La gran distorsión trumpista

El problema no es el presidente de EEUU, sino la deriva moral colectiva que lo rodea de impunidad

Ni las leyes nacionales o internacionales, ni las normas básicas de civismo o la Constitución de su país, ni desde luego la democracia, son límites para Donald Trump. El propio presidente de Estados Unidos ha asegurado al New York Times que no se siente condicionado más que por “su propia moral”. Y como carece de ella, el resultado es evidente: un presidente sin límites, impune y desatado en la persecución de sus ambiciones autoritarias dentro de Estados Unidos e imperialistas en el exterior.

Pero haríamos mal en quedarnos en la inmoralidad, indecencia y crueldad de Trump, atribuyendo a una sola persona los desastres de su presidencia o la tragedia que empieza a vislumbrarse en el horizonte. El líder de MAGA, el mayor movimiento fascista de nuestro tiempo, cabalga sobre el apoyo de casi 80 millones de votantes y la cobertura (in)moral de un ejército global de cheerleaders que ha otorgado estatus de gurú infalible a una persona que reúne todos los defectos de la naturaleza humana.

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David Jiménez

David Jiménez ha sido reportero de guerra, corresponsal y director del periódico El Mundo. Como enviado especial cubrió conflictos en más de 30 países, incluidos Afganistán, Corea del Norte o Birmania. Sus libros han sido traducidos a media docena de idiomas e incluyen el bestseller El director, sus memorias sobre el año que dirigió El Mundo.

También ha publicado Hijos del monzón, premio al Mejor libro de literatura de viajes de España; El botones de Kabul, novela inspirada en su cobertura del conflicto afgano; y El lugar más feliz del mundo. Su último libro es la novela El corresponsal.

Nieman fellow por la Universidad de Harvard, David Jiménez ha trabajado los últimos años como columnista en The New York Times y cronista del diario alemán Die Welt.

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