Narva, la frontera líquida del nuevo telón de acero

En el límite oriental de la OTAN, la minoría rusoparlante de Estonia navega entre la lealtad a un Estado que la trata con suspicacia y la posibilidad de una invasión de Rusia

Narva, la frontera líquida del nuevo telón de acero
El Puente de la Amistad, que comunica la localidad estonia de Narva y la rusa de Ivangorod, es uno de los principales pasos que quedan abiertos entre territorio de la UE y Rusia. Andrés Mourenza

El castillo de Hermann y la fortaleza de Iván III se miran, sin tocarse, en un meandro del río sobre el que se alzan como guardianes de dos mundos extraños. A un lado, Narva: Estonia, Unión Europea, OTAN. Del otro, Ivangorod: Rusia. “Aquí —en la margen oeste del río— empieza Europa”, subrayan en Estonia. E implícitamente quieren decir que lo que hay más allá no lo es: de allí proviene la amenaza. “El castillo de Narva se construyó para defenderse de lo que venía de Rusia… incluso cuando todavía no era Rusia”, arguye un alto cargo del Gobierno estonio en la capital, Tallin.

Más de ochenta años después de que Winston Churchill pronunciara su famoso discurso, otro Telón de Acero ha caído sobre el continente europeo como resultado del expansionismo del Kremlin, sus amenazas imperialistas y su invasión de Ucrania. El reverso es el rearme de la Unión Europea a través del incremento del gasto en defensa, de nuevos ejercicios militares, de políticas más restrictivas. Y en pocos lugares se siente ese nuevo Telón de Acero como a lo largo de la frontera que Estonia comparte con Rusia. Se han erigido vallas, cavado trincheras y desplegado fuerzas de reacción rápida de la OTAN; y se ha anunciado la construcción de 600 búnkeres fronterizos.

Los Estados europeos han cancelado las conexiones aéreas con Rusia. Finlandia ha cerrado a cal y canto su frontera oriental. Lituania y Polonia han suspendido la mayoría de los puntos de cruce terrestres; Letonia, la mitad. Estonia ha impuesto severas restricciones. De la treintena de pasos fronterizos que existían entre el territorio europeo y Rusia antes de 2022, solo quedan nueve abiertos. Uno de ellos es el Puente de la Amistad, levantado cuando una orilla y otra, Narva e Ivangorod, formaban parte de dos repúblicas diferentes dentro de un mismo país: la Unión Soviética. 

Ya no se puede cruzar en coche y los viajeros que toman esta ruta lo hacen caminando aprisa, arrastrando sus maletas y tapándose del aguanieve que les azota el rostro, mientras sortean los inmensos dientes de dragón colocados sobre el puente para evitar el paso de tanques en caso de una invasión rusa.

Es una frontera dura.

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