No es EEUU pero se le parece bastante

Europa está construyendo el mismo andamiaje que el ICE ha construido, pero con una ventaja: ya tiene legitimidad legal.

Hace poco más de un mes, el Parlamento Europeo aprobaba el Reglamento de Retorno, una normativa que permitirá a la Unión Europea crear centros de deportación fuera de sus fronteras, detener migrantes durante hasta 30 meses con pulseras electrónicas de seguimiento y autorizar redadas en domicilios privados con el objetivo de ejecutar el 100% de las órdenes de expulsión. Casi simultáneamente, en Cataluña, el Departamento de Interior anunciaba una propuesta piloto: desplegar Mossos d’Esquadra de paisano en institutos catalogados como centros de “alta complejidad”, coordinados con equipos directivos para “prevenir conflictos” antes de que escalen.

Ninguna de estas iniciativas lleva el nombre de “ICE europea” ni cita a Estados Unidos. Ambas vienen envueltas en lenguaje administrativo: eficiencia en deportaciones, prevención en espacios educativos, seguridad ciudadana. Pero cuando se mira la lógica que subyace, la mecánica es idéntica a la que lleva años operando al otro lado del Atlántico: vigilancia sobre las personas racializadas, criminalización de la movilidad y de la juventud, externalización de responsabilidades, normalización de la coerción a través de procedimientos que se presentan como técnicos.

El problema no es la intención. Probablemente nadie en las mesas donde se votó el Reglamento pensaba: “Vamos a copiar el modelo represivo estadounidense”. Probablemente los funcionarios catalanes que diseñaron esta medida creían genuinamente que estaban previniendo problemas. El problema es más profundo: es que Europa está construyendo el mismo andamiaje que el ICE ha construido, pero con una ventaja que Estados Unidos tardó décadas en lograr. Ya tiene legitimidad legal.

En Estados Unidos, la presencia de policía en escuelas con alumnado mayoritariamente negro e hispano generó lo que se conoce como el “school-to-prison”: el alumnado de orígenes étnicos diversos es suspendido, referido a la justicia juvenil y criminalizado en tasas desproporcionadas. Los datos son brutales: mientras el estudiantado negro representaba el 15% del alumnado, constituía el 31% de los arrestos policiales en esos espacios. La mecánica es siempre la misma: donde hay vigilancia intensificada sobre cuerpos que no son blancos, aparecen más “infracciones”; más detenciones, más vidas canalizadas hacia el sistema penal.

Más allá de que los policías sean conscientes de que están ejerciendo racismo institucional, el sistema mismo está diseñado de manera que la intensificación de controles sobre ciertos cuerpos produce exactamente eso: más criminalización de esos cuerpos.

Cataluña no está copiando conscientemente ese modelo. Lo que está haciendo es lo que Europa entera está haciendo: adoptar arquitecturas de vigilancia que ya funcionaron en otros contextos, sin digerir la historia de esos contextos. Cuando estableces que ciertos espacios (escuelas en barrios con alumnado racializado) necesitan “presencia policial preventiva” estás activando exactamente la misma lógica: mayor vigilancia sobre cuerpos específicos, que genera más “problemas” que justifican más control. El hecho de que los Mossos lleven chaqueta de civil en lugar de uniforme no cambia la estructura. Solo la maquilla.

Y aquí es donde la ignorancia funciona de manera peculiar. Cuando una persona [blanca] dice “esto no es Estados Unidos, aquí no pasa lo que allá”, no está siendo necia de mala fe. Está siendo honesta con lo que ve: Estados Unidos tiene redadas brutales, separación de familias, muertes en custodia. Europa tiene procedimientos, regulaciones, legitimidad institucional, y las muertes bajo custodia policial quedan bastante invisibilizadas. Pero esa diferencia de presentación es exactamente lo que permite que suceda lo mismo sin que se nombre como tal. La ingenuidad no es el problema. El problema es que ignorar de dónde se está copiando la maquinaria permite que funcionen sin resistencia.

Cuando digo “Europa se parece a Estados Unidos” no estoy diciendo que sean idénticas. Estoy diciendo que están usando el mismo manual. Y ese manual funciona precisamente porque la mayoría de las personas que lo están ejecutando no saben, o no quieren saber, qué contiene.

Desirée Bela-Lobedde (Barcelona, 1978) es escritora, conferenciante y divulgadora antirracista con perspectiva afrofeminista. Lleva más de una década trabajando con personas y organizaciones en la deconstrucción del racismo estructural. Es autora de Ser mujer negra en España, Minorías y Ponte a punto para el antirracismo, entre otros títulos, y de los libros infantiles Color Carne y El tesoro que nos une (junio 2026). Ha prologado las traducciones al español de obras de Audre Lorde, bell hooks y Tsitsi Dangarembga, entre otras. Forma parte del grupo UNESCO Writers Against Racism y ha impartido formaciones y conferencias en instituciones como el Banco Central Europeo, Princeton y la NYU. Colabora en los programas Vostè Primer, con Marc Giró, en RAC1, y Solidaris, con Mercè Folch, en Catalunya Ràdio.

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