El bucle electoral de Israel

Las urnas dan una nueva victoria a Netanyahu pero dejan al país en la antesala del bloqueo político

El bucle electoral de Israel
Tsafrir Abayov / AP

“Sin el pase verde no se puede entrar”. Este era el saludo de los agentes de seguridad en el acceso principal al Palacio de Congreso de Jerusalén. El documento que acreditaba haber recibido las dos dosis de la vacuna de Pfizer contra el coronavirus era la llave para superar el primer filtro de seguridad que permitía acceder al lugar elegido por el Likud, el partido que lidera Benjamín Netanyahu, para vivir este martes la noche electoral. Por primera vez en muchos años, la formación conservadora cambió Tel Aviv por Jerusalén para seguir el recuento de los comicios y confiaba en que la ciudad santa fuera talismán. Netanyahu confiaba también en que a la cuarta fuera la vencida, pero ni la vacunación masiva en Israel —un éxito que el primer ministro ha tratado de hacer suyo a lo largo de la campaña—, ni el pase verde, ni Jerusalén han sido suficientes para lograr en las urnas una coalición estable de 61 escaños que le permita formar gobierno. Con más del 90 por ciento de los votos escrutados, el bloque que le respalda se queda a dos diputados de llegar a esa cifra, que ya es una obsesión para Netanyahu. Si no consigue formar Ejecutivo, Israel deberá acudir de nuevo, por quinta vez, a las urnas.

A través de las tradicionales 5W, repasamos las claves de las cuartas elecciones en Israel en los últimos dos años y el interrogante que se abre sobre el futuro político del país.

Netanyahu saluda a sus seguidores en la sede del Likud en Jerusalén tras conocer los primeros resultados de las elecciones celebradas el 23 de marzo. Maya Alleruzzo / AP

WHAT

Los israelíes votaron el martes por cuarta vez en menos de dos años, en las que han sido las elecciones con la participación más baja desde 2009. El 67,2 por ciento de las más de 6,5 millones de personas convocadas a las urnas votaron mientras el Estado judío sale de la pandemia y se prepara para el Pésaj, la Pascua judía, que arranca el 27 de marzo. Más que elecciones, los votantes viven en un plebiscito permanente sobre la figura de Benjamín Netanyahu. El primer ministro tiene dividido a un país en el que los partidos, más que por ideología, se diferencian entre las fuerzas que están dispuestas a pactar con Netanyahu y las que rechazan esta posibilidad. 

El Likud es el partido más votado y se hace con 30 escaños, pero elección tras elección se encuentra con el problema de las fuertes diferencias personales entre su líder y el resto de cabezas de esos partidos pequeños imprescindibles para llegar a los 61 escaños necesarios para formar Gobierno.  

Un paciente de covid-19 vota en las elecciones parlamentarias de Israel en una unidad de cuidados intensivos para pacientes con coronavirus en el hospital Ichilov de Tel Aviv. Oded Balilty / AP

WHO

Los grandes vencedores de estos comicios son los seis diputados que obtiene Sionismo Religioso, una coalición de formaciones ultranacionalistas radicales encabezada por Bezalel Smotrich y su lugarteniente Itamar Ben Gvir. Esta irrupción en la Cámara, y el hecho de que lo haga como posible socio de gobierno de Netanyahu confirma el rumbo hacia la extrema derecha de un país en el que los colonos cada vez tienen más peso en el día a día. 

Sionismo Religioso, con una organización como Poder Judío en sus filas,  es la heredera de un kahanismo que parecía cosa del pasado, pero que ha revivido con fuerza. El rabino estadounidense Meir Kahane sacudió la política israelí en la década de 1980 con sus llamamientos a expulsar a los “perros” árabes, que le costaron la ilegalización de su partido, Kach, en 1988. Aspiraba a la pureza judía de un Estado regido por la Ley Judía (Halacha): una especie de teocracia en la que todos los ciudadanos no judíos debían ser expulsados. Repudiado en la Knesset, donde le tacharon de “nazi”, murió asesinado en 1990 en Nueva York tras una conferencia por los disparos de un empleado municipal de origen egipcio.

Sionismo Religioso recupera y actualiza unos planteamientos que han sido aceptados en el nuevo mapa político de un país donde el 20 por ciento de la población es árabe. Su mensaje, marcadamente racista y violento, ha trascendido y su ideología se ha incorporado a la línea cada vez más extremista del ultranacionalismo religioso israelí.

Judíos ultraortodoxos durante una protesta en diciembre de 2020 contra la detención de un miembro de su comunidad por negarse a hacer el servicio militar. Ariel Schalit / AP

WHY

Netanyahu trata de proyectar una imagen de padre protector de Israel, de político todopoderoso capaz de frenar a Irán, doblegar a Hamás, ser la mano derecha de expresidentes como Donald Trump y pactar con países árabes como Emiratos Árabes Unidos o Baréin sin tener que reconocer antes a Palestina como Estado. A esto hay que sumar su gestión personalista de la compra y distribución de las vacunas, que han convertido a Israel en líder mundial en inmunización

Esa imagen exterior, sin embargo, contrasta con la fuerte división interna que genera su figura. Una parte de Israel quiere un cambio y considera que sus quince años en el poder ya han sido suficientes. Esta opinión se ha reforzado en los últimos meses debido al juicio abierto al primer ministro por tres casos de corrupción.

El primero de ellos es el conocido como ‘Caso 1.000’, en el que Netanyahu está imputado por fraude y violación de confianza al haber recibido supuestamente regalos como puros, joyas y viajes valorados en unos 180.000 euros de empresarios millonarios de Hollywood a cambio de favores. El segundo es el llamado ‘Caso 2.000’, de nuevo por fraude y violación de confianza, esta vez debido a la supuesta conspiración con el dueño del diario ‘Yedioth Ahronoth’, Arnon Mozes, también acusado en el proceso, a cambio de obtener una cobertura favorable. 

El último y más grave en explotar ha sido el ‘Caso 4.000’, en el que tendrá que afrontar cargos por sobornos, fraude y violación de confianza tras presionar al portal de noticias Walla, propiedad de Shaul Elovitch, para garantizarse una cobertura informativa favorable para él y su mujer. Elovitch es el principal accionista de Bezeq, el gigante de las telecomunicaciones en el país. A cambio, el político habría supuestamente ofrecido favores gubernamentales en forma de medidas que reportaron millones de dólares a su compañía. 

Vista aérea del asentamiento judío de Mitzpe Yeriho en Cisjordania. Enero de 2020. Oded Balilty / AP

WHEN

Tras el final del recuento arrancará el proceso de negociación para intentar formar una coalición que supere los mencionados 61 escaños. El presidente israelí, Reuven Rivlin, encomendará esta labor a Netanyahu porque es el líder de la fuerza más votada y comenzará una ronda de contactos en las que tiene asegurado el apoyo de los partidos ultraortodoxos (Shas y Judaísmo Unido de la Torá) y los colonos radicales de Sionismo Religioso. Deberá acercarse también a su exministro de Educación, Naftali Bennet, que entra en la cámara con los siete diputados de Yamina, alianza de partidos de derecha y extrema derecha. Si todas las respuestas son positivas, Netanyahu sumará 59 asientos, con lo que deberá activar un plan B para intentar localizar dos tránsfugas que le permitan llegar a los 61. 

No es un escenario ideal porque el nuevo Ejecutivo volvería a ser débil y fraccionado, pero es la manera en la que el primer ministro se ha mantenido en el poder desde 2009. Sobre la mesa está también la posibilidad de pactar con los islamistas de la Lista Árabe Conjunta. Su líder,  Mansour Abbas, no ha cerrado las puertas, pero parece algo remoto. 

De la formación de este Gobierno puede depender el futuro político de Netanyahu, ya que los partidos de la coalición le podrían ayudar a aprobar una ley que le garantice la inmunidad. Si no hay gobierno, Israel se verá abocado a unas quintas elecciones. 

Netanyahu ganó por primera vez las elecciones en Israel en 1996, cuando se convirtió en el primer ministro más joven del país. Maureen Keating / CQ Roll Call via AP

WHERE

En Israel, el país que se ha convertido para muchos en ejemplo de vacunación mundial, la vida vuelve a la normalidad para quien tiene el pase verde. Las restricciones se levantan, el cielo se ha reabierto —de momento solo para israelíes o residentes, no para turistas— y vuelve también la normalidad de vivir en un clima de constante incertidumbre política. Nada que ver con la realidad de la pandemia al otro lado del muro, donde los territorios palestinos sufren estos días toda la dureza de la tercera ola y sus hospitales están colapsados. Mientras en Israel ya hay más de cuatro millones de personas inmunizadas con las dos dosis de Pfizer, en Palestina son apenas unos miles. 

A sus 71 años, Netanyahu se aferra con fuerza a su sillón y pondrá toda su experiencia sobre la mesa para sobrevivir. Porque si algo ha demostrado el primer ministro en todos estos años en primera fila de la política israelí, es que es un superviviente nato.

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