¿Y las fotos?

En esta pequeña trinchera la fotografía sigue encontrando el espacio que merece

¿Y las fotos?

En el suelo había esturreadas unas 200 fotografías de 7×5 centímetros. Parecían cromos, pero en realidad eran pequeñas reproducciones de la realidad que queríamos contar. Entre aquellas imágenes tenía que escoger las que aparecerían en el primer número en papel de la revista 5W, Después de la guerra. Eran las imágenes de una revista que aún no existía. Eran las imágenes de fotoperiodistas a quienes admiraba y que ahora estaban en mis manos: tenía la responsabilidad de construir un relato visual coherente con ellas. Un relato que hiciera justicia a sus trabajos y también al espíritu que buscábamos con aquella primera revista de periodismo de larga distancia. 

Eran las imágenes de un sueño colectivo.     

Aún no teníamos redacción, así que el grupo del papel, como lo llamábamos, se reunía en un piso de Barcelona para conspirar y crear esta primera revista. Como editora gráfica, yo estaba metida en todos los contenidos pero sobre todo en la fotografía. Miraba aquellos miniaturas que recordaban a los cromos que coleccionamos en la infancia, y que había impreso para tener una visión global de la publicación. Los distribuía, imprimía frases de los textos que las acompañarían y no sabía por donde empezar a meterlas en página. Sabíamos que el papel sería una de las patas innegociables de 5W. Nos gustaba la idea. Pero durante aquellos meses previos a la publicación de nuestro primer número maldije el día que esa idea se cruzó por la cabeza de Agus Morales. No había escapatoria, porque habíamos prometido a centenares de personas en un crowdfunding que si nos apoyaban le daríamos, entre otras cosas, una revista en papel.

Mi función fue desde el principio hacer que las fotografías que publicamos cuenten historias, que narren: huir de la mera función ilustrativa de la imagen. Las fotografías deben ir más allá del texto, no servir solo para rellenar huecos en blanco. Las imágenes tienen que lograr que alguien tenga ganas de informarse. Mi empeño constante es conseguir imágenes que generen en el espectador las preguntas suficientes para querer leer o conocer mejor las realidades que contamos.

En ese primer número había trabajos de fotógrafos como Manu Brabo o Ricard G. Vilanova. Me hacía mucha ilusión publicar también a Fátima, una joven fotógrafa siria que conocí en el campo de refugiados de Zatari (Jordania). Era la primera vez que me enfrentaba a la página en blanco con trabajos ajenos y eso me daba vértigo. Fue también durante esos meses cuando imaginamos y diseñamos el formato de la revista. Las reuniones, que acostumbraban a desembocar en cenas, estábamos la diseñadora y maquetadora, Laura Fabregat, la ilustradora, Cinta Fosch, Agus y yo. En la mesa se mezclaban restos de sushi con decenas de revistas y libros que nos servirían como inspiración. Laura marcaba con post-it las páginas que le interesaban, Cinta nos traía propuestas de revistas que utilizaban la ilustración como elemento principal y juntas íbamos imaginando el puzle de lo que sería el papel de 5W, nuestro buque insignia. El libro Carnets de reportages du XXIe siècle, de la fotógrafa Veronique de Viguerie y la periodista Manon Quérouil-Brunel, fue nuestra gran inspiración para los primeros números. 

En la cubierta del número 1 colocamos una fotografía de Diego Ibarra Sánchez en la que vemos un soldado estadounidense en un gimnasio con aire acondicionado. Lo que no se ve es que ese gimnasio no se halla en Estados Unidos, sino que forma parte de un complejo militar en Afganistán. El soldado lee un libro mientras pedalea sobre una bicicleta estática. La imagen tenía algo que hoy, once años después de nuestro nacimiento, seguimos buscando en cada fotografía que publicamos: huía de los clichés, no era la imagen típica que publicábamos sobre una guerra, generaba preguntas y se refería a la primera gran guerra del siglo XXI: Afganistán. Y a lo que ya se adivinaba como una terrible posguerra.

Cuando empezamos la única de las fundadoras que utilizaba la fotografía como elemento principal para narrar era yo, así que me tocó ese papel de editora gráfica. O, como me dijo una vez Xavier Aldekoa, yo era la encargada de “ordenar cromos”. ¡Y en el número 1 lo hice de forma literal!

5W ha sido la excusa perfecta para buscar, ver y encontrar mucha fotografía. Para investigar constantemente formas de narrar y para intentar ofrecer a la gente que nos apoya, esa gente maravillosa que lee y mira lo que pasa en el mundo, discursos narrativos y fotográficos poco frecuentes en la prensa hegemónica. 

En esta pequeña trinchera la fotografía sigue encontrando el espacio que merece.

O al menos eso intentamos.

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