Lukashenko, el dictador que quiso parar el tiempo

Empeñado en eliminar la disidencia y en mantener la herencia soviética: así es el líder bielorruso que usa la frontera para chantajear a Europa

Lukashenko, el dictador que quiso parar el tiempo
Sergei Grits/AP

En las calles de Minsk, Grodno, Mogilov o Brest la vida transcurre con la tranquilidad nebulosa que solo la sociedad bielorrusa sabe dar a lo cotidiano. Calles adornadas con flores que lucen los colores de la bandera nacional, simbología soviética en cada esquina, negocios estatales donde los recibos se hacen a mano, un viejo autobús interurbano de formas redondeadas que deja a su paso un intenso olor a gasóleo… A veces hay que afinar la vista para saber en qué año estamos. Un coche moderno de alta gama o un joven hípster nos sacan de la fantasía: no estamos en 1960, sino en 2021, pero hoy, como entonces, las cárceles de este país están repletas de disidentes políticos. Según la organización de derechos humanos Viasna, en Bielorrusia hay ya más de 900 presos políticos y la amenaza del arresto ha empujado a decenas de miles de personas a escapar…

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