Resistencia desde los territorios

De Gaza a Rojava, el nuevo número de 5W nos acerca a distintas formas de lucha desde territorios amenazados

Resistencia desde los territorios
Ferashîn Kuchar, miliciana de las YPJ, sufrió quemaduras en 2016 a causa de un proyectil de Estado Islámico. Raqqa, 17 de septiembre de 2021. Victòria Rovira Casanovas

En algunos territorios del mundo, el hecho de dar a luz, criar y cuidar hijos es una forma radical de resistencia. 

Lo es, por ejemplo, en Gaza, donde desde octubre de 2023 muchas mujeres han vivido un embarazo sin recibir ninguna atención prenatal, han llegado al hospital tras días de desplazamiento, agotadas física y emocionalmente, y han parido sin los suministros médicos esenciales. Sin tiempo para recuperarse, han tenido que salir del hospital para seguir huyendo de un lugar a otro, escapando de las bombas, con un bebé en brazos. En esas circunstancias, cada parto es una emergencia y cada nacimiento un ejercicio de resistencia en su estado más puro. 

El modo en que la vida se abre paso en una Gaza asolada es el tema central del ensayo En el nombre de Yahya, del reportero y cofundador de 5W Mikel Ayestaran. Es una de las piezas que se pueden leer en Resistencia, nuestro nuevo número en papel: más de 250 páginas que recorren el mundo para acercarnos personas y colectivos que se plantan para defender derechos y luchar por lo que queda de libertad y justicia social. Esta revista-libro está incluida en la suscripción: hazte socio/a aquí y recíbela en casa en pocos días. También puedes comprarla por separado aquí.   

En este volumen aparecen distintas formas de resistencia que os hemos ido desgranando en las últimas semanas: resistencia contra la censura, resistencia contra el odio, resistencia frente al racismo y el desamparo; resistencia para no rendirse. Y no podía faltar una de las formas de resistencia más antiguas: la de quienes luchan desde territorios amenazados. 

En el nombre de Yahya nos habla del embarazo de Ayah, una mujer gazatí que, en medio de los bombardeos y asedio israelí, espera el nacimiento de Yahya. Es además madre de Sara, una pequeña nacida pocos meses antes del 7 de octubre de 2023. 

“Ayah lloró mucho, lo mismo que su esposo, y se sintieron devastados cuando descubrieron que ella volvía a estar embarazada. El primer pensamiento que la abrumó —se vuelve a sentir abrumada cada vez que lo recuerda— fue preguntarse si el bebé podría nacer sano y salvo, sin ningún defecto, teniendo en cuenta las circunstancias en las que viven”, escribe Ayestaran en el ensayo. “Ella, que siempre cuidó tanto de su salud, ahora veía cómo se le caían las uñas de las manos y los pies lentamente y sentía que su sangre estaba débil. En los primeros seis meses de gestación pudo ir una vez al ginecólogo y en esa primera y única revisión le confirmaron el sexo del bebé: un niño. No ha tenido más oportunidades de ver un médico”.    

Después de dos años informando sobre muerte y destrucción, “quería escribir algo sobre la vida”, dice Ayestaran, corresponsal en Oriente Medio, cuando le preguntamos por qué eligió esta historia para el número en papel. “Me pareció que una de las formas más claras de resistencia que tienen los palestinos en una situación de genocidio como la que han vivido en Gaza es dar vida, seguir teniendo hijos, hacer crecer a las familias. Es un ejemplo clarísimo de resistencia en una situación extrema”.

En esta pieza el periodista habla también de los cuidados de Ayah a la pequeña Sara, que a sus dos años no ha conocido más hogar que el de una Gaza golpeada por las bombas de Israel. Su madre se esfuerza para regalarle momentos en los que se sienta como una niña de cualquier otra parte del mundo (el día a día de la pequeña lo cuenta Mikel Ayestaran también en el proyecto de Instagram Diario de Sara, que nos acerca a su vida actual en la Franja).    

La historia de En el nombre de Yahya, como la de Sara, “nos enseña que la vida en sí es una forma de resistir. Y en el caso de los palestinos mucho más, sobre todo teniendo en cuenta que los quieren echar de allí. Para una familia normal, la única forma de resistir es decir: esta es nuestra tierra, nos quedamos y seguimos formando familias”. 

Un apunte, a modo de epílogo del ensayo: en el tiempo transcurrido desde que se escribió En el nombre de Yahya, el pequeño ya ha nacido. “Y lo ha hecho bien, sano, fuerte. Está en casa con su madre, su padre y su hermana Sara”, cuenta Ayestaran. 

Yahya significa “el que vive” o “el que da vida”.

Ilustración del ensayo "En el nombre de Yahya”. Cinta Fosch

Mujeres de Rojava: lucha, autonomía y dolor

Nuestro número en papel también se adentra en otro lugar que ha sido escenario de luchas y conflictos: Rojava, en el noreste de Siria, territorio que fue el sueño de autonomía kurda. En este rincón del mundo, la fotógrafa Victòria Rovira Casanovas explora la relación entre conflicto y mujeres. Allí, las fuerzas sirio-kurdas se enfrentaron al ya extinto régimen de Asad, a Estado Islámico y al hostigamiento de Turquía al otro lado de la frontera. 

Las mujeres desempeñaron un papel fundamental en la transformación social, política y militar de Rojava; se alzaron en armas no solo para defender sus tierra del régimen de Asad y de Estado Islámico, sino también para transformar radicalmente su papel en la sociedad. Así, formaron las Unidades de Protección de las mujeres (YPJ), nacidas en 2013 y que tejieron un proyecto de convivencia, equidad y libertad. 

“Son mujeres realmente muy fuertes, inteligentes, cultas y con unas convicciones muy sólidas. Rompieron esquemas políticos y sociales, se alejaron de los roles tradicionales dentro de sus hogares, del poder familiar. Para mí son un símbolo de resistencia, de cambio y de empoderamiento femenino”, dice Rovira Casanovas.

La fotógrafa documentó el rol de estas mujeres en un trabajo desarrollado entre 2021 y 2025 y que se traduce en imágenes como la de Ronahi Khabat, de 25 años y a la que un dron turco arrancó la pierna y el brazo derechos en la batalla de Hasaka en 2022; o como la fotografía de una miliciana revisando la documentación de un miembro de Estado Islámico tras ser detenido en una operación militar.

Estas imágenes de lucha se conjugan con otras como las de mujeres haciendo pan en un horno cooperativo de Hasaka o confeccionando prendas en una fábrica de diseño y producción local; o de las cicatrices, físicas y emocionales, de aquellas que han sufrido heridas de guerra o han perdido a sus maridos en el conflicto. 

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Mujeres del Consejo Asirio de Guardianes de Khabour entrenan en la base militar de Tel Tamer, en Hasaka (Rojava). 21 de septiembre de 2021. Victòria Rovira Casanovas

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