El mundo es un lugar cada vez más angosto y asfixiante. También para la prensa. Estar allí donde suceden las cosas se ha convertido en una tarea imposible en muchos lugares del planeta. Se nos ha vendido que la realidad se ha trasladado a las redes sociales, pero la imagen que estas devuelven es la de un mundo plano, dominado por el odio y la división. Aceptarlo es sucumbir a una visión simplista de nuestro tiempo. El periodismo debe rebelarse ante el derrotismo que permea, desde arriba, a amplias capas de la población. Para ello se requiere una dosis implacable de resistencia.
Por primera vez en la historia, las condiciones para ejercer el periodismo son malas en la mitad de los países del mundo, según el último informe sobre la libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras. Es el diagnóstico de un mundo cada vez más hermético, y Gaza es el mejor ejemplo de ello. Desde los ataques del 7 de octubre de 2023, Israel ha vetado sistemáticamente la entrada a la prensa internacional, al mismo tiempo que ha terminado con el 25% de los periodistas en la Franja. Pero no solo ocurre en Gaza: la tendencia es global y va en aumento. El año pasado, 129 periodistas y trabajadores de medios de comunicación fueron asesinados. Se trata de la cifra más alta jamás registrada, que hasta el momento lo ostentaba 2024, con 124 periodistas muertos.
El otro gran enemigo de la libertad de prensa es la economía. Cientos de medios se han visto obligados a cerrar en los últimos años debido a la crisis financiera que atraviesa al sector desde hace décadas. En otras ocasiones, los recortes masivos responden a presiones políticas. El despido de un tercio de la plantilla del mítico periódico estadounidense The Washington Post, propiedad del multimillonario Jeff Bezos, en febrero de este año, es un símbolo de esta crisis anunciada.
Pero ante el silencio que algunos pretenden imponer, ante el auge de los autoritarismos y los constantes ataques contra la libertad de expresión, el periodismo resiste. Lo hace a duras penas, porque no tiene otro remedio. Pero lo hace. Por eso, en nuestro nuevo número en papel —Resistencia— aparecen testimonios de reporteros y reporteras que llevan la resistencia por bandera. El periodismo que encarnan está hecho de una mezcla de compromiso, valentía y espíritu combativo.
Como el de Youmna El Sayed, quien menos de un mes después de los ataques de Hamás en octubre de 2023, recibió una llamada de un oficial del Ejército israelí que la avisaba de un ataque inminente contra el edificio en el que vivía junto a su marido y sus cuatro hijos. El bloque quedó reducido a escombros, pero consiguieron sobrevivir. A principios de diciembre, después de cambiar varias veces de ubicación, huyó con su familia a El Cairo. Desde entonces, Youmna vive como refugiada en la capital egipcia, donde no puede ejercer como periodista. Le sigue acechando el sentimiento de culpa por haber dejado atrás la Franja, pero dice que es más útil fuera que dentro. Ahora viaja por todo el mundo denunciando las atrocidades de Israel, critica la complicidad de Occidente y carga contra la parcialidad de los medios internacionales.
“Al mundo no le importa lo que les pase a los palestinos. No le preocupa cuántos bebés o niños, o mujeres, o ancianos, o periodistas, o profesores, mueran. El 7 de octubre todo el mundo quedó consternado por los atentados de Hamás. Se difundieron historias de bebés decapitados y mujeres embarazadas que fueron violadas y a las que después les rajaron el vientre para extraerles a los bebés. Nadie aportó pruebas. Luego se ha demostrado mediante informes e investigaciones que era mentira. Pero al mundo occidental no le importa. No están dispuestos a mirarnos con la misma empatía”, dice en la entrevista con ella que publicamos en este número 11.
La prensa libre
Youmna El Sayed ha conseguido sobrevivir al infierno de Gaza, pero la Franja está llena de periodistas que no lo lograron. Al menos 250 han sido asesinados por el Ejército israelí desde los ataques del 7 de octubre de 2023, lo que lo convierte en el conflicto más mortífero para la prensa desde que hay registros. “El equivalente en España habría supuesto cerca de 4.000 periodistas borrados del mapa”, escribe la periodista Ebbaba Hameida, en el ensayo La prensa libre, incluido en este ejemplar.
“Los periodistas palestinos, aun temiendo por su vida, han intentado relatar la situación límite a la que han sometido a su pueblo. Todo eso al tiempo que ejercían de padres o madres, hijos o hijas, hermanos o hermanas. El Ejército ha ido a por sus oficinas y más tarde a por las chozas donde trabajan alegando que ‘albergaban instalaciones de Hamás’. Ha destruido sus equipos para borrar las investigaciones que estaban haciendo y, en más de una ocasión, les ha dejado incomunicados con el resto del mundo. Pese a todo, la prensa en Gaza ha resistido y ha seguido buscando resquicios para romper el bloqueo informativo”, dice.
Periodismo fiel a sus principios
En el mundo hay otras Gazas. Desiertos informativos que no reciben tanta atención, pero igual de brutales. En este número publicamos la entrevista que le hizo Eileen Truax, columnista habitual de 5W, al periodista salvadoreño Carlos Dada, director y cofundador de El Faro, el primer periódico de América Latina nacido en formato digital y uno de los medios independientes de referencia en Centroamérica. Desde sus inicios, el diario se dedicó a explicar en profundidad temas del pasado reciente, como las masacres de El Mozote, y a dar contexto y seguimiento a asuntos aún vigentes, como la violencia provocada por las pandillas y su manejo por parte del Gobierno de Nayib Bukele. Este último asunto pasó factura. Entre 2020 y 2021, al menos 22 periodistas de El Faro fueron espiados con el programa Pegasus al tiempo que Bukele iniciaba un proceso de linchamiento mediático acusándolos de “apología del crimen” y delitos fiscales. La persecución no se ha detenido. En los últimos años, prácticamente toda la redacción de El Faro ha tenido que huir al exilio.
“Todo exilio es una tragedia personal. Aquí enfrentamos una paradoja: en el momento en que el periodista o la periodista está atravesando esta situación tan complicada es cuando el periódico más necesita de su periodista. El acoso, la persecución, drones vigilándote constantemente en las ventanas. Todo esto se evita de una manera muy sencilla: renunciando a esta profesión. Ahora, si decidís quedarte, tenés que hacer periodismo.
Y en este exilio masivo, no hemos dejado de sacar el periódico, no hemos dejado de sacar nuestra revista mensual. La gente sabe que el silencio no es una opción”, dice.
Estos son solo algunos fragmentos de resistencia que llenan las páginas de nuestra nueva revista en papel. Si te ha gustado y quieres leer más, puedes hacerte con un ejemplar aquí o puedes suscribirte aquí para recibirla en casa, además de acceder a todos nuestros contenidos exclusivos para socios y socias.
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