Este libro empieza con un regreso, el de Charlotte Delbo a la vida. En 1943 Delbo fue
enviada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en un convoy con
230 mujeres francesas. Solo 49 regresaron. Por eso La
medida de nuestros días empieza con el enmudecimiento de una mujer que ya no sabe si
está viva, pero que ha regresado. Aunque, un alto aquí, porque he dicho que este libro
empieza con un regreso, pero es una manera de hablar. La vuelta no es aquí posible. Las
palabras nos sirven como guía, pero Delbo sabe, sobre todo después de lo que le ha
ocurrido, después de lo que ha visto, que no podrá volver a utilizarlas de la misma
manera. Que hambre, dolor y miedo son palabras huecas, a la espera de un significado
que no llega. Y no sabe si llegará.
Me impresionaron enormemente las primeras páginas. Iba absorta en ellas en un tren
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