Agentes enmascarados que arrastran a personas mayores fuera de sus casas; menores separados a la fuerza de sus padres; redadas en medio de agresiones y abusos, detenciones sin un criterio claro. Las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el polémico ICE, están bajo los focos en Estados Unidos. El asesinato de Renee Nicole Good el pasado 7 de enero a manos de un agente de este cuerpo ha desatado una oleada de protestas, con epicentro en Mineápolis, contra las violentas redadas para detener y deportar a personas migrantes.
El ICE se ha convertido en símbolo del miedo en que vive gran parte de la población migrante. Creado como parte de la Ley de Seguridad Nacional tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, los agentes de este cuerpo tienen la potestad de detener a personas sospechosas de estar en Estados Unidos sin documentación legal. Sus violentas operaciones materializan en las calles la cruzada de Donald Trump contra la inmigración y su promesa de llevar a cabo deportaciones masivas.
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