Resistencia para no rendirse

Un recorrido por las formas visibles e invisibles de resistir desde el cuerpo o la memoria

Resistencia para no rendirse
En un taller de autocuidado, activistas por la justicia reproductiva comparten herramientas para cuidarse, apoyarse y hacer frente a la represión. Inspirado en la Marea Verde, el encuentro también sirvió para intercambiar estrategias. 12 de octubre de 2025, Mission, Texas (EEUU). Mahé Elipe

Las resistencias adoptan muchas formas. Las hay silenciosas, casi invisibles. Pero incluso en sus gestos más sencillos mantienen viva la esperanza. Desde Colombia hasta Turquía. Desde quienes cruzan el Mediterráneo hasta la chispa nacida en Nueva Orleans que hoy nos hace movernos al ritmo del dem bow o el bounce. Y también en Texas, donde el cuerpo vuelve a ser territorio de disputa.

Conservar la dignidad en estos lugares es la lumbre que aviva la llama de la resistencia. En un mundo donde tienen más protagonismo las expresiones de resistencia visibles —movilizaciones, disturbios, enfrentamientos—, hablar de otras formas de resistir ayuda a ponerlas en valor.

Esas batallas silenciosas sostienen a la humanidad. En nuestro nuevo número en papel, Resistencia, nos hemos acercado a algunas de ellas.

Una paz esquiva

La paz resiste en el bar cooperativo La Casa de la Paz, en Colombia. Un lugar “muy mamerto” —como dicen allí para referirse a lo que es de izquierdas— donde jóvenes y mayores intentan reconstruir el tejido social de un país que, tras los acuerdos de paz, busca abrir espacios de convivencia donde antiguos guerrilleros de las FARC se reinventan y comparten mesa con nuevas generaciones de la izquierda colombiana.

Nos lo cuenta en una crónica de esta revista Igor G. Barbero, con fotografías de Alexa Rochi.

¿Cómo se convive después de la guerra? ¿Qué significa dejar las armas cuando las condiciones que las hicieron necesarias siguen ahí? ¿Qué lectura hacen hoy quienes un día empuñaron un fusil?

Creada en 2021, la Casa de la Paz ha sido fruto de la interrelación con distintas organizaciones y sectores sociales que no tienen una imagen negativa de quienes fueran guerrilleros de las FARC. O, si la tienen, “se han ido desmitificando”, dice Doris Suárez, quien empezara a luchar en las FARC durante la agitada década de los 80.

Tras el acuerdo de paz de 2016, los incumplimientos en el acceso a la tierra y a la participación política no han dejado de producirse, a lo que se suma, como principal obstáculo, la falta de seguridad, según Álex Monroy, excombatiente de las FARC y uno de los socios fundadores de la Casa de la Paz. Por eso iniciativas como esta son tan interesantes. Lee esta historia en nuestra nueva revista.

“Legitimar la tortura de alguien hará que legitimen la tuya”

Şebnem Korur Fincancı, médica turca y expresidenta del Colegio Médico de Turquía, posa en su casa de Kadıköy, Estambul. Bradle Secker

También hacen de la perseverancia una forma de resistencia quienes documentan la tortura durante toda una vida para defender los derechos humanos.

Sebnem Korur Financi, entrevistada por Andrés Mourenza, es una de las voces de este número 11. Forense y activista, además de fundadora y dirigente de la Fundación Derechos Humanos de Turquía, se pasa la vida atrapada en los tribunales, ya sea por sus propios juicios o para dar apoyo a compañeros y compañeras. No le teme a la cárcel ni a que la maten: solo tiene miedo “a llevar una vida sin dignidad”.

Financi se ha pasado toda la vida investigando, divulgando y actuando contra la tortura en Turquía y en todo el globo. “Si consideras legítima la tortura de alguien, sin duda habrá quienes consideren legítimo que a ti también te torturen”.

Se infiltra en cualquier recoveco para determinar si una muerte que se cierra alegando ausencia de signos de violencia es en realidad un caso de tortura. Muchas veces así lo es.

“Una solo se vuelve pesimista cuando se retira del activismo, cuando deja de luchar”, dice. “Pese a que una victoria total sea imposible, podemos ir acumulando pequeñas victorias”.

Reguetón y twerk

No todas las resistencias se libran en los tribunales. Algunas han pasado —y pasan— por el cuerpo. Bailar también ha sido, en muchos contextos de opresión, una forma de resistir. De ahí parte el ensayo Desculonización, de June Fernández.

“La estrella del pop Miley Cyrus descubrió el twerk en la misma medida que Cristóbal Colón descubrió América”, escribe Fernández. 

No se puede entender el twerk sin hablar de Congo Square, la emblemática plaza de Nueva Orleans donde los muscogee se reunían para bailar y cantar antes de la colonización. Los domingos, las personas negras, caribeñas e indígenas convertían Congo Square en un lugar de creación, celebración y de fusión de todas estas culturas. Allí se crearon formas nuevas y únicas de divertirse y resistir: desde el jazz hasta el twerk. En este ensayo, Fernández nos invita a pensar si, más allá de los estereotipos, perrear o menear el culo también puede ser una forma de desobedecer y desculonizar el sistema.

Ilustración para el ensayo 'Desculonización'. Cinta Fosch

Repartidoras de pastillas anticonceptivas en Texas


El cuerpo no solo es un espacio de expresión o resistencia simbólica. También es objeto de control.

Tras la “ley del latido” de 2021, en Texas las mujeres han sido prácticamente privadas de opciones para abortar. Lo que debería ser un derecho garantizado se convierte en logística clandestina. Lo cuenta la fotógrafa Mahé Elipe en su crónica visual Solidaridad reproductiva.

En 2024, 28.000 texanas tuvieron que cruzar la frontera mexicana para obtener ellas mismas las píldoras. 

Ante esta situación, las redes de solidaridad se activan. Desde pegar en postes códigos QR sobre cómo lograr píldoras abortivas hasta organizar eventos educativos para combatir la falta de información. Gestos discretos que simbolizan la creatividad y la resistencia cotidiana frente a las agresiones sistemáticas contra los derechos reproductivos de miles de mujeres.

Botellas en el mar

Hay gestos aparentemente pequeños que devuelven dignidad a quienes han perdido a un ser querido. Es lo que explora Séverine Sajous en su crónica visual Botellas en el mar.

¿Qué se puede hacer cuando las llamadas se detienen? ¿Cuando el móvil deja de sonar al otro lado del mar? Tras esta espera llega otra: ¿Dónde están? ¿Llegaron? ¿Fueron detenidos? ¿Murieron en el Mediterráneo?

Sajous rastrea ese vacío a través de una imagen tan universal como antigua: botellas con mensajes lanzadas al mar, de destino incierto, para enviar a sus seres queridos la despedida que las políticas migratorias de la Unión Europea les arrebataron.

Souad Ben Sassi es madre de Badreddine Msalmi, desaparecido el 14 de marzo de 2011. Desde hace más de doce años recorre Túnez y el extranjero con el retrato de Bader en una búsqueda obstinada. Ha creado una botella simbólica con un poema en su interior: Carta a mi hijo que atraviesa el mar. Severine Sajous

Hay tantas formas de injusticia y dolor como de resistencia. Por eso en esta revista hemos decidido centrarnos en esas historias que cuentan cómo se articula la reacción a la violación de los derechos humanos. Si quieres leerlas, puedes hacerte con un ejemplar aquí o puedes suscribirte aquí para recibirla en casa, además de acceder a todos nuestros contenidos exclusivos para socios y socias.

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