—Quizá pueda ayudarme a entender algo que me resulta muy desconcertante.
El juez Fouad Abdel-Moneim Riad se dirigió al testigo que declaraba ante el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY). A sus 71 años, el magistrado egipcio tenía una enorme experiencia legal internacional y una mente inquisitiva.
—Tenemos aquí al menos diez fotografías. Me pregunto en qué circunstancias fueron tomadas. Son imágenes de una ejecución, paso a paso. ¿Cómo es posible que alguien que tenga intención de matar a otra persona se lleve a un fotógrafo para que lo documente? —preguntó el magistrado al testigo.
Era el miércoles 22 de septiembre de 1999. El juicio contra el serbiobosnio Goran Jelisić en el TPIY llevaba un año en marcha en La Haya. Jelisić, que en aquel momento tenía 31 años, se había declarado culpable del asesinato de 13 personas en Bosnia y Herzegovina, entre otros cargos. Aquella mañana, el tribunal vio una serie de fotografías que parecían mostrar a Jelisić ejecutando a sangre fría a un hombre en Brčko, en el norte de Bosnia, en 1992. Las imágenes las había tomado un fotógrafo profesional y habían sido publicadas por la agencia internacional de noticias Reuters. Jelisić, con jersey verde de punto estampado y una expresión tímida, escuchaba atentamente lo que se decía en el juicio.
El fiscal británico Geoffrey Nice describió la primera fotografía: en ella el acusado, Jelisić, aparecía vestido con una camisa azul de manga corta. En la mano llevaba una pistola con silenciador. A su izquierda había un hombre con uniforme militar y un fusil automático. Delante de ambos se veía a otros dos hombres —uno con una chaqueta de cuero marrón, el otro con un jersey beis— caminando por un callejón sin salida; al fondo yacían varios cadáveres.
La siguiente foto mostraba a Jelisić apuntando con el arma a la espalda del hombre de la chaqueta marrón. En la siguiente, había subido la pistola a la altura de la cabeza de su víctima, que estaba con los hombros hundidos. La siguiente mostraba al hombre doblado por la cintura, con las manos alzadas hacia la cabeza, como si intentara protegerse.
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