Ensayo

El reportero negligente

Detrás de la máscara del periodismo que alimenta a la bestia está el rostro del reporterismo que quiere saber

El reportero negligente
Ilustración de Cinta Fosch

La primera vez que entendí que el reportero y el periodista podían ser dos personas diferentes; que podía satisfacer a la bestia y recibir aplauso como periodista al mismo tiempo que me sentía incómodo como reportero, fue una mañana de otoño de 2015. 

Estaba en la puerta de un tanatorio blanco, limpio, moderno y de un solo velorio en Ajalpan, una ciudad ruidosa y rodeada de montañas en la frontera entre Puebla y Veracruz, México. De una de las salas de muertos salía el llanto roto de una madre. Volaba en dirección al patio en el que nos agolpábamos los curiosos murmurando —danzando entre una afectación impostada y una curiosidad indisimulada— sobre lo poco que se sabía aún, que se sabría nunca, sobre lo sucedido allí el día anterior. 

Los gritos sin respuesta posible ni continuidad lógica de la protagonista del momento…

Contenido solo para socios/as

Otra forma de ver el mundo es posible. Si te haces ahora socio/a, tendrás acceso ilimitado a la web, y recibirás cada año nuestra revista en papel con más de 250 páginas y un libro de la colección Voces.

Suscríbete ahora
Ir al principio
Esta web, como todas, usa cookies. Si estás de acuerdo, pincha en 'Aceptar'.