El hambre que alimenta nuestro pescado

A través de fábricas chinas, Gambia convierte su pescado en harina para alimentar el salmón que se consume en los países ricos. Estas son las consecuencias para su población.

El hambre que alimenta nuestro pescado
Vista aérea de la fábrica de tratamiento de pescado de capital chino que opera en la localidad costera de Sanyang. Guillem Trius

“Hoy estoy descalzo y os quejáis porque estoy pisando vuestras hortalizas, pero la próxima vez veréis una grúa que va a destruir toda vuestra producción”. Lo que empezó como una gran oferta ya era —casi— una imposición. Un trabajador de Golden Lead, la fábrica de harina de pescado de Gunjur, tomaba medidas en las tierras de unas campesinas que las habían trabajado desde que tenían uso de razón. Situadas al lado de la factoría, de capital chino, ahora estaban amenazadas. Nadie les preguntó nunca a las mujeres qué les parecía tener una procesadora de pescado cerca: solo supieron de su existencia el día que un operario de la empresa pisó su huerto para decirles que pronto ya no sería suyo. La de Gunjur es una de las tres fábricas procesadoras que se encuentran en Gambia. Esta pequeña localidad bañada por el Atlántico tuvo en 2015 la…

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