El estruendo llegó primero que la certeza. La primera detonación cerca de la Base Aérea Militar La Carlota, a las 2 de la mañana, fue confusa. ¿Truenos sin tormenta? ¿Un trueno tan largo, tan fuerte? ¿Acaso esto no es un trueno? Luego, con el siguiente estallido, segundos —o quizá minutos— después, con la mente aturdida y las ventanas temblando, apareció el miedo. La confirmación me llegó a través de un grupo de WhatsApp que comparto con periodistas esparcidos por toda la ciudad.
—¿Alguien escuchó algo en Caracas? —preguntó uno de ellos desde el este, a 4 kilómetros de la Base Aérea, que ya estaba en llamas.
—Estamos viendo destellos en el cielo— respondió otra, a más de 27 kilómetros, en la periferia.
—Acaban de pasar unos aviones, explotaron una vaina por el 23 de Enero —dijo alguien desde una de las cunas del chavismo, en el centro de Caracas.
Y el panorama quedó claro: bombardearon, en la madrugada, la capital de Venezuela.
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