“Y el hombre no se halla completo, ni se revela a sí mismo,
ni ve lo invisible, sino en su íntima relación con la naturaleza”. (José Martí)
Toda la hondura del tiempo, en el canto de un mirlo.
El paradigma del ser humano de hoy es el de un hombre alejado del mundo que se piensa dueño y conocedor de él.
Corrompen, destruyen la vida, y a lo que queda lo llaman “realidad”. Y luego proclaman el realismo. “¡Hay que ser realista!”.
(el topógrafo)
“…y él no veía los ángeles yendo y viniendo, sino que se dedicaba a buscar el viejo hoyo de un poste en medio del paraíso”. (H.D.Thoreau)
Para escuchar el canto del pájaro, antes hay que oírlo.
El ser humano vive ajeno a sí mismo, no funda ni abre espacio en su andar. No deviene porque no está; apenas pasa, sin saberlo.
Repetirlo hasta asumirlo plenamente: “El realismo es una corrupción de la realidad”. (Wallace Stevens)
Todo en la naturaleza vive en sí, como tú mismo, nada es objeto de visión. Ella vive en un adentro que el ser humano hace tiempo dejó de percibir. En ese adentro calla y canta el pájaro, habla y calla el árbol.
El árbol es el hermano natural del hombre.
La naturaleza nos mira, nos toca, nos habla, en su vigilia atenta al ser. De noche, en el sueño, escucha nuestro rumor callado.
“Los árboles nos hablan una lengua que entendemos”. (José Martí)
Bajo tus pies desnudos, constelaciones de hierba.
La corteza del árbol siente y señala en sí cada roce, cambio de aire y luz, sonido, canto, agua; también la mirada del ser que comprende.
En lo invisible de la naturaleza, ver es también ser visto.
“Nosotros no tenemos nunca, ni siquiera un solo día, el espacio puro ante nosotros, al que las flores se abren infinitamente”. (R.M. Rilke)
El bosque solo ve —percibe con toda intensidad— lo invisible del ser humano que en él se adentra.
Nuestro espacio, el lugar de cada ser, oculta en lo más hondo de sí la esencia del tiempo.
“El camino más claro hacía el universo pasa por un bosque virgen”. (John Muir)
El asombro que nos produce la contemplación del universo en la noche no debería ser mayor que el que sentimos ante un árbol en el fulgor de su presencia.
Deja que todo te envuelva —porque todo te envuelve.
El árbol está, no espera, en su ahora late el tiempo entero; en su nada, la esperanza.
Al atardecer, la naturaleza percibe las voces amigas.
Matices de la luz en el tronco de un árbol.