Madurismo sin Maduro y bajo control de Washington en Venezuela. El 3 de enero, fuerzas estadounidenses bombardearon varios puntos estratégicos en Caracas y otros estados, capturaron a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, los sacaron por la fuerza del país y los llevaron a Nueva York. El ataque, según las autoridades venezolanas, dejó un centenar de muertos, además de dinamitar los fundamentos del orden internacional. El pretexto fue la lucha contra el narcotráfico —Trump acusa a Maduro de “narcoterrorismo—”, aunque muy pronto el líder republicano confirmó su interés por la industria del petróleo de este país, que alberga las mayores reservas del planeta. Además, en un movimiento que dejó perpleja a la oposición venezolana, rechazó apoyar a la Nobel de la Paz María Corina Machado para dirigir un proceso de “transición” —que estará controlado por Washington hasta que llegue el momento “adecuado”— y en su lugar respaldó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez: al frente del poder ejecutivo, Rodríguez se ha convertido en la representante de un madurismo sin Maduro que colabora de forma estrecha y forzada con Washington. Por su parte, Maduro y su esposa permanecen por ahora en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. El depuesto mandatario está acusado de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína, cargos que ha rechazado al insistir en que se considera un “prisionero de guerra”.
En su primera conferencia de prensa tras la operación, Trump dijo que Estados Unidos tomará el control del país y de su industria petrolera: en esta última irrumpirán grandes empresas estadounidenses para hacer “fluir” el crudo. El martes, aseguró que Venezuela suministrará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos y dijo que los ingresos por su venta serán “para beneficiar” a la gente de ambos países. Mientras tanto, las autoridades venezolanas anunciaron la liberación de un “número importante” de presos políticos como “gesto de paz unilateral”. Entre los primeros liberados había cinco ciudadanos españoles, que este viernes aterrizaron en el madrileño aeropuerto de Barajas.
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