles, este jueves el presidente de Cuba dijo estar dispuesto a dialogar con Donald Trump de cualquier tema, siempre que sea “en condición de igualdad y sin presiones”.
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